¿Se volvió viral la clase media?

¿Se volvió viral la clase media?

Cada vez más los colombianos tienen acceso a bienes y servicios que solían estar reserva- dos para unos pocos. Si antes esto no ocurría y ahora sí, ¿eso qué quiere decir?”, se preguntaron dos investigadores javerianos. “Uno, que ha habido movilidad social. Dos, que la clase media ha crecido y que la proporción de los pobres ha disminuido. Esas son las buenas noticias”, afirma la socióloga Consuelo Uribe Mallarino. “La mala”, continúa el economista Jaime Ramírez Mo- reno, “es que el crecimiento de la clase media se puede perder si las condiciones que les ayudaron a ascender no se mantienen”. Y, en el medio, ambos constatan que si no hubiera tanta desigualdad en el país, la clase media hubiera crecido aún más.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), mientras que en 2002 el 50 % de la población era pobre y el 16 % pertenecía a la clase media, en 2017 el porcentaje de los pobres descendió casi a la mitad (27 %), y la clase media subió casi al doble (31 %). Los investigadores javerianos parten de esta cifra, pero quieren llegar más allá. Quieren saber cómo son los que han llegado allí, cuál es la trayectoria de la gente cuyos padres no eran de clase media y que ahora puede acceder a educación universitaria o tener conectividad en sus casas o en sus teléfonos móviles, y cuáles son sus prácticas de consumo y las ideas políticas que van asociadas a ese mayor poder de compra.

“Notábamos que la clase media crecía y queríamos saber de dónde venían los que estaban llegando”, dice Uribe Mallarino, “por eso uno de nuestros artículos se llama ‘De cómo llegamos aquí’”. Desde 2005, Uribe se ha dedicado a estudiar la movilidad social. En sus primeros análisis sobre la estratificación socioeconómica en Bogotá, encontró que aunque son parte de una política pública de tarifación ―que se aplica a los servicios públicos―, los estratos socioeconómicos han contribuido a la segregación socioespacial de Bogotá y, peor aún, “hemos trasladado los estratos a la manera como nos relacionamos entre nosotros, con efectos sobre las representaciones de las diferencias sociales, de manera que se estratifican los colegios, el hablado, hasta los centros comerciales, todo lo cual afecta la mezcla social”, explica.

Cuando se alió con el profesor Ramírez, su mirada se concentró en la evolución de la clase media. “Si tu suerte está demasiado atada a tu hogar de nacimiento, no hay movilidad, no hay oportunidad de ascender; está definido que la suerte de tus padres será la suerte tuya”, explica Uribe. Y así, identifican- do las probabilidades de movilidad, es posible establecer la situación de desigualdad de una sociedad, complementa.

Aunque en Colombia existe la tendencia a confundir clases y estratos sociales, los investigadores se centraron en las primeras, definidas como un grupo de personas con un conjunto de características e interrelaciones a partir de la autoidentificación.

Con base en narrativas logradas en grupos focales y entrevistas, lograron construir las características de quienes se consideran de clase media: han tenido más oportunidades en la vida que sus padres, así como más posibilidades de acceder a la educación ―y a una educación de buena calidad―; han tenido buen entrenamiento para conseguir mejores empleos en posiciones administrativas o de coordinación, lo cual les ha dado una mejor remuneración; y se autodefinen como perseverantes, emprendedores, éticos y consagrados a sus trabajos. Pero también se consideran vulnerables, por el desempleo y la inestabilidad laboral. Y se quejan de que no hay nada para ellos de parte del Estado: ni subsidios ni bonos, solo más impuestos. Cada reforma tributaria parece estar destinada a afectarlos más.

Su llegada a este nivel no ha sido gratuita. Responde a esfuerzos de sus padres, que sacrifican sus vidas por brindarles mejores oportunidades. Para los miembros de la clase media, la educación es una inversión a futuro. “Observamos que en ocasiones, en familias de varios hijos, la movilidad se había dado gracias a que el hermano mayor no estudia, sino que trabaja para pagarles la educación a sus hermanos menores, y ellos son los que hacen la movilidad”, explica la coinvestigadora Liany Katerin Ariza Ruiz. Esto indica otra característica: la solidaridad intrafamiliar que se conjuga con el sacrificio de las personas.

La educación es un componente fundamental para la movilización social: promueve la transición de los hijos de familias pobres hacia la clase media.

