Tapabocas: ¿cómo protegen a médicos y enfermeras?

Tapabocas: ¿cómo protegen a médicos y enfermeras?

Con la pandemia originada por la COVID-19 se generó el afán por conseguir los elementos de protección más eficaces para prevenir el contagio, especialmente las mascarillas. Mucho se habló del respirador N95, las ‘full face’ (que cubren toda la cara) y otros que los consumidores empezaron a adquirir sin tener conocimiento acerca del uso adecuado y la funcionalidad, por lo que incluso empezaron a escasear. Esto causó desabastecimiento de implementos para el personal de la salud.

“Hasta los médicos creíamos que sabíamos cuál era la protección que teníamos que usar y con el paso de los días nos dimos cuenta de que no era así, no entendíamos la diferencia entre unos respiradores y otros, los materiales, la talla y demás”, dice el doctor Juan Manuel Martínez, profesor del Departamento de Cirugía de la Pontificia Universidad Javeriana y bombero voluntario de Bogotá, quien tras su experiencia como colaborador en emergencias y basado en el estudio de avances científicos comparte sus conocimientos acerca del uso adecuado del tapabocas, pues tal como menciona, saber esto salva vidas.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Colombia, entre el primero de marzo y el 20 de agosto de 2020, se anunciaron 7.692 casos confirmados de COVID-19 en personal de salud, incluyendo 52 fallecidos, y del total de casos confirmados, el 67% (5.142 casos) desarrollaron la infección después de la exposición asociada a la prestación de sus servicios. El incremento de los contagios dentro del cuerpo médico fue notable, asegura Martínez, quien agrega que también pudo influir el mal uso de los Elementos de Protección Personal (EPP), pero se está a tiempo para no cometer los mismos errores.

Lo que hay que saber de los tapabocas y respiradores

Hay un sinnúmero de equipos que con la pandemia han ido en aumento. Algunos son reutilizables, por lo tanto, hay que saberlos descontaminar, desinfectar y almacenar; otros son reciclables, y unos más que son para desechar o eliminar por su alto grado de contaminación. Además, no todos los cubrebocas son funcionales para todos los escenarios y personas.

 

¿Qué hay que saber para escoger el EPP adecuado?

La selección del tapabocas debe partir de los beneficios que trae su uso y del tipo de escenario en el que se va a estar, indica Martínez, pues es diferente estar en entornos de baja exposición a un ambiente hospitalario donde la carga viral puede ser alta, por lo que no es una opción, por ejemplo, usar un tapabocas de tela o convencional.

En esta galería puede conocer más acerca de los tapabocas y respiradores:

 

Recomendaciones finales

La bioseguridad es una cultura que cualquier persona expuesta a peligros como la COVID-19 debe tener. Martínez señala que esta empieza desde el lavado de manos, la distancia adecuada y todas las demás medidas de contención que se han aprendido durante todo este tiempo. A esto debe sumarse una actualización y apropiación constante de la información. Además, reconoce que la divulgación de estos conocimientos es una oportunidad para tomar mejores decisiones.

“El uso de equipos que nosotros no conocemos, que no sabemos usar, que no sabemos cómo armar o desarmar, ponernos o quitarnos, nos da una falsa sensación de seguridad, entonces yo creo que me estoy cuidando y que estoy cuidando a los demás y lo que estoy haciendo es exponiéndolos más. De aquí la importancia de estar bien informados”, es su reflexión final.

Oxigene sus conocimientos sobre la Covid-19

Oxigene sus conocimientos sobre la Covid-19

Mantener estable la oxigenación en la sangre de los pacientes con la Covid-19 es uno de los retos a los que se enfrenta el personal médico a diario, todo para evitar llegar a la intubación y dar manejo en la Unidad de Cuidado Intensivo (UCI). Juan David Botero, Médico Internista y Fellow de Neumología del Hospital Universitario San Ignacio, explica algunas generalidades del manejo de pacientes altamente comprometidos por el virus.

Cuando César*, de 54 años, fue diagnosticado con la Covid-19, no presentaba síntomas. Seis días después de saber que el virus estaba en su cuerpo, en medio del aislamiento, empezó a experimentar dificultad para respirar. Cuenta que sentía ahogo y una fatiga extenuante, acompañada de una leve presión en el pecho. Según la organización Mayo Clinic, aunque la mayoría de las personas que contraen el SARS-CoV-2 tiene señales entre leves y moderadas, la enfermedad puede llevar a complicaciones graves, una de estas incluye problemas para respirar.

Este signo de alarma obligó a César a dirigirse a un centro hospitalario. En cuestión de horas fue trasladado a la UCI, porque su saturación de oxígeno en la sangre estaba por debajo de 90 (hipoxemia), cuando en valores normales se espera que esté entre 95 y 100%, y tras evaluar la complejidad de su caso tuvo que ser intubado. Sin embargo, según el pronóstico de cada persona, hay alternativas que pueden evitar llegar a estas instancias, dice el médico Botero.

¿Por qué la falta de oxígeno?

Comúnmente enfermedades como el asma, la Enfermedad Obstructiva Crónica (EPOC) o la falla cardiaca pueden ser las causantes de la saturación de oxígeno deficiente, la cual suele ir acompañada de una sensación de falta de aire por parte de quien la sufre, incluso debe llevar al paciente a consultar inmediatamente a un especialista. Ante estos síntomas la persona recibe oxígeno y siente una mejoría considerable.

Sin embargo, la particularidad en algunos pacientes con Covid-19, comenta Botero, es que pueden presentar este signo sin haber tenido molestias respiratorias previas, es decir, sin estar acompañadas de la sensación de ahogo; a esto lo han denominado “happy hipoxemia”: aunque a la persona le falta el oxígeno y su cuerpo se está viendo afectado por esto (su corazón tiene que trabajar más, las células sufren por su carencia), no lo siente. Esa es una de las razones por las cuales los pacientes consultan tarde y ya está avanzada la infección.

Por lo tanto, como ya lo han sugerido algunas publicaciones, estas personas deben recibir oxígeno de formas no tan invasivas antes de ser intubados, y monitorear su saturación intentando estabilizarla. “De esta manera se evita, en la medida de lo posible, la atención de manejo crítico con ventilación mecánica (intubación)”, complementa.

