Pasatiempo: estudiar bichos

Pasatiempo: estudiar bichos

Cuando Giovanny Fagua llegó a Canadá, a estudiar, rentó una vivienda en Edmonton y algo que llamó su atención en los primeros días de estancia fue la cantidad de elementos de hogar que encontró por el camino casi intactos, en los basureros: colchones, anaqueles y hasta televisores. No entendía por qué la gente lo hacía.

Una noche la piquiña interrumpió su descanso de forma inoportuna y a medida que pasaban las horas, las ronchas se incrementaban. Él nunca había experimentado nada parecido. Al principio supuso que eran pulgas pero, a pesar de la limpieza, no encontraba de dónde provenía la molestia. Después de averiguaciones, todo parecía coincidir con  unos chinches que suelen asentarse como plaga donde les plazca.

Los bed bugs o chinches de cama estaban su hogar. Para los años 50 estos habían sido casi erradicados, pero se volvieron resistentes a los insecticidas. Son de difícil eliminación y pueden vivir sin sangre hasta 140 días, tanto así que las personas tienen que contratar a un exterminador y deshacerse de todo aquello que pudo haber tenido influencia con estos bichos. Ahora él le hallaba razón a la cantidad de piezas caseras que veía en los basureros, pues próximamente allí también estarían los suyos, recuerda con humor el doctor en ciencias biológicas y docente javeriano de biología, quien encontró en el estudio de los bichos una buena forma de investigar.

Para quienes se preguntan para qué estudiar los artrópodos o que interés encuentran los entomólogos en estas criaturas que pocas veces resultan armoniosas a la vista, como milpiés, ciempiés, arañas e insectos.  Fagua explica que, como entomólogo, “lo que hacemos con los insectos, en este caso con los chinches de cama, es generar moléculas que los intoxiquen, los insecticidas. El problema es que con los insectos pasa lo mismo que sucede con las bacterias, que generan resistencia a los antibióticos con el uso generalizado de estas sustancias”.

Más allá de encontrar nuevas formas para controlar insectos plaga, en estas especies han  encontrado modelos biológicos que brinden información excepcional desde muchos puntos de vista. “Nosotros como especie dependemos en gran medida de las acciones de los artrópodos. Por ejemplo, buena parte de la comida que necesitamos viene de la polinización por insectos, o muchas de las enfermedades humanas son trasmitidas por ellos. En términos más generales, el buen estado de los ecosistemas -que necesitamos para sobrevivir- es dado por las diferentes interacciones de los artrópodos con otros organismos”, afirma Dimitri Forero, biólogo, docente javeriano y coordinador de Colecciones Biológicas de la Javeriana.

Por su parte, desde la entomología forense, los investigadores utilizan los insectos para calcular el periodo de deceso de un cadáver, e incluso definir si fue movido de un lugar a otro tras su muerte. Fagua comenta que “podemos estudiar a los insectos como nuestros principales competidores en cultivos, ya que casi un 30 o 40% de la producción mundial de cultivos se queda en los insectos”.

En su deseo por responder a preguntas de todo tipo que tuvieran que ver con bichos, en 1998, impulsado por el profesor Fagua, se conformó en la Javeriana el grupo estudiantil de trabajo en artrópodos “Élitros” con el único interés de construir conocimiento alrededor de estas especies, consolidándose como el segundo grupo de estudiantes más antiguo de la universidad. A lo largo de su historia ha obtenido diez premios en el Congreso Nacional de Entomología o menciones de honor en congresos internacionales como el Congreso Latinoamericano de Lepidopterología, y de él han salido alrededor de 50 trabajos de grado. “He querido que Élitros se mantenga como grupo estudiantil porque esto genera autonomía e independencia en los estudiantes”, añade Fagua.

Este año Élitros celebra su vigésimo aniversario de trabajo investigativo. Dos décadas por el que han pasado alrededor de 100 estudiantes aficionados por los insectos, de quienes el profesor Fagua, como compañero y amigo del grupo, destaca su rigurosidad académica y pasión por lo que hacen. Estudiantes de biología, ecología, microbiología e incluso artistas han participado de este grupo que no para de crecer. (leer insectos en el arte)

Hoy el grupo ha derivado en dos semilleros de investigación en entomología y en relaciones entre plantas y animales que coordinan los profesores Dimitri Forero y Giovanny Fagua como complemento al grupo estudiantil. “Un espacio donde los estudiantes puedan desarrollar sus intereses transversales alrededor de los artrópodos y, en general, ser felices investigando. Algo que tratamos de inculcar es que todos estamos en un proceso constante de descubrimiento”, dice Forero refiriéndose a la igualdad que se vive en los semilleros.

“Cumplir 20 años es una fecha importante, pues muestra no solo el compromiso y acompañamiento de los docentes (como el profesor Fagua, quien lo creo y ha acompañado por mucho tiempo), sino la alta calidad del recurso humano presente en Colombia y particularmente en la Javeriana. Hay madera para el futuro” añade.

Élitros 1

Una manera atractiva de celebrar sus veinte años de creación ha sido a través de conversatorios por parte de estudiantes que fueron miembros y hoy tienen carreras exitosas, con el fin de que la comunidad académica que está en proceso de formación se acerque y se motive a conocer y vivir las experiencias en el camino investigativo de la entomología.

Los profesores Fagua y Forero hacen un llamado extensivo a que los estudiantes de cualquier facultad participen de los conversatorios y se vinculen a los grupos de investigación y semilleros, cualquiera es una buena escuela. “Desde mi punto de vista, aunque obtuve una muy buena formación en la academia, lo que más me aportó fueron las actividades grupales durante mi carrera, pues es un acercamiento más real a lo que te tienes que enfrentar en la vida cotidiana”, finaliza Fagua.

Los conversatorios, que iniciaron de forma masiva desde febrero de este año, incluyeron el pasado 17 de mayo a un egresado del grupo actualmente investigador del Jardín Botánico José Celestino Mutis, de Bogotá, quien presentó un conversatorio sobre los insectos utilizados en canciones, pinturas y otras ramas del arte, generando una variada temática multidisciplinar.