Los investigadores señalan que el nivel educativo, la ocupación, los ingresos que esta procura, las políticas públicas de contexto y las características de las familias de origen son los elementos que pueden explicar la conformación de clases en Colombia. Lo que intriga es por qué, si parte de la población pobre ha ascendido a clase media ―lo que significa acceso a créditos, mejores ofertas en educación, colegios bilingües, consumo de ropa de marca, computadores o celulares―, lo hace en medio de una alta concentración del ingreso.

La perspectiva de movilidad social ayuda a explicar esta paradoja, porque permite observar la desigualdad en un periodo más largo que una sola generación, sostienen los investigadores en uno de sus artículos publicados en una revista científica. Ha habido mejoras en la concentración del ingreso, pero estas han sido más lentas y menores que en otros países de América Latina, aunque con impacto en las nuevas generaciones.

En este sentido, el seguimiento de la movilidad social debe insertarse en las políticas públicas que se preocupan por la desigual- dad social. Al respecto, varios analistas de las clases sociales afirman que una clase media fuerte incide en un gobierno más responsable y en un mayor crecimiento económico. “La expansión de la clase media en Colombia es un hecho, al tiempo que el país, al igual que otros en la región, ingresa al grupo de naciones con ingresos medios”, continúan los investigadores. Si bien hay un progreso, son necesarios mayores esfuerzos para disminuir la concentración del ingreso en el país y mejorar las oportunidades a través de la política social. Los investigadores también proponen volver al análisis de clases socia- les para examinar la desigualdad social. “No unas clases en conflicto, en guerra, sino una manera de ver los conglomerados sociales como poseedores de distintos niveles de capital económico, social, cultural y relacional”, explica Uribe. “Las clases se forman en las interrelaciones entre ellas, el destino de unas prefigura la suerte de las otras, en relaciones de poder, y no como en el tema de la estratificación, en donde pareciera que cada una va por su lado”, complementa Ramírez.

“Lo chévere de la investigación”, concluye Uribe, “fue la construcción entre varias disciplinas que hicimos del tema: sociología, economía y antropología trabajaron juntas en una problemática de alta relevancia. Y, en este caso, esta construcción nos ayudó a descubrir que pertenecer a la clase media es una condición frágil, como pequeñas islas en un mar de desigualdades”.


Para leer más
Uribe Mallarino, C. y Ramírez Moreno, J. (2019). Clase media y movilidad social en Colombia. Revista Colom- biana de Sociología. 42(2). 229-255. doi.org/10.15446/ rcs.v42n2.50749

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
La expansión de la clase media colombiana como expresión de movilidad social

INVESTIGADORES PRINCIPALES:
Consuelo Uribe Mallarino y Jaime Ramírez Moreno

COINVESTIGADORA:
Liany Katerin Ariza
Instituto de Salud Pública
Facultad de Ciencias Sociales
Instituto de Salud Pública y Departamento de Sociología Grupo de investigación Política Social y Desarrollo y grupo de investigación Gerencia y Políticas en Salud

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2015-2018

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El Coronavirus también “enferma” al peso colombiano

El Coronavirus también “enferma” al peso colombiano

Recurriendo a los clásColumna-Juan-carlosicos de la economía de los siglos XVIII y XIX, quisiera recordar algunas de las famosas frases económicas que aún nos rigen, entre ellas el reconocido “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar) -escrito por Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII- y aquella mano invisible, que no se refiere a la futbolística de Maradona, sino que representa la autorregulación de los mercados sin intervención alguna –evocada por Adam Smith para señalar la capacidad de ayudar al libre mercado-.

Puede que la mano invisible de Maradona, por allá en el año 1986, tenga mucho de actualidad, en un tiempo en el que aún se necesita del Video Assistant Referee (VAR) en el fútbol para asistir mediante una grabación al árbitro central con el objetivo de determinar si se ha producido alguna infracción o jugada irregular y con el ánimo de no generar injusticias.

