Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Bryann AvendañoLa noticia sobre la inauguración del Centro de Desarrollo de Software en Quibdó-Chocó, alianza Servicio Nacional de Aprendizaje -SENA y la multinacional EVERIS, el pasado mes de mayo, deja un mensaje de esperanza para el país: una inversión directa y disruptiva para generar talento STEM (en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Con educación, se puede.

No obstante, noticias como esta provocan una pregunta para la prospectiva: ¿estas estrategias disruptivas son la mejor solución para llevar educación científica de alto nivel a las zonas rurales y olvidadas del país?

No pretendo responderla en los siguientes párrafos, pero sí quiero esbozar una estrategia que pide a gritos la juventud y que puede transformar la forma como educamos a la generación de jóvenes rurales en talento STEM para los próximos años.

Las comunidades de aprendizaje para la creación o Espacios Maker, también conocidos como makerspaces en inglés, son espacios para la creación y el desarrollo de las ideas. El Banco Interamericano de Desarrollo ha demostrado que estos espacios promueven el capital social, promoviendo una red de colaboración en la que se comparten conocimientos, se incentiva el pensamiento crítico y se dota de recursos y herramientas a los participantes para que pasen de las ideas al prototipo y el emprendimiento.

En varios países desarrollados los Espacios Maker ya están en las bibliotecas públicas y cuentan talleres abiertos de mecatrónica, computadores para el desarrollo de videojuegos y software, impresoras 3D, estudios de grabación musical y hasta estudios de tejido. Estos espacios no son algo nuevo en Colombia. El SENA, por ejemplo, ha desarrollado las tecnoacademias. Estas comunidades de aprendizaje ya suman 14 centros en todo el territorio nacional, incluso, llegando a zonas rurales apartadas y veredas a través de las tecnoacademias itinerantes (Aún intermitente en el Chocó).

Basta con describir lo que pasa en una tecnoacademia del SENA para descubrir la ventaja de tener un espacio maker en una zona rural.

La Tecnoacademia en Túquerres, seccional Nariño, por ejemplo, fue una apuesta por llevar una política vanguardista donde el acceso a una infraestructura para la educación terciaria de calidad, muchas veces estaba limitada. Bastó con algo de voluntad política para convencer a un gobierno local de jalar este espacio de aprendizaje a una zona papera del sur colombiano.

Allá, en ese rincón de Colombia donde empieza el país, la tecnoacademia de Túquerres es orgullo nacional y nariñense por su infraestructura de alta generación, con ocho ambientes de aprendizaje y laboratorios completamente dotados en sus áreas: tecnología, física, biología y química. Además, un auditorio de construido como domo geodésico multifuncional es evidencia de un pueblo que florece por su tecnología, en las montañas a más de 3.000 metros de altura.

Lo importante de esta tecnoacademia no es solamente su infraestructura, sino que el proyecto de aprendizaje ha llevado a niños de las veredas a ferias científicas en Francia y Brasil, tras su éxito al explorar la nanotecnología y biotecnología aplicadas a la agroindustria. Una muestra de que los niños de zonas rurales atendiendo centros de Maker Space como las tecnoacademias, al estar en contacto con estas estrategias educativas de disrupción, pueden ver en la investigación un proyecto de vida. Pero esto no ha sido un trabajo fácil, necesitaron orientación, guía técnica y todo un equipo humano detrás de los espacios de creación-aprendizaje.

Y sí, así como se inauguró el centro de software, ya es hora de tener una tecnoacademia física en el Chocó como una forma de reclamar políticas de acceso a la educación científica de calidad, llevando un Maker Space a estas zonas apartadas, donde la deuda no solamente es en infraestructura, sino en potenciar lo que será el equivalente al Silicon Valley de la biodiversidad: un Chocó que explora de manera sostenible sus recursos naturales para el desarrollo regional y la formación de talento STEM.