Este viernes 24 de mayo otro exalumno del grupo, Alejandro Ordoñez Gloria, de la Universidad Aarhus de Dinamarca, conversará acerca de la aparición de nuevos ecosistemas y climas debido a humanos en el salón 301 del edificio 53 (2:00 pm).

El viernes 31 de mayo la profesora Andrea Polanco, del colegio Rochester, expondrá sobre los chinches de cama, los bed bugs, en la misma sala y hora.

Esperen los siguientes eventos que se extenderán a todo el año del periodo académico.

Morfologías dispares

Morfologías dispares

Bajo los pasillos de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana se encuentran gabinetes llenos de huesos y tarros con especímenes como si fueran conservas, cajas de Petri con criaturas microscópicas que crecen sobre diferentes sustratos, plantas y hongos archivados en cajones y carpetas. Todos hacen parte de las Colecciones Biológicas, que conservan estos seres y la información que pueden aportar a los investigadores de ciencias naturales. Este espacio nos abrió sus puertas para que, como estudiantes de Artes Visuales, lleváramos a cabo nuestras prácticas profesionales de creación aportando nuevas miradas a un lugar reservado a la investigación científica.

La pionera de este proceso fue Isabella Sánchez, quien se acercó a Dimitri Forero, coordinador de Colecciones Biológicas y del laboratorio de entomología. La atractiva multitud de cajones llenos de carcasas inertes de insectos empalados en alfileres fue el insumo para un año de producción de dibujos, collage y fotomontajes sobre el proceso de descomposición, donde los bichos están siempre implicados. Este material estuvo expuesto la última semana de enero de 2019 en el Edificio Pablo VI, antigua Facultad de Artes, y abrió un camino con pretensiones hacia algo más formal. Así se materializó la exposición Morfologías Dispares.

Visitamos ese espacio en 2017, pues queríamos aprender cómo funcionaba y si podíamos pedir el material biológico para unas sesiones de dibujo. Desde el momento en que Dimitri nos abrió las puertas, surgió nuestro interés por las diferentes secciones que tienen las Colecciones (como el herbario y la colección de microorganismos) y las diferentes imágenes que pueden suscitar; así vimos el potencial que esto tenía para realizar nuestros proyectos, ligados a esas traducciones de lo natural. Ya en 2018 la práctica profesional de Artes Visuales se formalizó, permitiendónos el acceso por más tiempo y brindándonos nuevas miradas sobre ese espacio para realizar lo que fue Morfologías Dispares.

En la exposición, tres columnas de papeles suspendidas se alzaron sobre pedestales donde yacían placas de Petri con microorganismos hechos en papel, cera, acrílico y resina. Cada uno de estos papeles contenía impresiones sin color, solo en relieve, de microscópicas visiones de hongos, bacterias y polen, esas entidades que, como las columnas, ocupan el espacio de manera silenciosa. Los visitantes pudieron llevarse las impresiones haciendo eco de los procesos de dispersión que utilizan estos seres para tomarse y conformar los espacios.

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Esta obra, llamada La escala de lo ubicuo, fue resultado de un ejercicio de diálogo entre Isabela Izquierdo y el equipo de curadoras de la Colección de Microorganismos, Ángela Alvarado y Eliana Rodríguez. Los cultivos en cajas de Petri, la visión a través del microscopio y lo que implica este acercamiento permite generar imágenes que, como se busca en nuestra labor como artistas en formación, pueden traer estos mundos imperceptibles a nuestra experiencia. Con esta instalación, Isabela brinda una mirada a eso que siempre está allí haciendo parte de nuestra vida cotidiana (en el  suelo, el agua, las hojas de las plantas…), y que sólo lo reconocemos como parte esencial del mundo una vez lo traemos a nuestra experiencia.

Unos carritos circularon también por el espacio de la exposición: los Dispositivos andantes de memoria, resultado de un ejercicio de deriva de Eduardo Merino por varias de las secciones de las Colecciones Biológicas. Las tablas recogidas de sus propias caminatas por la ciudad se convirtieron en contenedores de pinturas, que se representan lo que veía mientras visitaba, una y otra vez, los gabinetes que conservan el material biológico. También contenían dibujos en miniatura hechos en tambores de bordados, realizados mirando a través de los estereoscopios, partiendo de actividades como las disecciones e identificaciones de material biológico que se realizan en los laboratorios de la Javeriana.

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En un panel cercano a los carritos, estaban los Sellos Taxomónicos: imágenes de animales y plantas tallados en borradores, junto con un huellero y papeles donde cada visitante podía imprimir su sello para llevarse un pedazo propio de las Colecciones Biológicas. Así permitimos que las visiones de los recorridos en ese espacio, y las memorias que allí se guardan con recelo para su conservación, encontraran otras maneras de circular y abrirse a otros espacios.

Morfologías Dispares fue el resultado de esos primeros acercamientos formales hacia miradas distintas de los procesos científicos. Creemos que las barreras de las disciplinas se borran generando interés en toda clase de públicos, sobre todo en quienes trabajan con las ciencias naturales todos los días. Todavía hay estudiantes de artes que se interesan por las ciencias  y enriquecen sus procesos, así como estudiantes de ciencias que se interesan por ver otras posibilidades en su trabajo; esta muestra fue un ejemplo para incentivar esas nuevas intuiciones.

 


* Estudiantes de la  carrera de Artes Visuales.

Nuevos mundos en el arte

Nuevos mundos en el arte

De la necesidad vital por crear experimentando nace RecLab, semillero de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, y con él producciones de expresión audiovisual que se concentran en escenas inspiradas por el cuerpo y lo abstracto; el movimiento se ensambla armónicamente con el sonido y la tecnología juega un papel protagónico como detonante para hacer de la investigación toda una obra de arte.