Comparativamente, determinar o vaticinar el precio del dólar en estos momentos en que el Coronavirus (COVID-19) entra en nuestras vidas es como jugar a ser el árbitro. Es posible no darse cuenta de situaciones anómalas y por eso es importante retrotraer el video, explicar por qué el peso colombiano frente al dólar perdió valor -devaluó- y enumerar sus causas. Quiero señalar aquí que dejaré de lado “lo técnico”, de corte estadístico y econométrico, para darle paso a “lo fundamental” o de coyuntura; es decir, entender un mundo que funciona como decía Adam Smith, mediante el “libre mercado”, donde “la mano invisible de la economía” influyó en el repunte del precio de la divisa.

Lo difícil en este contexto VUCA (acrónimo usado para describir Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad) es vaticinar cómo se comportará el dólar en el futuro próximo, pues los fundamentales pueden cambiar en cualquier momento.

Al volver al VAR y retrotraer los movimientos del precio del dólar a la fecha en cámara lenta y de cerca, vemos que la pérdida de valor de nuestro peso frente al dólar en lo corrido del año va en 20,29 % mientras que la del año completo (12 meses) suma 26,21 %, de acuerdo con la información del Banco de la República. Gran parte de esta devaluación se debe a varias razones, entre ellas el Coronavirus; el ajuste de tasas del Sistema de la Reserva Federal (conocido como Reserva Federal o informalmente Fed) que es el banco central de los Estados Unidos; la caída de los precios del petróleo -por cuenta de la no colusión entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), liderada por Arabia Saudita y Rusia; e incluso a nivel local -aunque opacado por el virus-; las grabaciones del ‘Ñeñe’ Hernández, lo cual causa inestabilidad, afectando la prima de riesgo de país -entendida como la diferencia en la tasa de interés que a un inversor se le paga al asumir una determinada inversión con una menor fiabilidad económica que otra, o sea como los extranjeros nos ven para invertir en Colombia-.

Sin embargo, contradiciendo las palabras de los fisiócratas, que opinaban que la riqueza de una nación procedía de su capacidad de producción y no de las riquezas acumuladas por el comercio internacional, podríamos observar la posición de los otros jugadores para ver si es solo Colombia quien está en “fuera de lugar”. El VAR permite ver cómo en el resto de economías denominadas emergentes como la nuestra, siguen perdiendo valor (la chilena, argentina y brasileña también están “fuera de lugar”), aun cuando el peso colombiano y mexicano son las monedas más volátiles y golpeadas en esta coyuntura macroeconómica con relación a su cotización frente al dólar.

Por lo tanto, “la mano invisible del mercado” nos sorprendió en “fuera de lugar” a los colombianos y los denominados países emergentes, el dólar se disparó y no fuimos capaces de predecirlo, pues los “fundamentales” arriba mencionados se juntaron rápidamente y la reacción en las bolsas fue muy volátil -cabe recordar que el dólar es un “activo refugio”, en el que en contextos VUCA la gente se refugia-.

Ahora la pregunta del “millón” es: ¿hacia dónde se moverá el dólar? Para responder esta cuestión podemos recurrir al VAR para aprender la lección, sin embargo, ahora debemos pensar a futuro (vaticinar) y reconocer que también es una tarea difícil puesto que actualmente no es evidente que el Banco de la República vaya a actuar con su instrumento de política monetaria, modificando las tasas de intervención, pues una actuación en ese sentido, de subir tasas para revaluar el peso frenaría el ascenso del dólar, pero a costa de ralentizar la economía que de por sí ya está siendo golpeada –y será golpeada más fuerte- por el Coronavirus.

En términos de política fiscal por parte del gobierno, aumentar impuestos no es una opción, le queda la iniciativa de generar gasto público, algo que deberá realizar imperativamente como política para reactivar la economía. Sin embargo, es importante mencionar que no hay muchos recursos debido a la caída de los precios del petróleo. Entonces, la alternativa es la deuda pública que, como se mencionó arriba, con una prima de riesgo en ascenso será cada vez más onerosa esta salida, pero inevitable.

En definitiva, atreverse a decir que el dólar bajará no es una opción en el corto plazo –veremos el ‘VAR’ más adelante-. Mientras los “fundamentales” no cambien de tendencia, el dólar permanecerá en el rango de las últimas semanas, incluso con tendencia alcista, y como sucede en el fútbol, mientras no haya certezas para reanudar los torneos nacionales e internacionales, el dólar no tendrá tendencia a la baja.

Coletilla: En este momento VUCA, les invito a comprar sus víveres en las pequeñas y medianas empresas, pues son ellas las que generan la mayor cantidad de empleo en el país y quienes van a sentir en mayor medida este coletazo económico que vivimos y que se vendrá.