Que sea apuesta por exponer a los niños y jóvenes a la educación científica, no solamente con infraestructura de calidad, sino con el acompañamiento adecuado de profesionales de la educación que le apuesten a un cambio sistémico: comunidades de aprendizaje para el desarrollo del talento STEM, una apuesta de país que no puede quedar solamente en un titular de periódico, debe replicarse y sostenerse.

Pero por favor, arranquemos primero con una apuesta al desarrollo del talento STEM para la región que inspire la futura generación de científicos del país.

Bryann Avendaño-Uribe es científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

La matrícula cero no es suficiente: ideas para una mejor educación en Colombia

La matrícula cero no es suficiente: ideas para una mejor educación en Colombia

Colombia atraviesa tiempos difíciles, no solo por la pandemia que ataca a todo el mundo, sino porque ya se completó un mes de paro nacional. En medio de esto se volvió a hablar de educación, una demanda histórica por la que actualmente muchos jóvenes están marchando, y para la cual el presidente Iván Duque, junto con la ministra de Educación, María Victoria Angulo, anunciaron el pasado 11 de mayo que habrá matrícula cero para los jóvenes de estratos 1, 2 y 3 en educación superior pública.

Por primera vez en la historia del país el 97 % de los estudiantes de educación pública superior, técnica y tecnológica tendrán matrícula gratuita para el segundo semestre de 2021 y, además, quedó expresa la intención del gobierno de hacer de la gratuidad de la educación pública, una política de estado sostenible y permanente.

Según el Ministerio de Educación, estos recursos se gestionarán a través del Fondo Solidario para la Educación, creado mediante el Decreto Legislativo 662 de 2020, que se suma al capital ya destinado a programas como Generación E.

¿Una medida insuficiente?

Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, llama la atención sobre el filtro que se hará para tener acceso a estos beneficios, pues “el estrato es una característica de la vivienda, no de los ingresos de las personas, por lo que si se va a volver algo permanente, no debería usarse este mecanismo de selección, pues podríamos estar generando incentivos para que las personas se cambien de lugar de residencia con el fin de acceder al beneficio”.

Al respecto, la ministra de Educación se refirió en entrevista con El Espectador diciendo que “inicialmente se ha optado por este mecanismo de estratificación. No obstante, de manera coordinada con el Departamento Nacional de Planeación y el Departamento de Prosperidad Social, avanzaremos en la construcción de una política que integre estos mecanismos de focalización”.

También hay que tener en cuenta que esto no implica aumento de cobertura, lo que quiere decir que la matrícula cero no va permitir el ingreso de muchos más jóvenes a la educación superior. Abadía expone que esto responde a que las instituciones oficiales tienen una fuerte restricción de cupos, recursos e infraestructura. Por otro lado, dice la profesora javeriana que “para muchos de estos jóvenes, la principal barrera económica, quizás, más que las matrículas, es el sostenimiento diario en la institución”.

La mitad de los jóvenes entre 17 y 21 años logra ingresar a la educación superior, es decir, cerca de dos millones de estudiantes. El 40 % deserta entre el primer y el décimo semestre por falta de recursos y también por deficiencias en las bases que traen desde el colegio. Luz Karime Abadía, LEE

Si bien este avance representa un logro que beneficiará a 693 mil estudiantes de casi un millón cien mil matriculados actualmente en las instituciones oficiales, “no es lo más urgente dadas las grandes carencias que tenemos en el sistema de educación colombiano y que pasan no solo por consolidar estas iniciativas como políticas de estado, sino por atender múltiples deudas históricas y necesidades en términos de inequidad, calidad y otros más que aquejan al país”, opina Abadía.

¿Cuáles son las deudas con la educación en Colombia?

Matrícula cero

Se ha dicho que la educación es el arma más poderosa, sin embargo, el rezago en materia de acceso y calidad ha desprovisto al país de la posibilidad de usar la educación como arma. En su lugar, según indica Óscar Julián Cuesta, máster en Educación y profesor del Departamento de Formación de la Javeriana, la educación ha sido sinónimo de una lucha histórica que se ha hecho más visible con la pandemia.