Medir la saturación de oxígeno y ajustar la administración del mismo puede significar menos muertes. Esto lo demostró un estudio en una provincia de China, en donde después de hacer seguimiento a la oxigenación y su respuesta a la administración de oxígeno suplementario en concentraciones crecientes, clasificaban si el paciente era de alto o bajo riesgo y definían el tipo de atención que necesitaba (uso de líquidos, movimientos de la persona para mejorar la respiración a través de técnicas como la pronación, cánulas de alto flujo, ventilación no invasiva o, como última opción, la intubación). De esta forma demostraron tener una mortalidad inferior comparada con el resto de las provincias en la región, comenta este especialista, después de haber hecho un análisis permanente de los avances científicos hasta ahora reportados en la literatura.

Acostar a los pacientes boca abajo puede salvar vidas

Ante la falta de oxígeno, una forma de aumentar su generación es haciendo uso de la antigua técnica no invasiva de mover el diafragma, colocando al paciente boca abajo y con la cabeza de lado para mejorar la respiración. A esto médicamente se le denomina pronación Al respecto, el internista explica que el pulmón tiene unas áreas que son más ventiladas que otras y el cambio de posición permite que éstas varíen y mejore la oxigenación reduciendo el trabajo respiratorio y mejorando el acople del corazón.

No obstante, esta alternativa solo debe ser realizada por expertos.

La evidencia científica reciente indica que los pacientes pronados de manera correcta tienen mejoría en su oxigenación y el 50% de ellos logra que su alivio se mantenga, evitando la intubación. Botero aclara que esto no es para todos los pacientes y hay unas contraindicaciones médicas que deben ser revisadas con lupa antes de hacer uso de esta técnica, pues usarla en algunos pacientes puede incluso aumentar su riesgo de morir.

 

Dexametasona, el medicamento que disminuye la mortalidad en la Covid-19

Mucho se ha hablado de la “tormenta de citoquinas”, una de las causas de muerte en pacientes con el SARS-CoV-2. Las citoquinas son unas proteínas que se encargan de luchar contra el virus y contra cualquier infección. Gracias a su liberación, el virus puede ser bloqueado y eliminado, dando oportunidad al organismo para que venza la Covid-19 sin mayor complicación. Sin embargo, en casos particulares la intensa liberación de éstas puede actuar como enemiga.

Esta es la llamada “tormenta de citoquinas”: cuando se hace presente, en lugar de proteger, ataca al propio cuerpo y provoca inflamación en órganos como el hígado, riñones y, específicamente en el pulmón puede generar acumulación de líquido que dificulta la capacidad respiratoria. Es por esto que muchas personas han recurrido a medicarse con la hoy famosa dexametasona, una medicina (esteroideo) comúnmente usada para desinflamar y reducir la respuesta inmunitaria que puede causar daño hacía sí mismo.

Científicos de la Universidad de Oxford confirmaron los beneficios del medicamento en el manejo de casos de alta gravedad de la Covid-19. Después del ensayo realizado en 2.000 pacientes que recibieron dexametasona, frente a 4.000 que no la recibieron, se encontró que en las personas con necesidad de oxígeno suplementario o ventilación mecánica del primer grupo se redujo su riesgo de muerte entre 28% y 40%, comparado con aquellos que estaban en el grupo de tratamiento habitual.

Después de esto, las ventas del esteroide, que oscila en Colombia entre los 3.000 y 25.000 pesos y tiene venta restringida bajo fórmula médica, se incrementaron de manera exponencial. El llamado del doctor Botero es a hacer un uso adecuado del fármaco, pues no tiene el mismo efecto en todos los pacientes.

Como lo comunica la Organización Mundial de la Salud (OMS), este no se debe tomar para prevenir la Covid-19 ni tratar síntomas ligeros, pues “el fármaco resulta beneficioso para pacientes graves y críticos, no para enfermos con síntomas leves”. A esto el doctor Botero agrega que los pacientes que sufren Covid-19 se benefician de la dexametasona solo si están requiriendo oxígeno.

“La clave de la medicina es la prevención. Nuestro deber es promover el aislamiento y uso de elementos de protección hasta que contemos con vacunas efectivas y la clave del éxito en los pacientes con Covid-19 es optimizar y dar tratamiento oportuno a la hipoxemia”, finaliza el internista.

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Isla Fuerte está ubicada en el Golfo de Morrosquillo, en el Caribe colombiano. Gracias a su diversidad marina, allí decenas de habitantes viven de la pesca artesanal y del consumo de especies como los tiburones. Ese escenario fue analizado por Yurani Rojas, ecóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, quien desarrolló una investigación sobre los elementos esenciales y no esenciales en tiburones sedoso y toyo.

El tiburón, como cualquier ser vivo, requiere ciertos elementos químicos para funcionar correctamente. Algunos de esos compuestos como el hierro, manganeso, vanadio y zinc son esenciales y benéficos en pequeñas cantidades mientras que en altas concentraciones pueden causar problemas para el animal.

No obstante, hay otro tipo de sustancias que no son necesarias para el cuerpo y que aún en bajas cantidades pueden causar daños para la salud como el cadmio, mercurio y plomo. Este tipo de metales pesados fueron los analizados en la investigación.

Mercurio

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mercurio es un elemento que está presente en el aire, el agua y los suelos. Existe en varias formas: elemental o metálico, que se encuentra en el suelo; inorgánica, que es utilizada en procesos industriales, y la orgánica, resultante de la liberación en el ambiente, en el que ciertas bacterias lo transforman en metilmercurio. Esta última es la que se encuentra en la fauna marina y es la más común en humanos.

Un primer hallazgo de esta investigación enciende las alertas: “En todas las muestras colectadas había metilmercurio y están sobrepasando el límite permitido para consumo humano”, afirma Rojas pues la OMS recomienda no consumir más de 1,5 microgramos por gramo. Otras entidades como el Ministerio de Salud de Colombia, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (USEPA) y la Comisión Regulatoria de la Unión Europea mantienen su máximo recomendado en un microgramo por cada gramo.

Estos altos índices de concentración sugieren procesos de bioacumulación. “Los tiburones, al ser depredadores tope, estarían consumiendo elementos tóxicos que han obtenido sus presas a lo largo de toda la cadena alimenticia”, dice la investigadora. Es decir, esta problemática no estaría afectando solo a los tiburones sino a otros seres vivos como crustáceos, moluscos y peces, que probablemente están acumulando estos metales.

Otro hallazgo tiene que ver con el órgano más contaminado de los individuos analizados. Al comparar las cantidades de mercurio en músculo y en hígado, se encontró que el primero presenta las mayores cantidades. “El hígado acumula más rápido estos tóxicos, pero tiene un nivel de depuración más alto que el músculo en juveniles”, explica la experta.