*Juan Carlos Cobo-Gómez (ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0138-7051)

Profesional en Economía de la Universidad de los Andes, con Maestría en Estadística y Econometría de la Universite Paris-Est Creteil Val de Marne (Francia), Master en Dirección Financiera del Centro Universitario Villanueva (España) y Candidato a Doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente es Asistente del Vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana y se ha desempeñado como profesor de fundamentos de macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, profesor de investigación cuantitativa y contextualización de problemas educativos en la maestría en Educación de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

En los últimos diez años, la entrada de ciudadanos extranjeros al país se ha incrementado, siendo la capital el principal destino. Según datos de Migración Colombia, a diciembre de 2019 habían ingresado 1.032.016 venezolanos, de los cuales el 45% son mujeres. Como lo explica la profesora Camila Esguerra Muelle, del Instituto Pensar, de ese porcentaje la gran mayoría de ellas terminarían realizando labores de cuidado precarizado y no reconocido.

Este tipo de trabajos se conocen como empleos inseguros o de poca calidad que exponen a sus trabajadores a situaciones de riesgo constante. Esto sucede en el ejercicio del cuidado, pues como argumenta la investigadora, el empleo doméstico es uno de los que más riesgos laborales implica pues se enfrentan a circunstancias ergonómicas, físicas, psicosociales, de acoso y explotación laboral.

Bajo este contexto social, Esguerra realizó la investigación ‘Migración y cadenas globales de cuidado’, resumida a través del ‘working paper’ Se nos va el cuidado, se nos va la vida: Migración, destierro, desplazamiento y cuidado en Colombia. “Cuando hablamos de cuidado nos referimos a la reproducción material y simbólica de la vida; es la dependencia en las relaciones con los territorios y la naturaleza que lo rodea”, aclara la entrevistada. Ejemplos visibles de estas acciones son las labores domésticas, familiares, agrarias, de la tercera edad y cuidado personal.

En su estudio, la antropóloga analiza la formación de las cadenas globales de cuidado y explica que cuando son escasas, las mujeres en condiciones de pobreza del mismo país o migrantes rurales se encargan de cubrirlas; ellas a su vez, al emigrar, dejan un vacío en el cuidado de sus propios hogares, el cual es cubierto por otras personas.

Aunque el cuidado no es valorado, este hace parte de la economía del mundo, pues según la ENUT (Encuesta Nacional del Uso del Tiempo), el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) en Colombia se produce a partir de los trabajos de cuidado no remunerado. De este, el 16% es realizado por mujeres en situación de pobreza.

Un ejemplo cotidiano de los retos a los que se enfrentan las niñas en condición de vulnerabilidad es que en algunos casos son entregadas desde pequeñas a familias con alta capacidad adquisitiva, con el fin de que cumplan con labores domésticas y a cambio de una promesa de educación. Según explica Esguerra, las personas que hacen estos intercambios no son conscientes de que realizan trata de personas, muchas veces con menores de edad.

Además, si se tiene en cuenta que existen aproximadamente ocho millones de personas desplazadas en el país, la migración no es exclusivamente venezolana. “Más de la mitad de los desplazados por la violencia y el narcotráfico son mujeres que vienen a las grandes ciudades a cuidar y muchas de las que llamamos venezolanas son en realidad colombianas retornadas, que el conflicto armado de este país sacó hace 20 años”, complementa.

El problema principal de estas mujeres es que carecen de cuidado, el cual se evidencia en enfermedades físicas y psicológicas como depresión, ansiedad, insomnio y dolores físicos. A esto se le suma otro escenario: ellas trabajan en promedio un mes más por cada año que los hombres y son peor remuneradas, según la ENUT. “Eso es lo que configura las profundas desigualdades de género en el mundo. Nadie cuida a las cuidadoras porque esto se ha asumido como un asunto privado, que se naturaliza como una labor propia de las mujeres”, argumenta la investigadora.

Esguerra concluye que se debe aceptar el reconocimiento de las labores de cuidado como un asunto de Estado. “No basta con hacer pactos de redistribución del trabajo en la casa. El Estado debe asumir el cuidado como un derecho y un bien social, entendiendo que todos los seres vivos necesitamos de este, de lo contrario seguirá habiendo un mercado informal y precarizado, que pone en riesgo a las migrantes y seguirá soportado en la explotación de mujeres y personas feminizadas”, puntualiza.