Para Cuesta la primera gran deuda es la educación rural, pues el Estado colombiano entiende la educación rural como algo precario que necesita alcanzar los niveles de la educación urbana, desconociendo que no se trata solo de las inequidades entre el sector urbano y rural en términos tecnológicos y de acceso, entre otros, sino del contexto y las necesidades de cada territorio del país.

En segundo lugar, “se piensa que el problema de Colombia es del aula, entonces, ‘la educación está mal porque a los estudiantes les va mal en las pruebas estandarizadas’, y no. El problema educativo va más allá, es social, económico, cultural. En ese sentido, tenemos una deuda con la comprensión del fenómeno educativo”, dice Cuesta.

El experto insiste en que hay dificultades de fondo que están asociadas a los malos resultados como, por ejemplo, si un niño o niña está desnutrido, sufre la violencia directa o le enseñan realidades que nada tienen que ver con la suya como sucede con los estudiantes de zonas rurales.

“Por más que los profesores se esfuercen, estas otras variables influirán para que no tengan los resultados esperados. Para los gobiernos es fácil decir, ‘mejoremos a los profesores para mejorar la educación’, pero de nada sirve tener buenos profesores si los estudiantes tienen una complejidad social que no les permite ir al aula con la disposición requerida”, comenta.

Como tercer punto está la gran deuda con los maestros. El profesor javeriano asegura que después de la década del 80, cada vez han sido más las políticas que marginan al profesor, “el docente no piensa el currículo, no tiene momentos para discutir la enseñanza; ahora el proceso educativo viene prefijado por currículos preestablecidos; cada vez se pierde el rol de intelectual y trabajador de la cultura y su labor no es bien remunerada”.

Luz Karime Abadía, del LEE, resalta la deuda con la educación básica y media, en donde están, para ella, los rezagos más grandes en términos de educación pública y privada y los métodos de enseñanza, “seguimos siendo muy tradicionales, nuestros planes de estudio son los mismos de hace 50 años. Seguimos enseñando de memoria, conceptos y asignaturas en lugar de enseñar habilidades para el mundo”.

¿Cuáles deben ser los cambios para una transformación estructural?

Tras años de investigar las diferentes problemáticas educativas del país, de forma soñadora pero posible, los investigadores consultados para este artículo proponen varias alternativas:

Un proyecto para la educación rural que motive a los profesionales a irse a territorios rurales, “personas que quieren hacer su proyecto de vida en territorio, que formulen una pedagogía de compromiso social en donde los currículos respondan a las necesidades y memoria histórica del lugar. Eso partiría de un compromiso por parte del Ministerio de Educación para generar condiciones favorables para estos profesionales”, dice Cuesta. Hecho que se une a la necesidad de reivindicar la práctica docente.

“La sociedad se tiene que dar cuenta de que los profesores hacen una labor irremplazable, si no hay docentes, no hay escuela, y esto, a su vez, implica una mejora salarial equiparable a su trabajo, porque educar va más allá de generar aprendizajes, es un proceso de formación”, enfatiza Cuesta. De esta manera se genera un efecto motivador para que los mejores estudiantes y futuros profesionales se animen a participar de esta labor, complementa Abadía.

Los expertos también resaltan la necesidad de abandonar los currículos estandarizados para pensar en unos más contextualizados y territorializados, y de la misma manera encontrar nuevos mecanismos de evaluación que permitan valorar el progreso, por ejemplo, de la educación en la ruralidad. Asimismo, metodologías basadas en experiencias y desarrollo de habilidades, más que en la memoria.

Una mirada fuera de las aulas

Para el profesor Cuesta, nada de esto es posible si no se resuelven los problemas sociales, no solo de acceso, infraestructura y calidad educativa, sino también situaciones elementales en las que la sociedad se comprometa a educar como una responsabilidad de todos.