Otros elementos

El estudio también encontró altas concentraciones de cobre y zinc, que en tiburones adultos funcionan como protector del hígado contra el cadmio, otro metal pesado. “En el hígado se generan metalotioneínas que capturan los elementos tóxicos y evitan que sigan siendo tóxicos. Cuando se encuentran en altas concentraciones se pueden relacionar a altas cantidades de cadmio y otros metales”, revela la investigadora. Incluso el arsénico es potencialmente cancerígeno y se encontró en todas las muestras.

Hasta el momento no existen estudios precisos sobre las fuentes de estos elementos, pero podrían ser dos: una natural, por la geología de la zona, en la que podría haber presencia de algunos de estos metales que se liberan en el ambiente. La segunda sería por las actividades humanas, que pueden ser agrícolas asociadas a la aplicación de plaguicidas, industriales ligadas al uso de hidrocarburos de alta densidad y la gran mayoría podría ser por minería ilegal, según Rojas.

 

Los impactos de estos elementos para los tiburones son varios. “A largo plazo estos metales pueden generar problemas en los sistemas reproductivo, nervioso y locomotor. Todo depende de las concentraciones que se encuentren en el ambiente y de qué tan frecuente sea la exposición”, afirma Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas y profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana. “Las altas concentraciones de mercurio podrían estar reduciendo significativamente la fertilidad, afectando directamente las poblaciones de tiburones”, agrega Rojas.

Ambas investigadoras manifiestan su preocupación pues los impactos no son sólo para cada individuo, sino para toda la población de la zona. Cerca del 70% de tiburones que se pescan en Isla Fuerte son juveniles, dato que no es menor, pues estos no han alcanzado la edad de reproducción. Se cazan y queda poca descendencia para mantener las especies, algunas de las cuales ya están en peligro de extinción.

Riesgo para la salud humana

En Isla Fuerte es muy común alimentarse de tiburón. Allí comen la carne (músculo), a diferencia de otros lugares del mundo, donde hay preferencia por la aleta. Las preparaciones más comunes con la carne de este escualo son la empanada, el revoltillo (carne desmenuzada y guisada), en bistec y con huevos revueltos. Estos platos no solo los consumen los habitantes, sino que también son muy apetecidos por los turistas. A partir del hígado se hace aceite como tratamiento para problemas respiratorios.

Para este estudio se hicieron 95 encuestas que indican que los habitantes de la isla consumen en promedio 64 gramos de carne de tiburón, 59 días al año. La ingesta semanal estimada por persona es superior a los valores recomendados por organismos colombianos e internacionales, situación que pone en riesgo a los isleños.

“Elementos como el mercurio están por encima de los límites máximos recomendados por la OMS. Esto ya genera una alerta porque, en teoría, no se deberían consumir. Los niños y las mujeres embarazadas deberían evitarlos porque pueden generar riesgos para la salud humana”, afirma Luna. Esto puede afectar el desarrollo del cerebro y en general, el crecimiento. Las futuras madres, al consumirlo, pueden estar afectando a los bebés en gestación. “El arsénico inorgánico y el mercurio orgánico representan toxicidad para el sistema nervioso, inmunitario, el aparato digestivo, la piel, los riñones, los pulmones, la vista y el desarrollo intrauterino. Además, presenta la posibilidad de generar cáncer”, agrega Yurani Rojas. Esta investigación revela que existe riesgo potencial cancerígeno y no cancerígeno para los consumidores. Por todos estos riesgos, se recomienda no comer tiburón.

Las poblaciones de tiburones de la región se enfrentan a dos problemas de gran magnitud. Por un lado, la contaminación por metales pesados y por otro la sobrepesca. Para Andrea Luna, la solución al primer fenómeno pasa por reducir el uso de estos metales en las actividades humanas e instalar plantas de tratamiento de agua que necesitan mejorar en presencia y capacidad. “Lo más fácil es disminuir las fuentes de contaminación porque quitar estos contaminantes una vez están presentes en el mar es muy difícil y costoso”, dice.

El segundo pasa por la educación ambiental y estrategias locales que permitan el sustento de las familias pescadoras, pero también por la conservación de las especies marinas. “Cuando se trabaja con pescadores artesanales, ellos afirman ser muy conscientes de esta problemática y les interesa que el recurso siga presente. Ellos están muy abiertos a la idea de reducir los impactos en los recursos porque dependen de ellos en el día a día”, detalla.

En 2018 se registraron cinco muertes humanas por ataque de tiburón, mientras que más de 100 millones de escualos mueren anualmente por causa del hombre. Es importante que las personas se informen cuando se alimentan de ciertos productos, evitar consumir los que no son indispensables para una dieta saludable y que por el contrario podrían ser nocivos para la salud.

¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

Los 25 proyectos seleccionados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación entre 531 propuestas recibidas de siete departamentos del país están en marcha y tienen poco tiempo para arrojar resultados.  Buscan enfrentar la pandemia de la COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas de gran impacto en la salud pública, por medio de posibles soluciones para la prevención, el diagnóstico, el monitoreo y el tratamiento de los pacientes afectados.

Los científicos colombianos han ido ejecutando esos 26 mil millones de pesos de financiación en proyectos que ya tenían un buen grado de avance en cuanto a metodologías o prototipos desarrollados para otros fines pero que eventualmente podían ser adaptados a los requerimientos de investigación demandada por la situación que generó el SARS-CoV2.

El SENA se unió más tarde con seis mil millones de pesos adicionales para beneficiar a siete proyectos más. Así, en total son 32 propuestas que en la convocatoria Mincienciaton avanzan rápidamente para lograr su objetivo y hace unos días presentaron virtualmente sus adelantos.

Como informó Pesquisa Javeriana en la edición 51, cinco proyectos que propuso la Pontificia Universidad Javeriana fueron aceptados, cuatro de la sede Bogotá y uno de la seccional Cali.

Los 32 proyectos presentados demuestran que la ciencia es motor de desarrollo, dijo la científica javeriana Susana Fiorentino; demuestran que en el país hay “capacidad para generar conocimiento propio con impacto directo en nuestra sociedad, que permita la independencia tecnológica del país”.