La empresa que se edifica en el trabajador

La empresa que se edifica en el trabajador

El Método Grönholm (España, 2003), obra teatral de Jordi Galcerán, revela una realidad empresarial convulsionada en donde se crea un cruel y particular proceso de selección de personal para ejecutivos de una multinacional. Se trata de un juego de poder en el que participan cuatro finalistas para obtener un alto cargo financiero. Estos son ubicados al mismo tiempo en una sala a puerta cerrada, mientras esperan ser entrevistados. Lo curioso es que no aparece ningún entrevistador y son ellos mismos quienes se van “eliminando,” debido a la convivencia que deben soportar, como si se tratara de un reality show.

Ambiciosos y desproporcionados, los candidatos, al tener que tolerar pruebas de evaluación y al sentirse observados por supuestas cámaras o por pensar que entre ellos hay un psicólogo oculto que los analiza, terminan por dejar al descubierto sus verdaderas personalidades; entonces, emergen sus seres reales: aparece el ambicioso, la insegura, el competitivo y el falso emprendedor.

La obra constituye una metáfora de las relaciones de poder del mundo empresarial contemporáneo. Por un lado, un aspirante a empleado se disfraza de un sujeto que no es él mismo para conseguir un empleo: miente, exagera sobre su trayectoria, es amigable con sus compañeros, pero cuando se siente parte de un experimento tiene que dejar a un lado su disfraz; en términos psicológicos, se ve obligado a revelar su verdadero yo.
Por otra parte, la organización resulta ser una empresa desmedida y autoritaria que, amparada en su poder, realiza pruebas mezquinas de límites insospechados, atropellando deliberadamente la integridad de sus posibles trabajadores.

La obra deja varias cuestiones a resolver: ¿cuáles son los límites que un trabajador está dispuesto a cruzar a la hora de ser seleccionado para un trabajo? y ¿cuáles, también, son los límites de la empresa a la hora de escoger a su personal? Preguntas de trasfondo, que del arte se trasladan a la academia para tratar de hallar respuestas.

Intentos de clasificación

Gracias al interés por analizar y comprender el mundo organizacional colombiano que ha estado presente durante más de quince años en la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, un grupo de investigadores decidió estudiar la subjetividad laboral de los trabajadores, mediante el análisis del área de recursos humanos de una empresa de servicios.

Para aproximarse a las prácticas y discursos empresariales, la Vicerrectoría Académica apoyó el proyecto Construcción del sujeto trabajador a partir de los discursos que circulan en las áreas de gestión humana; el equipo de investigación estuvo conformado por un grupo de estudiantes de noveno y décimo semestre y por los profesores Fanny Teresa Mantilla, Ricardo Valencia, Claudia García y Luz Mery Carvajal.

Durante seis meses, los investigadores hicieron un ejercicio etnográfico y para su interpretación se acudió a la propuesta de Análisis del Discurso de Potter y Wetherell (1996), cuyo planteamiento está sujeto a la calidad del análisis de las interpretaciones particulares, que a su vez dependen de la observación del material, de la capacidad del investigador para vislumbrar alternativas y de la calidad del texto presentado. Este planteamiento se centra en los repertorios interpretativos, los cuales no son más que versiones que circulan socialmente y dan cuenta de la forma como los sujetos se construyen y, así mismo, crean su propia versión del mundo.

Luz Mery Carvajal, comunicadora social

con amplia experiencia en el área organizacional, explica que las prácticas organizacionales han estado dirigidas por la pregunta de cómo lograr mayor eficiencia y productividad en los trabajadores, desconociendo preguntas como por qué y para qué trabajamos; es decir, preguntas por el sentido y por la funcionalidad que juegan ciertos conocimientos psicológicos en la construcción del sujeto dentro de las organizaciones. Guiados por este procedimiento, se evidenció cómo las prácticas del área de recursos humanos están sustentadas en un saber psicológico, desarrollando una serie de actividades como la selección, el bienestar y la capacitación, con el fin de incrementar la productividad del trabajador. A través de dichas actividades se buscó alinear los intereses de los trabajadores, sus afectos y deseos de autorrealización y de mayor conocimiento, con los intereses de la empresa para que el personal estuviera mejor capacitado y rindiera más en su trabajo.