En la escena de las creaciones se trazan mundos donde los lugares que parecen distantes se desdibujan para convertirse en uno solo, los pies corren intensos mientras las manos acarician lentamente un rostro y el olvido se revive al pisar unas cuantas teclas. En obras como Audiovisiones 002, Ascenso, Hiperespacio, RecOrder, Homenaje pasajero, entre otros, lo inimaginable simplemente sucede, la experiencia de vivir una ilusión desata emociones reales y los sueños se confunden entre verdaderos y falsos a través de la experimentación, la interactividad, lo multimedial y la tecnología.

“Las obras audiovisuales de RecLab abren el camino a una nueva forma de investigación-creación en artes, dando como resultado nuevos procesos de composición, producto de un diálogo sincrético que ha permitido desarrollar en sus integrantes habilidades para la creación colectiva logrando reflejar las propias sensibilidades” explica Jorge Corredor, integrante del semillero.

El colectivo arrancó con la fuerza de lo salvaje en 2008, cuando las ganas de cruzar las líneas de las disciplinas despertaron en el profesor Camilo Cogua el deseo por crear y de preguntarse por el lugar de lo vivo en lo audiovisual; esta iniciativa hizo que las diferencias que pudieran existir entre las artes visuales, escénicas, la ingeniería, el diseño y la música se abrazaran para nutrirse en conjunto, y así reflexionar acerca de las posibilidades estéticas de transmitir el movimiento, el cuerpo, el espacio y el sonido desde la investigación-creación a través de la tecnología, el video y el arte. Fue aquí cuando los experimentos se convirtieron en obras, y con ellas el fino croquis de la historia de este semillero se empezó a escribir.

RecLab 1

Las obras fugaces creadas a golpes de emoción por este equipo han participado en festivales como el de la Imagen, en Manizales, y fueron premiadas en otros como en el Festival Internacional de VideoMovimiento, organizado en Colombia; de aquí también han salido reseñas, trabajos de grado y publicaciones.

Juana Galindo, artista escénica del semillero, comenta que “el colectivo es una oportunidad de diálogo con las otras artes para crear desde la versatilidad y salirse de lo individual, para apoyarse en otros conocimientos y así darle forma a los proyectos”.

RecLab se ha dedicado a romper los límites de lo mágico y a crear nuevos mundos. Músicos, animadores, ingenieros y artistas escénicos confluyen para generar experiencias que se van fijando en la memoria de los espectadores. Ya son diez años en los que todo ha pasado por la luz del proyector, pequeñas partículas de polvo flotando por una década han sido testigos de la hermandad que se ha construido entre profesores, estudiantes y egresados al crear proyectos, instalando, programando, ensayando, cargando cables al hombro y registrando imágenes. Inicialmente el trabajo giraba en torno a la creación de videos experimentales en tiempo real, en superficies de proyección diferentes a los de la pantalla convencional, como edificios, techos, paredes o ventanas; ahora la lectura del cuerpo transformado se integra para seguir mostrando lo vivo.

RecLab 2

Camilo Cogua se ha entregado como tutor a este proyecto con el deseo de compartir sus conocimientos para crear y con la convicción de aprender a diario de su equipo. Como un integrante más, sin deseo de protagonismo, reconoce en el grupo un trabajo que con dedicación y amor ha forjado su camino dotando de buenas experiencias alrededor del montaje de un proyecto.

“El grupo es uno de los móviles más chéveres para estar en la universidad, donde hay un amor hacia el hacer, a la investigación; es una experiencia de construcción de familia y de formar un colectivo. La esencia del grupo es sólida, cada miembro llega con un saber y un deseo de enseñar a todos para seguir creciendo en conjunto”, explica.

De las creaciones de este grupo que con pasión, gusto y lucidez se interesa en la creación de la imagen y juega con el cuerpo, el movimiento y el sonido, queda la visión de lugares creados que nacen de la imaginación y de tiempos que, para la realidad, lucen impensables pero que suponen a los espectadores la posibilidad de deslumbrarse a través de la tecnología, la experiencia y el video.

Encontrándole respuestas a la locura

Encontrándole respuestas a la locura

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Este es el inicio de una de las obras maestras de la literatura que narra la locura de Don Quijote de la Mancha, un hombre sinrazón que envuelve y encanta a Sancho Panza para que lo acompañe en sus aventuras, a Miguel de Cervantes para que narre el cuento, y al lector para que lo lea. Desde que yo leí ese libro, la locura como concepto me llenó de curiosidad y comencé a leer sobre el tema y tratar de encontrarle una explicación.

Hallé que la locura se define como el pensamiento o juicio que “no es normal”, por lo que la gente le teme, pero a mí me trajo más preguntas sobre la mente, el pensamiento, la conciencia y el comportamiento, temas que investigamos en el grupo de investigación de psiquiatría Medicina y Nuevas Tecnologías (MNT).

Explicar qué es el grupo para mí es una tarea difícil ya que le he dado todo mi cariño y esfuerzo para que crezca en este tiempo, me ha enseñado a dinamizar, organizar y trabajar con mis pares y con mis superiores. También ha traído cambios en mi vida personal, como la posibilidad de no estigmatizar a los pacientes con enfermedades mentales, entenderlos y comprender que la insania no es algo ajeno a nosotros y que, por el contrario, es cotidiana, hace parte de nuestros cuerpos.

MNT se creó hace cuatro años por el estudiante Daniel Solarte Bothe y el doctor Germán Casas, quienes, con la misma curiosidad mía y, tal vez, mayor, lo fundaron como un espacio para liberar todas las ideas singulares que relacionan las mentes de las personas con sus contextos sociales como, por ejemplo: ¿los niños pueden cambiar su comportamiento por un juego? ¿Los sueños se relacionan con la creatividad? ¿En la demencia cambian nuestras emociones?