También el Ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, quien como muchos de sus colegas del gobierno escuchó las presentaciones de los científicos, resaltó “los avances importantes en construcción de ciencia” que demostraron los ponentes y su capacidad para “construir desde lo construido porque no son estrategias que aparecen de la noche a la mañana, sino que recogen las líneas y trabajos de investigación a través del tiempo”.  Confesó que se sorprendió positivamente por la capacidad de innovación y desarrollo tecnológico.

Entre otras propuestas, Pesquisa Javeriana tuvo la posibilidad de presenciar las siguientes:

 

Prevención

Ante la ausencia de vacuna para prevenir el contagio por COVID-19, los científicos consideran esencial y básico el uso de cubrebocas, el frecuente lavado de manos y el distanciamiento físico, para lo cual proponen, entre otros productos, sofisticados tapabocas y máscaras, principalmente pensando en el personal de salud.

La EAFIT bajo el lema de “Inspira, crea y transforma” desarrolla un tapabocas fabricado con nanofibras que, a través de las diferentes capas que lo componen, tiene la capacidad de filtrar más del 98% de las partículas del virus, las cuales van quedando atrapadas en esos mantos antes de llegar a la cara de quien lo porta.

La Fundación Clínica Shaio se ingenió una máscara que protege ojos, nariz y boca, e incluye unas gafas que no se empañan y un filtro respiratorio que regula tanto la inhalación como la exhalación de la persona.

En el mismo sentido trabaja la Universidad Industrial de Santander UIS) junto a la Fundación Cardiovascular, que entregarán un prototipo de protección personal respiratorio y visual reutilizable, adaptable, hermético, confortable y seguro, desarrollado con material filtrante nanométrico de alta eficiencia.

Si con alcohol o hipoclorito de sodio se limpian las superficies más expuestas al contacto, la Universidad de Antioquia trabaja en productos derivados de la biodiversidad con propiedades antifúngicas y antimicrobianas para diseñar desinfectantes que se asperjan en superficies y ambientes en general y eliminan el virus.

 

Diagnóstico

Con la experiencia de haber desarrollado sensores para detectar el virus del zika y diferenciarlo del que produce dengue, otro grupo de la Universidad de Antioquia se enfoca ahora en adaptar uno de sus biosensores para detectar el SARS-CoV-2. “Creemos que en nueve meses podremos tener un prototipo”, dijo a Pesquisa Javeriana el líder del grupo, Jahir Orozco Holguín, químico, con postdoctorado en técnicas moleculares para detección de patógenos.

Se trata de un nanobiosensor ultrasensible y específico capaz de detectar el material genético y partículas del virus, así como la proteina S que está en su parte externa. El producto que resultará será un dispositivo de bajo costo y fácil implementación que podrá transportarse hasta los sitios más remotos del país.

También trabaja en un bionanosensor el profesor javeriano Andrés Jaramillo, al que ha denominado Sensum SARS- CoV-2. Se trata de una plaqueta en donde se coloca la muestra, se inserta en un receptor portatil y en menos de cinco minutos entrega el resultado. Disminuye el tiempo de diagnóstico, es portable, de bajo costo, selectivo y directo del virus que produce COVID-19 y supersensible para ciudadanos pre y asintomáticos de riesgo, así como sintomáticos. Puede usarse eficientemente en el supermercado o a la entrada de un espectáculo, por mencionar un ejemplo.

 

Monitoreo

De nada sirve diagnosticar la enfermedad si no se practica un monitoreo constante al paciente y a la población vulnerable.

Desde la Universidad de Manizales trabajan en sistemas de apoyo para alertas tempranas de posibles contagios basados en la información que ofrecen las redes sociales y otras técnicas de análisis de datos. Desarrollan algoritmos para modelar la red social de personas contagiadas y determinar lugares con alta probabilidad de contagio.

Mientras, en la Universidad de Antioquia desarrollan una plataforma avanzada de modelación epidemiológica de libre acceso que monitorea el comportamiento de la dinámica, el potencial de dispersión y las tendencias de la enfermedad. En el futuro servirá para cualquier virus.

En la Javeriana desarrollan un sistema de monitoreo remoto de pacientes basado en Internet de las Cosas, que ofrezca seguimiento e información oportuna a los médicos tratantes a través de aplicativos en los celulares, y les permita identificar cómo  evoluciona la pandemia, sacar patrones, entender fluctuaciones de la enfermedad y tomar acciones.

 

Tratamiento

Como el aislamiento de los pacientes con COVID-19 debe ser total, y muchas veces necesitan transladarlos de un lugar a otro, la Universidad Nacional con sede en Medellín está desarrollando una camilla que consiste en una cápsula despresurizada con cubierta plástica en PVC, puertos de entrada y salida de aire y filtros que detienen la entrada de virus como el del SARS-Cov2 de un tamaño entre 100 y 300 nanómetros.

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Pero como se necesita espacio adecuado para la atención de un número de pacientes que crece exponencialmente, la Universidad de La Salle desarrolla una especie de ciudadela de iglús llamada Unidad de aislamiento epidemiológico portátil, que consiste en nueve domos articulados mediante túnel de circulación, con posibilidad de conexión a los diferentes aparatos médicos necesarios y exclusas para la entrada y salida de pacientes y personal médico, y motoventiladores de inyección de aire. Está construido en PVC y mantiene la temperatura interna igual a la exterior. Puede ubicarse en estadios y otras grandes superficies.

Para combatir la escasez de ventiladores mecánicos, varias universidades de Caldas diseñan un ventilador para terapia intensiva con el fin de sostener artificialmente la respiración del paciente y en la Universidad de Antioquia tienen el proyecto Respira, basado en nanotecnología que produce un respirador mecánico de bajo costo con un sistema de sanitización de aire, apoyado en nanotecnología, que permita que los centros de atención médica no se conviertan en focos de propagación del virus.

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También desde la Universidad del Norte diseñan dispositivos de ventilación mecánica asistida que han llamado Hopebreath, los cuales permiten obtener datos en tiempo real y cuentan con una interfase de comunicación y sistema de alarma.

Y finalmente las propuestas de medicamentos. Un estudio liderado por la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en asocio con la Javeriana, evalúa la efectividad y seguridad de los medicamentos y reporta el caso de la hidroxicloroquina, cuyo uso ha sido muy controversial en la comunidad científica. El estudio llama la atención sobre la importancia de estar bien informado y analiza la efectividad de medicamentos como Lopinavir, que se utilizan para controlar la inflamación que desencadena el virus en el pulmón, corazón y en general en todos los tejidos. Busca con ello reducir la mortalidad, la necesidad de cuidados intensivos y acortar el tiempo de la enfermedad.