“No es deber de la escuela resolver los problemas sociales (violencia, pobreza, discriminación, exclusión migratoria, entre otros) para que la escuela se dedique a hacer lo que debería hacer. Padres de familia, iglesias, medios de comunicación y sociedad civil en general deben formar a los nuevos sujetos en convivencia, respeto, cuidado al prójimo y demás valores, así como la cobertura de las necesidades básicas por parte de las familias y el Estado”, argumenta el profesor javeriano.

Tanto Abadía como Cuesta coinciden en que educar es un asunto que debe ser de debate público e interés común. Sobre esto último, el profesor invita a la comunidad a participar y a pensar en la educación que queremos y necesitamos; en los sujetos que estamos formando para darle a este debate la dimensión política que merece.

¿Qué debo saber de la vacunación contra la covid-19 en Colombia?

¿Qué debo saber de la vacunación contra la covid-19 en Colombia?

Que si mejor escojo la vacuna que debo aplicarme, que cuál es el tiempo ideal entre las dosis, que si mi empresa podrá traer vacunas a Colombia para combatir la covid-19, que si tendré efectos secundarios delicados al vacunarme. Estas y más preguntas son las que siguen rondando en las conversaciones familiares del país. Muchas de ellas resueltas a través de fuentes que desinforman y confunden. Por eso, el diario El Tiempo y la Pontificia Universidad Javeriana se unieron para aclarar las dudas sobre la covid-19 y la vacunación.

Expertos epidemiólogos, infectólogos, pediatras, oncólogos y otros especialistas explican, en un minuto, lo que se debe tener en cuenta mientras la vacunación continúa en Colombia.

El Plan Nacional de Vacunación se encuentra en su tercera etapa, enfocada en los ciudadanos entre 50 y 59 años y mayores de 16 años con alguna comorbilidad. También incluye a los directivos, docentes y personal de apoyo logístico de los establecimientos de educación inicial, básica primaria, básica secundaria, educación media y superior; a las madres y padres comunitarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y a los miembros de la Fiscalía, las Fuerzas Militares y la Policía.

¿Qué preguntas tiene sobre la covid-19 y las vacunas?

Frente a las secuelas de las vacunas, la relación con otras enfermedades crónicas y la decisión de vacunarse, expertos javerianos rompen las barreras de la desinformación y desmitifican ideas que circulan en nuestras redes sociales con el propósito de tomar mejores decisiones.

● SinMitos: las preguntas más comunes sobre vacunación y la COVID-19

¿Generan algún daño la vacuna en los genes?, ¿qué es efecto rebaño?, ¿cuándo comienza a hacer efecto la vacuna después de habérmela aplicado? Estas y otras preguntas las atienden los expertos javerianos aquí:

¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19? | Revista Pesquisa Javeriana

Pacientes con cáncer, enfermedades autoinmunes, respiratorias y madres gestantes ¿también deben vacunarse? Respuestas a cada una de estas preguntas:

SinMitos: ¿Los pacientes con cáncer y otras condiciones especiales deben vacunarse?

Durante esta semana las redes de El Tiempo y de la Pontificia Universidad Javeriana publicarán los videos con las respuestas a todas estas preguntas. Igualmente, se desarrollará el miércoles 3 de junio la tuiteratón con la etiqueta #SinMitos para romper la barrera de la desinformación sobre covid-19 y el proceso de vacunación.

Cualquier nueva pregunta transmítala a las cuentas de Twitter @eltiempo o @pesquisajaveriana y un experto la resolverá.

Cigarrillo electrónico, el enemigo oculto

Cigarrillo electrónico, el enemigo oculto

No por inhalar un cigarrillo electrónico el fumador debe estar tranquilo. Luego de revisar más de 90 artículos científicos sobre los posibles efectos de este dispositivo, investigadores javerianos concluyen que estos cigarrillos pueden generar efectos adversos a la salud de quien los consume.