A partir de eso, el doctor Hernando Santamaría tomó la tutoría del grupo y se multiplicaron los proyectos de investigación centrados en buscar y entender diferentes comportamientos y relacionarlos con el medio, utilizando inicialmente como muestras a los estudiantes de nuestra universidad. Lo que es más interesante es que es un grupo que viene de la iniciativa de estudiantes, la toma de decisiones y los proyectos los hacemos los estudiantes dándole a las personas de pregrado la oportunidad de ser investigadores. El doctor Hernando Santamaría García, Ph.D, y el Departamento de Psiquiatría del Hospital San Ignacio, a cargo del  doctor Carlos Filizzola, nos guían en los diversos pasos de la investigación sin opacar nuestro trabajo.

Fueron tantos los hallazgos hace tres años que nos obligaron a hacer un evento académico para presentar todas las novedades que habíamos encontrado. Así se realizó el primer Simposio de Neurociencias, Cognición y Sociedad en 2016, en el que se ofrecieron charlas con expertos sobre las nuevas investigaciones y hallazgos respecto a las ciencias de la mente; además, se brindó el espacio para exponer posters y hacer explicaciones rápidas de otros grupos de investigación.

Para la edición de 2017, y tras casi un año de correos electrónicos, mensajes, reuniones y largas noches de preparación, logramos un evento extraordinario. Con más de 1.000 interesados por redes sociales, aproximadamente 500 asistentes y 20 charlas con expertos en áreas de la psiquiatría, neurociencia, economía, filosofía y antropología, fueron dos días con muchos aprendizajes y demostraciones de dominio de las temáticas.

Los días 9 y 10 de noviembre de este año se realizará la tercera edición del Simposio, con tres invitados internacionales y una nueva modalidad de talleres de uso e interpretación de diferentes herramientas en la investigación de cognición, como la resonancia magnética funcional, el eye tracker y la creación de paradigmas, sumado a las charlas.

Los simposios han requerido un arduo trabajo, pero son una marca del grupo y de nuestra capacidad; lo que más disfruto es el día a día con los integrantes del grupo, ya que se han convertido en mis grandes amigos, todos unidos por los mismos gustos. Los viernes nos reunimos estudiantes de primer a doceavo semestre para discutir y hablar sobre los temas que nos interesan o sobre el desarrollo de los proyectos; en este espacio también damos clases para repasar o aprender lo que propongamos.

Este año me retiro como coordinadora y, aunque es triste, creo que es el momento oportuno. Este es un grupo que, como mencioné antes, es de estudiantes para estudiantes de todas las carreras. La capacidad de un joven para investigar es increíble y con grandes proyecciones. Por eso, el MNT tiene un futuro y puede crecer aún más.

 


* Estudiante VIII semestre de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Desde hace dos años coordina el grupo de investigación de psiquiatría Medicina y Nuevas Tecnologías, adscrito a la Facultad de Medicina, departamento de Psiquiatría.

Tras el rastro de ranas, lagartijas y serpientes

Tras el rastro de ranas, lagartijas y serpientes

Son las 11:00 p.m., es una noche oscura pero cálida del mes de junio. Cae una lluvia intermitente que armoniza con el sonido del río y, en medio de este ruido del ambiente y con las linternas apagadas, esperamos detectar el croar de una diminuta rana. La paciencia se va agotando cuando hordas de zancudos kamikazes se atropellan contra nuestras caras devorándonos; el terreno está resbaloso y el cansancio nos invade. Llevamos un buen rato y aún no aparece ese pequeño tesoro escondido… Hasta que, finalmente, la espera rinde frutos y empieza el concierto: se escucha el tan anhelado sonido de ranas que cantan para comunicarse entre ellas; ¡los latidos de nuestro corazón se aceleran de emoción!… el muestreo apenas inicia, encendemos nuestras linternas de cabeza y emprendemos la búsqueda de estos pequeños organismos que pueden vivir ocultos en medio de la hojarasca del suelo o en las ramas de los árboles…

Esta y otras historias son comunes entre aquellos estudiantes apasionados por buscar, medir o fotografiar a la herpetofauna, cómo se le dice al conjunto de especies de anfibios y reptiles. Paisajes tropicales espectaculares, riesgosas caminatas nocturnas para conocer el bosque y sus habitantes bajo climas extremos son algunas de las condiciones que estos amantes de la naturaleza deben estar dispuestos a soportar. El trabajo de un herpetólogo, que estudia anfibios y reptiles, requiere dedicación, entusiasmo, paciencia y una buena preparación física, ya que el investigador deberá cargar equipo de campo durante largas caminatas y algunas veces la probabilidad de encuentro de estos animales es muy baja; sin embargo, los que nos hemos dejado cautivar por los herpetos hemos llegado a comprender la belleza que encierran en su variedad de formas, colores y hábitos.

Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo, actualmente ocupa el segundo puesto en diversidad de anfibios (aproximadamente 801 especies) y el quinto en reptiles. Dado este gran número, los herpetólogos colombianos tenemos el deber de aportar al conocimiento en la ecología e historia natural de estos animales para construir herramientas robustas dirigidas a su conservación.

SECAR 1
Estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana, con gran pasión por comprender cómo estos organismos responden a los cambios de su entorno natural, propusieron en abril de 2013 la creación del Grupo Javeriano de Herpetología, un espacio de interacción académica para la discusión de literatura científica y el fortalecimiento de sus miembros en capacidades técnicas y conceptuales; en su momento, este era el único espacio abierto para estudiantes dispuestos a realizar este tipo de actividades. Más adelante, ese mismo grupo estudiantil dio origen al Semillero de Ecología y Conservación de Anfibios y Reptiles (SECAR) para realizar investigación científica que permitiera entender el efecto de las amenazas que enfrentan los anfibios y reptiles y proponer estrategias para su conservación.

El semillero busca promover entre los estudiantes de pregrado, en su interacción con estudiantes de posgrado (maestrías y doctorado), el fortalecimiento en la formulación y desarrollo de proyectos de investigación y la escritura de artículos científicos en ecología y conservación de los anfibios y los reptiles de Colombia.