Otro estudio javeriano estudia moléculas que ya han comprobado su eficacia para disminuir inflamaciones en casos de cáncer y tienen posibilidades de actuar positivamente frente a los efectos del virus SARS-Cov2. Es un fitomedicamento a partir del dividivi, árbol de origen americano, sobre el cual los investigadores llevan 15 años trabajando y como uno de los resultados ofrecen el extracto P2Et, que modula la respuesta inflamatoria, es antioxidante y desempeña un papel importante en la modulación de respuesta inmune.

Así, diferentes propuestas colombianas han comprobado que es posible la unión Empresa-Academia-Estado a nivel de todo el país para enfrentar situaciones donde la ciencia es motor de desarrollo. El esfuerzo no termina aquí:

“El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación trabaja en las estrategias para la postpandemia”, dijo la ministra Mábel Torres, porque son muchos retos mas: “reestructuración del tejido social, reestablecimiento de la salud mental, reactivación económica y desarrollo de tecnologías e innovaciones para lograr la soberanía científica”.

Un llamado para apoyar a nuestros viejos

Un llamado para apoyar a nuestros viejos

En tiempos de coronavirus los ojos están puestos en gran parte sobre la población longeva, pues tal como lo afirma el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, los mayores y las personas con enfermedades crónicas graves, como las de tipo cardiaco, pulmonar o renal, parecen ser más propensas a contraer el Covid-19. Por esta razón la mayoría de los países toman medidas que exigen a las personas mayores permanecer resguardadas en sus casas.

Esta población no ha sido atendida social e institucionalmente de la manera esperada. Así lo demuestra la investigación de la profesora javeriana Ángela María Jaramillo, ganadora al Premio a la Investigación sobre Familia 2019 por su trabajo: “Transformaciones de los arreglos residenciales en la vejez y sus determinantes. Exploración basada en los censos colombianos, 1973 y 2005”, que a través de un estudio social respondió este tipo de cuestionamientos: ¿Cómo está envejeciendo la población en Colombia? ¿Cuáles son los cambios que ha tenido la población de personas mayores? ¿Qué implicaciones tienen esos cambios? ¿Cuáles son los retos para el país?

Uno de los primeros argumentos de esta PhD en estudios sociales, es que “el Estado desconoce muchas de las demandas actuales de las personas mayores, quienes tienen necesidades diferentes a las que tenían en el pasado. Al no reconocer esto, las políticas públicas colombianas que los salvaguardan están quedando relegadas a una generación de ancianos con modos de vida muy diferentes, limitando así las posibilidades de crear condiciones adecuadas para vivir hoy una vejez autónoma y digna”.

Pero ¿cuál es la realidad en Colombia?

“Estamos en un momento en el que el histórico y progresivo descenso de la fecundidad en combinación con el aumento de la esperanza de vida ha generado el envejecimiento de la población”, explica la profesora, razón por la que cada vez hay más personas mayores de 60 años comparado con los menores de 15. Según censos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la población mayor de 60 años del país aumentó, pasando de 3.721.943 personas que correspondían al 9% del total de la población en 2005 al 13,3% con casi 6 millones de personas en 2018.

Estos cambios en los modos de vida y en la concepción de idea de familia empiezan a dejar marcas en cómo viven las personas mayores, pues como explica Jaramillo, anteriormente las personas envejecían al lado de sus numerosas familias. “Lo que debemos comprender es que a diferencia de nuestros antepasados, los mayores actualmente viven de distintas maneras, unas solas, otras en pareja y otras con sus familiares. Esto representa un reto para la sociedad, el gobierno y las instituciones, por las distintas demandas que tienen cada uno de estos arreglos residenciales.

La investigación señala que en 1973 cerca del 70% de los ancianos del país vivía en hogares de cuatro o más personas, datos que han cambiado con el paso del tiempo. El último censo del DANE muestra que la cantidad de adultos mayores que vive en este tipo de hogares ha disminuido, pasando de 70,80% en 2005 a 56,6% en 2018, y, las residencias con 1 y 2 personas mayores de 60 años, desde los años setenta ha aumentado de forma acelerada, asegura la experta. Por ejemplo, cuando para 2005 solo el 29,4% de estas personas vivía solo o con una persona más, para el 2018 el porcentaje llegó al 43,4%. Es decir, “hay más ancianos que tienen menos posibilidades de ser apoyados por sus familias”, dice la profesora Jaramillo.

Por ejemplo, don Eliécer es un gachancipeño de 75 años que trabajó como carnicero buena parte de su vida. Sin embargo, desde que se divorció de su esposa, le llegaron los “achaques” y no se pudo emplear. Vive de la caridad en una “rancha” (como él describe su vivienda), con la única comodidad de una estufa eléctrica de dos fogones y un radio del tamaño de un teléfono celular. De cada 10 personas mayores, él representa a uno de los cuatro que vive en un hogar pequeño, sin hijos, sin nietos, hermanos u otros parientes.

Además, datos de esta investigación demuestran que ocho de cada diez ancianos carecen de una pensión que les permita asegurar un ingreso mensual para atender sus necesidades básicas. “El sostenimiento económico de estos hogares depende en su mayoría del trabajo de los ancianos (33,6%) y de las pensiones o jubilación (23,8%). La gran mayoría de los ancianos que trabajan se ven obligados a hacerlo bajo condiciones de informalidad y sin acceso a protección social, ni a pensión”, relata Jaramillo.

Ante esto la investigadora se pregunta, ¿estamos preparados para enfrentar un escenario en el que el envejecimiento continúa creciendo de forma acelerada y aún se asume que los ancianos están envejeciendo al lado de familias numerosas? Con más de cinco años de investigación su respuesta es: “no estamos preparados porque las acciones de política siguen orientadas por la idea de una familia, que en su extensión, composición y funcionamiento ha cambiado. El principal problema de esto se halla en que la solidaridad y apoyo que antes era brindado por la familia tradicional no ha sido compensado actualmente por las instituciones que deben velar por la protección de los derechos de las personas mayores y sus familias”.