La investigación encontró que el trabajador se edifica acorde con los valores que la empresa promueve. Por esa razón, la organización puede alcanzar una cultura fuerte y estable si sus empleados logran incorporar los valores empresariales, lo que se convertiría en garantía del éxito corporativo.

Con esa premisa teórica, los investigadores estudiaron los procesos de capacitación, selección, evaluación de desempeño, promoción y remuneración, que estaban a cargo del área de recursos humanos, todo, para examinar el papel de la psicología dentro de la organización.

Deducciones de las dinámicas laborales

Como resultado del estudio, las investigadoras categorizaron las entrevistas en distintas matrices de sentido e identificaron tres repertorios interpretativos significantes que ayudaban a entender la dinámica de las relaciones laborales dentro de la organización: la empresa te cambia tu forma de ser, el trabajo como medio de progreso y autorrealización y el sujeto como trabajador flexible.

Desde estas tres aristas se pudo concluir que por medio de los saberes de la psicología organizacional y desde la gerencia de recursos humanos de cualquier empresa se construyen trabajadores autónomos, responsables, flexibles, comprometidos y competentes. Ese moldeamiento se efectiviza con los valores empresariales que la organización proponga desde su filosofía; así pues, si el trabajador incorpora la visión y la misión de su empresa es altamente probable que su comportamiento no desentone con la estrategia organizacional. En palabras de Carvajal: “los trabajadores tienen unas condiciones particulares, pues toda la responsabilidad está centrada en un ´individuo´ que tiene que estar flexibilizado casi 24 horas al día, dedicado a la empresa, pero, además, debe ser alegre, divertido, sin problemas y responsable de su seguridad social”.
La investigación también concluyó que para asegurar el sentido de pertenencia del trabajador hacia su empresa, la organización debe garantizar el compromiso y la competencia por medio de prácticas destinadas a la selección, capacitación y evaluación de los trabajadores y así asegurarse de que sus empleados le son benéficos.

Entonces, por medio de las prácticas de recursos humanos el trabajador moldea su comportamiento mediante la disciplina, pero también mediante la seducción; pues el vínculo afectivo hacia su labor y hacia su empresa garantiza sus competencias con las de la organización, lo que permite entender aquello que decía Mark Twain: “Si respetas la importancia de tu trabajo, éste, probablemente, te devolverá el favor”.

La investigación arrojó nuevas preguntas: ¿Era posible conocer alternativas de resistencia desde la psicología organizacional, teniendo en cuenta su papel político? ¿Cuáles serían los efectos que los discursos y las prácticas tendrían en la producción de trabajadores que se asemejaban a la manera de operar de sus organizaciones?

Como respuestas a esas cuestiones concluyeron que es preciso reconocer la psicología organizacional como política, pues si bien ha sido un dispositivo que ha contribuido a la producción de la realidad vigente –en la que los trabajadores son concebidos como recursos necesarios para la reproducción del capital– también es cierto que se necesita una psicología reflexiva que ayude a desnaturalizar realidades, que diversas ciencias han contribuido a producir.

Teniendo en cuenta este panorama, se hace necesaria una reflexión que genere prácticas discursivas que, a la vez, posibiliten nuevos campos de sentido. De esta manera, si las empresas optan por adelantar procesos de selección de personal, como los de El método Grönholm, por lo menos la psicología organizacional contribuiría a un mejor manejo de la lucha que se libra al momento de optar por un trabajo, dado que hay realidades incambiables como esta: la de los países capitalistas, envueltos en mundos globalizados.


Para leer más…
Carvajal Marín, L. M., Ulloa Ulloa, I., Morales Silva, M. (2007). “La utilización de pruebas psicométricas: ¿un absurdo en una EST?” Universitas Psychologica, 6 (1), 79-87. Disponible en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/revPsycho/article/view/96/26.  Recuperado en 14/02/2011.
+García Álvarez, C., Carvajal Marín, L. M. (2007). “Tecnologías empresariales del yo: la construcción de sujetos laborales en el contexto del trabajo inmaterial”. Universitas Psychologica, 6 (1), 49-58. Disponible en:://revistas.javeriana.edu.co/index.php/revPsycho/article/view/93/20. Recuperado en 14/02/2011.
 

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