SECAR reúne hoy a ocho estudiantes de pregrado y posgrado y a seis egresados de los programas académicos de las facultades de Ciencias y de Estudios Ambientales y Rurales; desde su creación formal a mediados de 2016 se han dictado, al interior del semillero, cursos tales como “Desde la anatomía hacia la ecología en anfibios”, “Revisión de literatura y análisis bibliométrico” y “Diversidad funcional y manejo de índices”, entre otros. Así mismo, el semillero se ha convertido en un espacio crítico y académico donde sus integrantes pueden presentar el diseño de sus proyectos de tesis para recibir retroalimentación de sus colegas.

Una de las experiencias fuera de las aulas fue nuestra primera salida de campo al municipio de Mariquita, Tolima, que incluyó charlas relacionadas con técnicas de muestreo e inventario de anfibios y reptiles, al igual que exposiciones sobre sus principales amenazas en la actualidad. Pero lo más interesante fueron las actividades que implicaban la aplicación de estas técnicas en terreno para caracterizar los sitios que habitan tanto anfibios como reptiles. Este tipo de destrezas y habilidades requiere de aulas vivas, espacios donde se interactúe directamente con el campo y se aborden diferentes retos que la investigación de la herpetofauna requiere.

Integrantes del semillero en su salida de campo a Mariquita.
Integrantes del semillero en su salida de campo a Mariquita.

Además de nuestras actividades de campo, SECAR lidera la primera revisión sistemática de bibliografía del estudio de anfibios y reptiles de Colombia. De la lectura ardua, sistemática y detallada de más de 1.500 artículos, lideramos la publicación de cuatro artículos científicos con diferentes preguntas de investigación planteadas de manera colectiva. El primer producto tangible de este trabajo se ha presentado en el IV Congreso Colombiano de Zoología, dentro del simposio “Mujeres en la ciencia: reflexión sobre el reto de una participación equitativa en la biología” con el trabajo Mujeres en la herpetología colombiana: midiendo las diferencias en la producción científica.

De esta manera queremos incentivar la indagación científica, desde la bibliometría por parte de los miembros del semillero y, de igual forma, fomentar el pensamiento crítico e interdisciplinar frente a la lectura de la literatura científica.

 


*Liliana P. Saboyá es estudiante del Doctorado de Estudios Ambientales y Rurales, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, en la Pontificia Universidad Javeriana.

Fabio Zabala es ecólogo del Departamento de Ecología y Territorio, de Facultad de Estudios Ambientales y Rurales en la Javeriana.

J. Nicolás Urbina-Cardona es profesor asociado del Departamento de Ecología y Territorio, adscrito a la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales en la misma universidad.

Memoria en torno a un sancocho

Memoria en torno a un sancocho

En septiembre finalizó la primera etapa de la construcción de memoria colectiva de la comunidad negra y campesina de Puerto Gaviotas, Guaviare, la cual tomó cuatro años de trabajo y resultó en el libro El vuelo de las gaviotas, lanzado en en la Pontificia Universidad Javeriana. En él participaron investigadores del Semillero Colectivo de Estudios sobre Memoria y Conflicto en Colombia, el Centro de Estudios Sociales y Culturales de la Memoria (CESYCME) de la Facultad de Ciencias Sociales y las comunidades de Puerto Gaviotas y Calamar, en alianza con el Centro Nacional de Memoria Histórica.

El siguiente relato se construyó a partir de entrevistas a los investigadores creadores del libro y su respectiva retroalimentación:

 

Ver a Don Laureano Narciso Moreno Gómez, miembro y líder del Consejo Comunitario de Calamar, Guaviare, de quien luego sabríamos que es un chocoano, que ha atravesado, durante sus 82 años diferentes territorios del país, que desde joven participó en las luchas sindicales azucareras en el Valle del Cauca, de donde en gran medida surgió su capacidad de planeación y organización. Hombre carismático, un líder nato, apodado ‘Tío Nacho’ por adultos y jóvenes, a quienes reitera: “yo ya estoy terminando mi papel, es hora de que ustedes se apropien y sigan por el camino de la paz y de la recuperación de nuestras tierras”. Verlo exponer cómo su comunidad necesitaba con urgencia dar cuenta de sus luchas, sus resistencias, para tener lo que les pertenecía: la tierra, que en Colombia es la columna vertebral del conflicto. Saber que había viajado más de 10 horas para vernos desde Puerto Gaviotas, y percibir la confianza que nos brindaba, a pesar de que la mayoría de nosotros éramos estudiantes, hizo que no hubiera lugar a dudas. Supimos que nuestra respuesta debía ser sí, un sí sincero y comprometido, a él y a la comunidad negra y mestiza de Puerto Gaviotas y Calamar.

Y eso fue lo que marcó el proyecto de fortalecimiento con el Consejo Comunitario que arrojó, como uno de sus resultados, el libro El vuelo de las gaviotas, el cual no surgió de la intencionalidad del “investigador” desde Bogotá sino de una demanda comunitaria, de una preocupación local por el derecho a la vida; que se entrelazó con las motivaciones de jóvenes que le apuestan a los procesos de investigación como ejercicios de transformación de la realidad social en las regiones del país. Nosotros, que hacemos parte de dos espacios recientes pero potentes: el Semillero Colectivo de Estudios sobre Memoria y Conflicto en Colombia, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Javeriana, y el Centro de Estudios Sociales y Culturales de la Memoria (CESYCME) de la Facultad de Ciencias Sociales.

Tras un sí de 12 jóvenes y del profesor Jefferson Jaramillo Marín, lo siguiente fue un viaje de 12 horas para conocer a la comunidad y el territorio. Salimos a las 10 de la noche en bus, llegamos a las 6 a.m. a San José del Guaviare, desayunamos un pescado delicioso en el restaurante El Dorado y luego salimos hacia Calamar, trayecto que dura entre dos y cuatro horas en camionetas D-MAX, dependiendo del estado de la carretera. Como es la zona norte del trapecio amazónico, se sentía la humedad y el calor.