Jaramillo agrega que comparando con los países europeos, una de las desventajas colombianas tiene que ver con que ellos han tenido un proceso de envejecimiento más lento pues tardaron más de un siglo para llegar a la población de ancianos que tienen hoy; esto les permitió pasar progresivamente de familias grandes o extensas a familias pequeñas y a hogares unipersonales. “Así, pudieron adaptarse y prepararse mejor social y políticamente para atender las demandas sociales de estas nuevas formas de organización en la vejez”, explica la investigadora. En el caso colombiano, “el lapso de tiempo para envejecer fue de unos 50 años, tiempo que no ha permitido que la sociedad se adapte al cambio demográfico”, añade.

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Hallazgos en las regiones 

La investigación incluyó el estudio de los censos DANE de 1973 y 2005, entrevistas a profesionales que participaron en el diseño e implementación de la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez, así como a académicos expertos en esta área. Con el apoyo estadístico, Jaramillo logró la reconstrucción histórica de las condiciones geográficas, socio-demográficas y económicas en las que nacieron las personas del estudio y encontró una gran concentración viviendo solas o en pareja en Bogotá y en el departamento de Boyacá.

En la capital, especialmente, esto se debe al descenso de la fecundidad y la cantidad de divorcios. “En casos de separación, los hombres son los que pasan a vivir solos, ya que hay mayor probabilidad de que las mujeres permanezcan con sus hijos y sus nietos”, complementa Jaramillo.

En Boyacá, la explicación está dada por el despoblamiento de la región. Por un lado, ante los problemas históricos que ha padecido el campo colombiano los habitantes han migrado y, por otro, cada vez hay menos jóvenes en la ruralidad porque no encuentran las oportunidades esperadas. Por eso, los mayores son quienes quedan en esos territorios, ya que están arraigados a sus tierras, cultivos, casas y animales; y a esto se suma la gran dificultad de que allí no cuentan con la infraestructura de salud, transporte y redes de apoyo adecuadas para suplir sus necesidades. “Es por esto que en los países más envejecidos del mundo como España, Italia o Japón, las poblaciones con más años se encuentran en su gran mayoría en las ciudades debido a la oferta e infraestructura de servicios sociales y de salud, entre otros”, afirma.

En otras regiones del país como la Costa Caribe la configuración es diferente porque allí las personas mayores tienden a ser acogidos por su familia y la fecundidad no ha descendido como en la región andina.

Solidaridad, la propuesta para apoyar a los viejos

Según datos que maneja el Ministerio de Salud, se estima que el número de personas mayores de 60 años en el mundo aumentará de 900 a 2.000 millones entre 2015 y 2050.  Por esa razón, atender las necesidades de la población longeva debe ser una prioridad para los gobiernos. Con este escenario, Jaramillo propone la solidaridad como base principal para cuidar, proteger y garantizar los derechos de esos ciudadanos.

“Hay que valorar a los ancianos por lo que fueron y lo que son hoy como personas que contribuyen a la construcción de la sociedad. Ellos pueden tener actividades relacionadas con el cuidado de nietos o personas con problemas de salud; la preparación de alimentos y oficios del hogar; los aportes académicos y científicos para el avance social, apoyos económicos y emocionales que ofrecen a sus familiares”, recomienda la socióloga.

En la actualidad, muchos coinciden en que lo que sucede, ante la creciente propagación de la COVID-19, es un llamado a la acción para atender con más responsabilidad la salud física y mental de las personas. “En el caso de los mayores, se necesitan sistemas de salud con mejores servicios de atención domiciliaria y así responder a las adversidades de manera rápida y oportuna, especialmente con las personas mayores de 80 años que son el 15,8% de los que viven solos. Además, hay que fortalecer las redes de apoyo”, manifiesta.

Reflexión para el contexto actual

Es de vital importancia entender la diferencia entre vivir solo y sentirse solo, dice la experta. “El primero puede ser una buena experiencia si se tienen las condiciones sociales, económicas y de apoyo necesarias, lo que depende del desarrollo de la sociedad en la que se encuentre la persona. El segundo revela un sentimiento asociado al aislamiento social que puede aumentar los riesgos de morbi-mortalidad de los ancianos”, explica Jaramillo. Por esto su recomendación es el fortalecimiento de las redes de apoyo y en el caso de hogares donde hay varias generaciones promover respuestas de equidad, convivencia y solidaridad intergeneracional.

En este momento de dificultad por la enfermedad del Covid-19 hay que estar más pendientes del apoyo que se puede ofrecer a todas las personas, y en particular a las personas mayores. Este apoyo, dice Jaramillo, puede ser de muchas formas, por ejemplo, práctico y emocional. Aquí algunos ejemplos:

  • En lo práctico, como vecinos, podríamos apoyar las necesidades relacionadas con el abastecimiento, las comunicaciones, el paseo de las mascotas o cualquier evento que requiera una respuesta inmediata. También crear redes de apoyo para responder a las necesidades que surgen en una situación en la que los amigos o familiares que viven lejos no pueden apoyar.
  • En lo emocional, por ejemplo, es importante que nos expresemos a partir del reconocimiento del otro como iguales, independientemente de la generación. Esto lo podemos hacer utilizando un lenguaje que no reproduzca los estereotipos que históricamente, por la edad, sea discriminatorio. Ejemplo: diminutivos como “viejito” o “viejita”.
  • Reflexionar acerca de lo común entre las generaciones en la cotidianidad, ya que es en esas actividades compartidas que se fortalecen los lazos de apoyo, aún más cuando los diálogos se dan entre generaciones con aprendizajes analógicos y digitales.
  • Estas relaciones de apoyo pueden convertirse en nuevas amistades, fundamentales para resolver las adversidades y para establecer vínculos sociales orientados a que ellos no dejen de sentirse parte del colectivo.

Para conocer los detalles de la investigación espere próximamente el libro: Transformaciones de los arreglos residenciales en la vejez, y sus determinantes. Exploración basada en los Censos Colombianos, 1973 y 2005”.

Visite los siguientes enlaces. https://www.funrestrepobarco.org.co/images/publicaciones/PDF/Resumen_TEP/Trabajo%20Ganador-%20Angela%20Maria%20Jaramillo%20Mendoza.pdf

https://bdigital.uexternado.edu.co/bitstream/001/611/1/DLA-spa-2017-Evolucion_de_los_arreglos_residenciales_en_la_vejez_y_sus_determinantes.pdf

¿Y para cuándo la investigación por los animales?

¿Y para cuándo la investigación por los animales?

Col Javier G

Mi esposa y yo estuvimos de paseo en Santa Marta y frente al hotel donde nos quedamos, encontramos un gatito blanco y negro de aproximadamente un mes de vida. Tenía su ojo izquierdo apenas abierto mientras el otro estaba hinchado y sellado por el pus que se extendía como un gran pegote hacia su nariz. No tenía alientos, apenas se podía sostener sobre su frágil y raquítico cuerpo que, además, sufría una infestación de pulgas de todos los tamaños. Lo recogimos, lo llevamos al veterinario en dos ocasiones, en la noche y en la mañana siguiente, y, bajo el nombre de Martico, lo internamos esperando que se recuperara para traerlo a Bogotá y buscarle un buen hogar, pero el pobre no aguantó.

Esta experiencia me confirmó que las vidas que llevan una inmensa cantidad de animales son un infierno, y me hizo pensar en el compromiso que la comunidad académica colombiana tiene frente a este problema. Si en Colombia ha aumentado la preocupación por los animales, y de esto da cuenta la creación de normas a su favor y de instituciones de protección animal, parecería lógico que la academia también se hubiera sintonizado y que las investigaciones dirigidas a cuidar de sus vidas estuvieran en aumento. ¿Será cierto esto?

A juzgar por la cantidad de publicaciones que produce la academia colombiana, parece que lo que hacemos por los animales es insignificante. Una breve revisión de los contenidos en los últimos números de cinco revistas colombianas indexadas de veterinaria, que es donde se esperaría que estuvieran las investigaciones que nos interesan en esta ocasión, sugiere que la insignificancia percibida es más bien un hecho verídico. Esta situación es lamentable, pero constituye una invitación en voz alta para que apoyemos y desarrollemos proyectos que puedan tener un impacto positivo sobre los animales que requieren ayuda.

Se puede hacer bastante. Pensando en los animales que pierden las personas, por ejemplo, el año pasado encontré un artículo que evaluaba la efectividad de distintos métodos de búsqueda. ¿Cómo sabemos cuál podría ser el mejor para encontrarlos? Si viéramos un animal accidentado y no supiéramos a dónde llevarlo para que lo atendieran, ¿qué haríamos y cuál sería la forma más efectiva de ayudarlo? Se podría desarrollar una base de datos con información espacializada sobre las clínicas veterinarias con los servicios requeridos y horarios de atención. Así, cualquiera podría llamar a una línea telefónica o ingresar a una aplicación de celular y obtener la información de la clínica más cercana de manera inmediata.

La lista de ideas podría seguir, pero el espacio de esta columna no me alcanza. La idea es que los investigadores la amplíen y que cuenten con el apoyo para que se materialicen.

Las propuestas están por verse y ojalá comiencen pronto a ponerse en práctica y rendir los frutos esperados. Se trata de poner el conocimiento al servicio de la construcción de una sociedad más justa y que dice tomarse cada vez más en serio las vidas de esos otros animales que tanto lo necesitan.

 


* Biólogo y magíster en Bioética, profesor del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana y coordinador del Observatorio Animalista. Su publicación más reciente es la traducción al español de la obra de teatro A Lover of Animals, escrita a finales del siglo 19 por el intelectual inglés Henry S. Salt.

La Claraboya | Episodio 5: VIH

La Claraboya | Episodio 5: VIH

¡Bienvenidos de vuelta!

En este nuevo episodio de La Claraboya hablaremos de una enfermedad que, según cifras oficiales, padecen alrededor de 70.000 personas en Colombia: el VIH-SIDA.

El Virus de Inmunodeficiencia Humana ha afectado a la población mundial desde los inicios de la década de los 80. Sus orígenes, evolución y comportamiento se han constituido en un gran reto para la medicina.
María Juliana Soto, estudiante de Medicina e integrante del semillero de investigación de Enfermedades Infecciosas de la Pontificia Universidad Javeriana, nos aclaró las dudas sobre el VIH, dejando recomendaciones sobre los cuidados preventivos y los tratamientos que debe seguir un paciente seropositivo.

Abuso sexual y maltrato reducen la capacidad mental

Abuso sexual y maltrato reducen la capacidad mental

Nunca, en sus 29 años de vida, Magdalena ha conocido algo diferente al maltrato, el abandono y la violencia. Abusada de manera repetida desde la infancia, privada de afecto, amenazada de muerte por un paramilitar —padre de su segundo hijo—, la prostitución ha sido su medio de subsistencia. Permanece recluida en un centro de protección apoyado por Bienestar Social del Distrito, adonde acudió dos veces para defender su vida en peligro.

Estrella, de ocho años, pasa los días, aburrida, en la misma institución. Añora el tiempo en que se divertía con su tío, quien organizaba lo que ella llama “fiestas locas”, en medio de una atmósfera de supuesta alegría, con regalos y gratificaciones, como medio para el abuso sexual.

Se trata de historias diferentes en las que, sin embargo, se encuentra un denominador común, a partir de varios tipos de maltrato sufrido: el adelgazamiento o estrechamiento de la psiquis. Es decir, sencillamente, que la violencia —que proviene del mundo externo, pero también de la fuerza-pulsión o impulso psíquico de un sujeto que la misma violencia despierta en él— ha aniquilado “el aparato para pensar-sentir” de estas personas; el bagaje que nos hace verdaderamente humanas tiende a desaparecer en ellas.

Así lo plantea el proyecto de investigación “Dimensiones del funcionamiento mental de la mujer y del menor maltratado”, adelantado durante tres años por las profesoras de la Maestría de Psicología Clínica de la Universidad Javeriana, Nubia Torres y Cecilia Muñoz Vila. Ellas, junto con un grupo de alumnos, intervinieron terapéuticamente a cerca de sesenta personas, entre mujeres y niños, quienes se encontraban bajo medidas de protección, e investigaron su condición psíquica.

¿Cómo sobrevivimos los seres humanos a una atmósfera de terror, como la que ha marcado la vida de estas personas?, se preguntaron. Y lo que encontraron fue el estrechamiento del psiquismo, la reducción de funciones de percepción, atención, memoria, juicio, reflexión, comprensión e imaginación; “la incapacidad de construir en su pensamiento representaciones de seres o hechos distintos de aquellos experimentados de manera concreta; la memoria, el deseo y la previsión están disminuidos”, explican las investigadoras.

En las terapias, las psicólogas hallaron en estos individuos nada más que una sucesión de eventos externos, de realidades que ellos eran incapaces de elaborar o de entender. En sus narraciones, no hay búsqueda de sentidos ni de significado. Son vidas centradas en lo sensorial. El aparato psíquico se estrecha y surge la dificultad para salir de su situación de horror. No hay herramientas para ello.