En Calamar, nos reunimos con la comunidad en un salón que había gestionado el Consejo Comunitario. Nos fijábamos en los rostros y las expresiones, en cómo nos transmitían la necesidad de acompañamiento y fortalecimiento para seguir con el proceso de titulación colectiva de tierras a la vez que iban relatando sus propias historias, las historias de sus familias.

Ese día hicimos una especie de pacto, fue el día más importante porque acordamos que la estrategia del proyecto era desarrollarlo conjuntamente, una investigación-acción-participativa que profundizara en los vínculos y en los afectos, y que nos ubicaba a nosotros como facilitadores de un proceso que era de la comunidad. Desde ese momento, mediados de 2015, en el Salón Comunal se leía en las carteleras los acuerdos, compromisos que en un comienzo no eran más que letras en las paredes; sin embargo, bajo los principios ético-políticos del semillero, y teniendo de antesala el desarrollo de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP, estábamos pactando acuerdos de respeto, confidencialidad, apoyo mutuo y la posibilidad de construir un futuro transformador como una gran familia que trabaja ante la necesidad y que hace de esta una virtud.

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Laureano Narciso Moreno Gómez, líder del Consejo Comunitario de Calamar / Luis Fernando Gómez – Cortesía CESYCME

Es así como El vuelo de las gaviotas se tejió con las historias de la comunidad y con nuestras inquietudes conceptuales y metodológicas. En ese crisol de narraciones y sentires en el que nos dejaron entrar, al inicio todo giraba en torno a preguntas que nos hacíamos para entender cómo y porqué había pasado lo que sucedió en esta región. Nuestra experiencia en trabajo con negritudes era poca, pero paulatinamente comprendimos sus maneras particulares de habitar el espacio y las facilidades que tienen para transmitir sus vivencias a través de la tradición oral. Esto lo vimos cada vez que hacíamos visitas y estancias, más de 15 en los cuatro años de trabajo; siempre hubo un biche o arrechón para brindar y una gallina o un cachirre para compartir.

Historias de la violencia que sufrió Puerto Gaviotas surgían en torno a un delicioso sancocho de gallina con yuca y arroz. Historias negras. Historias indígenas. Historias de mujeres y hombres. Historias de dolor. Historias de reivindicación. Historias de resistencia. Historias de colonización. Diálogos en torno a un plato caliente, eso era lo que teníamos y éramos, palabras que tejían las historias de Puerto Gaviotas y que las transformaban en cada pronunciación.

Historias en las que descubrimos que en Colombia los territorios se alimentan de otras tierras, de otras costumbres y de otras formas de relacionarse con la naturaleza, pues en Puerto Gaviotas se encontraba población negra que llegó del Valle del Cauca, del Chocó y de Nariño, también había indígenas, campesinos que habían llegado por diversos motivos de muchos lugares de Colombia, algunos venían de Santander, Cali, Antioquia, Boyacá, la región Andina; todos con una misma necesidad: encontrar mejores condiciones de vida y la posibilidad de echar piquita para tener un terreno y montar rancho.

Día a día nos adentramos en un sinnúmero de memorias que llevaron al fortalecimiento colectivo del proceso. Memorias que dialogaban sobre un mismo hecho y  cogieron forma en los relatos. Nosotros dialogábamos con las memorias de jóvenes, mujeres, líderes, lideresas, hombres, ancianos, profesores, profesoras, raspachines; lo que propiciábamos eran los espacios de conversación. Sin embargo, no es fácil cuando se trabaja con tantas voces y se busca generar un relato colectivo, tener claro qué es hacer memoria.

El manuscrito de Ostaciana Moreno nos suscitó ese momento de reflexión. Cuando nos sentamos a leerlo descubrimos un relato impactante y doloroso que describía la muerte de un hijo, nos impactó mucho pues habíamos construido una historia que podía revictimizar. Poníamos la atención en sucesos de mucho dolor, y eso nos regresa a la pregunta: ¿Qué es hacer memoria?

cartografía social, investigadores con la comunidad – Foto tomada por Luis Fernando Gómez Investigador del Cesycme
Cartografía social, investigadores con la comunidad /Luis Fernando Gómez – Cortesía CESYCME

 

Nuestra intención no era revivir hechos atroces sino centrarnos en las historias de vida y rescatar las solidaridades, los repertorios colectivos de amor y las múltiples resistencias. Éramos muy conscientes de que el conflicto en Colombia ha generado millones de situaciones de violencia y dolor, pero no queríamos poner el foco de atención allí. Así que tras discutir reiteradamente, les preguntamos a las mujeres si querían que esa parte de sus relatos siguiera haciendo parte del texto, porque cada historia que lo componía se había nutrido desde los recuerdos de varias personas con coincidencias, dolores, esperanzas, sanaciones, perdones y olvidos estratégicos.

En ese encuentro nos dividimos en grupos. Cada joven escritor, según el relato que había construido, leyó su fragmento a las personas que posiblemente se reconocerían con cada uno de los siete relatos: la de Marceliano Moreno y la lucha de los negros en el Guaviare, la de Ostaciana Moreno y las huellas femeninas de la colonización negra, la de Floro: ¡ya son tres generaciones peleando y corriendo!, la de laa profesora Norelis Mosquera y la colonización educativa del Guaviare, la de los hermanos Rodríguez: de la tierrita a Puerto Morocho, la de Hugo Angulo,  el andariego juvenil que se quedó en Puerto Gaviotas, y la de los hermanos Carrizo, entre el miedo y la esperanza..

Cuando las mujeres, ancianos, jóvenes u hombres, escuchaban la lectura e iban ubicándose y reconociendo los lugares por donde transitaron, se sonreían o decían en voz alta: “Esa es mi historia”. Algunos lloraban, otros reían cuando les parecía ver aquellos paisajes que habían descrito en conversaciones, se sonrojaban y decían: “Ahí inicia mi parte”, “Esa soy yo”, “Ese es mi marido”, “Ese es mi hijo”. Eran instantes en que estábamos juntos en un espacio de confianza mutua donde todos construíamos una historia común.