Por eso, las personas en estas condiciones se ven sometidas a una repetición sin fin de sucesos que corresponden a un patrón que comienza con la tiranía —y muchas veces el abuso incestuoso— del padre, y el frecuente abandono y maltrato de la madre. Sin sentir protección familiar, viven con la ilusión de una “nueva vida” al lado de un hombre que les ofrezca amor y dedicación. Esta ilusión en corto tiempo se transforma de nuevo en la misma tiranía y abuso; el ciclo se reinicia con la misma u otra pareja, con promesas de un cambio, para caer de nuevo en el maltrato.

En medio de ese escenario, la mujer pierde la capacidad de defenderse y, paulatinamente, renuncia a la expresión de sus deseos y al ejercicio de sus propias capacidades: deja de existir psíquicamente.

Los relatos de Magdalena son como las tomas de una película sin director: el yo simplemente se desgarra, desaparece y se aleja de las sensaciones intolerables, como una estrategia de defensa. A Estrella, el abuso sexual la lleva a comprender la vida únicamente como un ámbito de alegría sensorial y excitación desenfrenadas, sin reconocer las diferencias de edad, género o parentesco, que se convierten en límites, y permiten organizar el deseo y establecer los principios de organización psíquica, social y cultural, que a su vez aseguran la permanencia de los vínculos humanos.

No fue fácil para este par de científicas, que han dedicado su vida al estudio de lo consciente y de lo inconsciente como facetas de la mente, asimilar esta realidad de la primacía de lo no psíquico que, seguramente, las llevará a proponer replanteamientos teóricos para su disciplina.

El gran desafío de las ciencias sociales

Las investigadoras reconocen la dimensión del desafío generado por su trabajo y subrayan que la mitigación del problema se daría como resultado de políticas integrales de prevención, iniciadas de inmediato, con horizonte de largo plazo.

“La prevención no es decirles a las personas: ‘quiéranse, no se golpeen’. Se trata de pensar por qué, a pesar de querer a nuestros hijos, a nuestra pareja, no podemos actuar en consecuencia; cómo eso que hacemos tiene una historia larga de experiencias similares en contextos que no ofrecen experiencias contrastantes. Entender que no es problema de buenos y malos, sino de personas que han encontrado la violencia o la sumisión como formas de sobrevivencia. Si no me puedo ver a mí mismo como sujeto digno de cuidado genuino, no voy a poder ver al otro de la misma manera”, puntualiza la profesora Torres.

Se necesitan intervenciones interdisciplinarias que favorezcan los procesos educativos, sociales, de salud y de cultura, que permitan a las nuevas generaciones salir de esa condición particular de supervivencia salvaje.

Para comenzar, es absolutamente indispensable incluir la dimensión psíquica en la atención a la población. Si bien es cierto que las instituciones cumplen con garantizar su supervivencia, no se está atendiendo la necesidad urgente de reconstruir su tejido psíquico.

Muchos de estos propósitos se conseguirían, por ejemplo, si a estas mujeres se les ofreciera un trabajo que les permitiera ir recuperando su lugar en la sociedad, una experiencia acompañada por otros, un ejercicio de crecimiento personal, con espacio para la dimensión psíquica.

En las abuelas hay esperanza

Desde otra perspectiva, las abuelas, que en su momento vivieron experiencias de maltrato, pueden convertirse en una oportunidad de cuidado para sus nietos, atrapados en la telaraña de la pérdida de capacidad psíquica. Este descubrimiento de Nubia Torres dio pie al proyecto titulado “Abuelas y prácticas colaborativas”. La investigadora ha encontrado que, con alguna frecuencia, las abuelas y madres de las mujeres maltratadas ayudan a sus hijas y nietos a encontrar una salida al círculo del horror en el que viven y sostiene: “Es como si, después de los años, ellas pudieran entender lo vivido, incluso, el maltrato infligido a sus propias hijas. Puede haber una reacción a ese modelo de repetición de la historia, porque ahora ellas tienen una relación distinta con sus nietos, y por fin han podido reconstruir una relación con sus hijas. ‘Aprendí a ser mamá, ahora que soy abuela’, dicen, y ello es signo de que su psiquis se vuelve a expandir un poco, en parte porque las urgencias vitales han cedido”.

Mantener los vínculos con la familia

La experiencia en instituciones de protección para los niños maltratados ha llevado a las investigadoras a identificar un problema grave en el difícil camino de la recuperación de los menores y a preguntarse: ¿qué será más grave para un niño: tener una familia que lo maltrata, o perderla del todo y sentir que no hay nadie que tenga interés en él?

El asunto está en que separar definitivamente a los niños de sus familias los priva de los aspectos positivos que estas les puedan dar, escasos pero existentes. Y ello no es posible cuando se plantea una ruptura total de los individuos protegidos con su núcleo de origen. La propuesta tiene que ver, entonces, con destinar parte del presupuesto asignado a los centros de protección, que es inmenso, al trabajo integral con las familias. El grupo ha descubierto que “los padres no son monstruos. Tienen problemas económicos, relacionales, históricos, pero algún gesto amoroso han tenido con ese niño y, si eso pudiera ser recuperado, la esperanza estaría sembrada”.

En definitiva, todo lo que se haga para crear condiciones más benévolas y armónicas en la célula de la sociedad colombiana es poco, con mayor razón, en un país que busca desesperadamente la paz. Para ello, la universidad debe volcarse decididamente sobre la realidad.


Para saber más:
» Instituto Colombiano de Bienestar familiar (ICBF). “Informes especiales. Colombia sin maltrato infantil”. Disponible en: https://www.icbf.gov.co/portal/page/portal/Descargas1/Prensa1/ColombiaSinMaltatoInfantil_180313.pdf. Recuperado en: 22/07/2014.
»Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. (2013). “Comportamiento de la violencia intrafamiliar. Colombia, 2013”. Disponible en: https://www.medicinalegal.gov.co/documents/10180/188820/FORENSIS+2013+7-+violencia+intrafamiliar.pdf/dd93eb8c-4f9a-41f0-96d7-4970c3c4ec74. Recuperado en: 22/07/2014.
»Profamilia. “Violencia contra las mujeres y los niños”. Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2010. Disponible en: https://www.profamilia.org.co/encuestas/Profamilia/Profamilia/images/stories/PDF-capitulos/Capitulo-13.pdf. Recuperado en: 22/07/2014.

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