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Paisaje del Guaviare /Luis Fernando Gómez – Cortesía CESYCME

La gente disfrutaba y compartía en torno a sus relatos, los corregían y se entusiasmaban al verse reflejados. Nosotros nos llegamos a sentir creadores de las historias; sus retroalimentaciones, comentarios y aportes nos recordaban que eran memorias colaborativas, que, yendo más allá de la guerra y las situaciones de dolor que genera, estábamos tejiendo un relato a muchas manos.

El vuelo de las gaviotas fue eso, construir y deconstruir una palabra, un gesto, un paisaje, llorar sobre mojado, revivir y resignificar, callar, decidir cuándo contar, qué olvidar o cómo sonreírle al pasado. Siete relatos que visibilizan historias de vida colectivas, historias de esas otras colombias que difícilmente se pueden escuchar en las calles, los parques, los salones, en otros lugares distintos al Salón Comunal en que se gestaron, y que solo son posibles en el encuentro cómplice de comunidades con proyectos de futuro trazados y grupos de investigadores que asumen el fortalecimiento comunitario como un propósito central del ejercicio académico.

El relato con el que cuentan hoy los habitantes de Puerto Gaviotas y que narra sus trayectorias, resistencias y demandas, les permite contar con una nueva herramienta para interlocutar con otras organizaciones, con instituciones del Departamento, alcaldías, asociaciones de negritudes, la gobernación y con otros grupos que quieren hacer procesos de memoria histórica de sus comunidades. Con un testimonio que da cuenta de su condición de sobrevivientes del conflicto armado, de la importancia de haber preservado muchas de sus costumbres ancestrales en una región distante de sus lugares de origen y de la necesidad de la titulación colectiva de las tierras que antes habían habitado, como parte de los procesos de reparación colectiva en un país que demanda memoria pero olvida con sistematicidad. La comunidad actual de Puerto Gaviotas y quienes tuvieron que abandonar ese territorio se han fortalecido y algunos tejidos sociales vuelven a tenderse en la posibilidad de un retorno.

Don Laureano dice agarrando el libro en lo alto: “Esta es la bandera del Guaviare, esta es la bandera de la paz en el Guaviare”. Y al llevar el libro a buen término podemos estar seguros de que cumplimos el papel como parte de la academia: fortalecer y aportar a procesos comunitarios sin crear relaciones extractivas, dependientes y paternalistas, por esto decimos que creemos en una academia crítica que dialogue con las agendas de las comunidades.

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Investigadores y miembros de la comunidad de Puerto Gaviotas y Calamar -/Colectivo Supresión Alternativa – Cortesía CESYCME

 


Miembros del Semillero Colectivo de Estudios sobre Memoria y Conflicto en Colombia: Johana Paola Torres, Luis Fernando Gómez, Diego Mauricio Fajardo, Diana Paola Salamanca, María Alejandra Grillo, Juliana Cubides, Marcos Alejandro Daza, Tomás Vergara, Daniel Ortiz, Laura Alexandra Valencia, Andrés Pacheco, Jefferson Jaramillo, Juan Sebastián Torres.

Sobre esta experiencia, el CESYCME produjo un documental que puede consultar aquí.

Acceda al libro resultado de la investigación aquí.


* María Gabriela Novoa es coordinadora de Comunicaciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana.

El camino hacia provincias turísticas sostenibles

El camino hacia provincias turísticas sostenibles

Reconocer las tradiciones de los campesinos mientras se camina entre las nubes del páramo, explorar las selvas andinas y amazónicas guiados por el conocimiento tradicional acumulado de sus habitantes o sumergirse en ambientes coralinos de la mano de pescadores artesanales, son algunas experiencias que ofrece la diversidad ecosistémica y cultural de Colombia a los visitantes nacionales y extranjeros. Tal forma de viajar, cuidadosa de los entornos y consciente de los posibles impactos de actividad turística sobre las tradiciones locales, es una alternativa frente a la tradicional visión irreflexiva del turista, que se va de estos y otros paisajes emblemáticos dejando más dudas que satisfacciones plenas.

La exuberancia de nuestros ecosistemas, además de ser el escenario para la foto del turista,  es un elemento sobre el cual se constituye la cultura de las comunidades anfitrionas. También es un factor que hace posible disfrutar de aguas cristalinas, maderas finas, carnes sabrosas y aire puro. Por tanto, reflexionar sobre el turismo en entornos naturales es importante para aminorar la potencial amenaza que representa la incontrolada llegada de visitantes a estos lugares, además de que permitiría entender cómo aprovechar  en mayor medida el patrimonio más valioso de la nación: la vida y las formas de vivir que hay dentro de ella.

Parques Nacionales Naturales (PNN), la entidad estatal encargada de la delimitación y funcionamiento de las áreas protegidas del país, ha comprendido el valor de este legado y, además de sus esfuerzos por la conservación, le ha apostado a la actividad turística como mecanismo para la generación de riqueza a partir de la biodiversidad. En este sentido, ha dado concesiones a importantes empresas hoteleras y ha establecido acuerdos con empresas comunitarias prestadoras de servicios ecoturísticos. Este segundo modelo funciona en ocho de los 23 parques abiertos para la visita del público y es el resultado del esfuerzo conjunto de comunidades y entidad por rememorar la historia de ocupación de las áreas designadas para la conservación e imaginar los beneficios de haberse empeñado en su protección.

/ Cortesía, Juan Ricardo Gómez
/ Cortesía, Juan Ricardo Gómez

Esta iniciativa vincula a campesinos y raizales vecinos, quienes conforman empresas comunitarias encargadas de ofrecer alojamiento, guianza y alimentación dentro de las áreas delimitadas. Así, pueden beneficiarse de la conservación de la biodiversidad en su territorio reduciendo el conflicto entre conservación y usos de los ecosistemas, y ofreciendo alternativas a la cacería, la venta de madera y carbón vegetal o el pastoreo de ganado. Por otro lado, este modelo turístico ofrece un valor agregado a la experiencia del visitante pues le permite reconocer el territorio a través de las narraciones y memorias llenas de elementos afectivos y simbólicos de sus habitantes.

En conmemoración de los primeros diez años del programa, PNN evaluó sus logros y retos enfatizando los aportes del turismo a la conservación de la biodiversidad, a la educación ambiental y al bienestar de las comunidades locales. Tal evaluación contó con el apoyo del Semillero de Investigación en Turismo Responsable de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, el cual reúne a estudiantes y egresados de distintas carreras y maestrías de la Universidad con un interés común: analizar los beneficios y perjuicios del turismo en los territorios del país, combinando la perspectiva social con la ambiental y económica.

Como parte de este proyecto, sus miembros visitaron el departamento de Boyacá para conocer dos experiencias turísticas insignia por su éxito y aportes a la sostenibilidad del turismo. Esta región, caracterizada por su clima frío y apariencia árida, de arquitectura colonial y bosques andinos cundidos de bromelias, albergó a los investigadores mientras indagaron por las dinámicas turísticas que tienen lugar en la provincia que se configura en torno a la plaza empedrada de Villa de Leyva y que incluye los robledales espesos de Arcabuco.

En ella se encuentra el Santuario de Fauna y Flora (SFF) Iguaque, donde opera una empresa comunitaria cuyo emblema evidencia la herencia muisca en el territorio. La empresa está conformada por campesinos de Arcabuco que reciben a los visitantes del Santuario en las cabañas y equipamientos construidos por PNN en montañas crespas y verdes, que se conectan por valles de frailejones y lagunas sagradas. Su representante legal, William Gómez, propone al turismo como una actividad complementaria para los habitantes del municipio, sin posicionarlo como eje único de la economía campesina. En su opinión, el turismo debe ser una herramienta para fortalecer la red de vecinos y el arraigo con el territorio, su historia cultural y su biodiversidad.

Tomado de: Parques Nacionales Naturales de Colombia.
Tomado de: Parques Nacionales Naturales de Colombia.

La zona es escogida por turistas nacionales e internacionales buscando descansar y disfrutar del aire fresco, o aprovechar las condiciones de alta montaña para entrenar y mantenerse en forma. Sea cual sea el motivo de su visita, la empresa busca acercar al turista a su territorio por medio de distintos canales: muestra la calidad de los productos agrícolas y pecuarios de las fincas campesinas que existen montaña abajo, también, aprovecha los recorridos por los senderos que llevan a la Laguna Sagrada de Iguaque para recordar aspectos de la cosmología muisca, como las técnicas para el estudio de los astros y la ubicación de otros cuerpos de agua sagrados. La visita al SFF Iguaque se convierte así en una experiencia que permite emparamarse de narraciones que resultan de la tradición, dando a conocer ampliamente la biodiversidad de las imponentes montañas que se alzan en medio del área protegida.

En Villa de Leyva, otro punto de esta provincia, el turismo ha crecido enormemente obligando a una reflexión sobre su desarrollo. El cielo sobre el municipio se llena de cometas para el festival en agosto, y su plaza y calles empedradas durante las temporadas altas de diciembre, Semana Santa y mitad de año son transitadas por hordas gigantescas de visitantes. La variación en la afluencia turística del municipio implica incrementos vertiginosos en la demanda de recursos como agua, alimento y servicios, al igual que en la producción de residuos, lo cual es un reto tanto para la administración local como para los habitantes.

/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.
/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.

Iniciativas como el Hostal Renacer, a las afueras del pueblo, buscan traer a la luz otros atractivos diferentes a los tradicionales y así aminorar la carga sobre atrayentes emblemáticos. El hostal promueve la visita a olvidados atractivos patrimoniales boyacenses, como los molinos de trigo del siglo XVII, saltos de aguas diáfanas y caminatas por espacios con un valor arqueológico distinguido. Esta empresa, en cuyo terreno desarrolla procesos de restauración ecológica, contribuye a acercar a los turistas extranjeros y académicos a la riqueza histórica, cultural y natural silenciosa. Óscar Gilede, su fundador, cuenta cómo su motivación fue incluir una oferta de hospedaje y guianza que permitiera el descanso en conjunto con actividades que brindaran información verídica, sin trampas turísticas; adicionalmente, se busca que los beneficios económicos derivados del turismo se distribuyan, de forma equitativa, entre la mayor cantidad posible de personas a partir del encadenamiento de diferentes actores en los recorridos turísticos ofrecidos en las áreas comunes del hostal. Así, vincula a distintos prestadores de servicios en recorridos como, por ejemplo, para el préstamo de caballos en cabalgatas o para las caminatas a Iguaque.

Los esfuerzos de estas empresas son un ejemplo de cómo se puede contribuir a valorar la riqueza cultural, histórica y natural de la región al reconocer la realidad del territorio para el desarrollo de la actividad turística, diversificando así los atractivos y respetando la identidad campesina de los habitantes, y cómo se puede contribuir, desde sus capacidades y aspiraciones, a la operación ordenada del turismo. Desde nuestro Semillero no sugerimos el tránsito de un modelo a otro, usamos estos ejemplos para exaltar la necesidad de reconocer la complejidad de los territorios al elaborar planes turísticos para aprovechar y conservar la diversidad biológica y cultural de Colombia.

También queremos resaltar la importancia de apoyar estas iniciativas que proponen oportunidades para un turismo responsable en zonas donde, muchas veces, son invisibilizadas. Consideramos como clave de éxito el fortalecimiento de una cultura de planificación para que los recursos y energía que moviliza el turismo contribuyan a la valoración, uso sostenible y conservación de la biodiversidad, a la viabilidad de su aprovechamiento económico y a la distribución justa de sus beneficios.


*Miembros del Semillero de Investigación en Turismo Responsable (Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Pontificia Universidad Javeriana).