Más exactamente, dicen que “el uso de cigarrillos electrónicos continúa siendo una fuente de exposición a sustancias con potencial carcinogénico […], promueve daños en las células, afecta la respuesta inmune normal y, en altas dosis, el desarrollo normal de los fetos”.

Aseguran que alteran procesos epigenéticos en el organismo, lo que significa que la molécula del ADN del fumador se desestabiliza a causa de factores ambientales, generando cambios en la manera como se expresan los genes que cumplen funciones específicas. “Se transforma [esa expresión de los genes]si yo, por ejemplo, estoy expuesta al vapor del cigarrillo electrónico, vivo en un lugar contaminado o si tengo una mala dieta”, explica Camila Bernal, estudiante del Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar, de la Pontificia Universidad Javeriana. “Se activan los genes que no deberían estar activos en condiciones normales o se reprimen los que deben estar activos, algunos de los cuales se asocian a inestabilidad genética, que podría originar el cáncer”. Y añade: “Eso explicaría, por ejemplo, por qué unas personas, teniendo ciertos estilos de vida, son más susceptibles a ciertas enfermedades”.

Un viaje al interior del cigarrillo electrónico

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos “que calientan una solución líquida para crear vapor, el cual es inhalado por los usuarios”, de acuerdo con el Ministerio de Salud y Protección Social.
Entre los principales ingredientes que ‘vapean’ los consumidores se encuentra el propilenglicol, cuya inhalación a altas temperaturas puede irritar ojos y garganta, y afectar las vías aéreas. La mayoría de soluciones contiene además glicerol, que puede desarrollar diferentes enfermedades pulmonares, nicotina, sustancia adictiva que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y gastrointestinales, y sabores aromatizantes, que aparentemente no son tan inofensivos.

En la industria alimentaria, explica Bernal, es posible que algunos alimentos contengan propilenglicol y glicerol, lo cual está aprobado. Pero no es lo mismo ingerirlos que inhalarlos. “En uno de los artículos que revisamos, esos compuestos son el tipo de diluyente que genera algunos daños a nivel inmunológico e inflamatorio”, asegura. “A eso se suma que cuando le ponemos el sabor a fresa, en la vaporización del saborizante cambian los compuestos y se generan diferentes reactivos, que también serán dañinos. Entonces, cuando se cambia el proceso, y ya no se trata de ingerir sino de inhalar, la combustión también cambia todos esos compuestos que tienen los cigarrillos electrónicos y generan consecuencias como irritación de las vías respiratorias”.

La idea para producir este tipo de cigarrillos viene desde la década de los años sesenta. Pero solo fue hasta 2003 cuando Hon Lik, médico farmacéutico chino, fumador él desde su infancia y con el firme deseo de dejar de hacerlo, convirtió ese sueño en una realidad y comercializó el producto. Desde entonces ha habido al menos cuatro generaciones de dispositivos con tecnologías cada vez más refinadas

El artículo “Electronic cigarettes: Genetic and epigenetic impact (review)”, publicado en la revista científica International Journal of Epi – genetics, destaca la evidencia de 87 compuestos químicos en los cigarrillos electrónicos. “El combustible es muy variable”, precisa Nicolás Niederbacher, uno de los 18 autores del artículo, todos pertenecientes al semillero de investigación dirigido por la bioquímica Adriana Rojas. “Quizás esa heterogeneidad entre los combustibles es lo más llamativo, porque en realidad no hay un proceso estandarizado de fabricación”, señala el investigador.

Y si uno revisa los empaques, difícilmente encontrará una etiqueta que mencione los ingredientes que el fumador está aspirando. “En un cigarrillo electrónico puede haber compuestos ácidos, alcoholes, solventes, heterocíclicos”, afirma Bernal, y agrega que “muchas de estas sustancias que se generan en el proceso de vaporización son dañinas para la salud, como metanoles y benzaldehídos. Son una amplia gama de compuestos que son conocidos por ser nocivos para la salud”. Faltan más estudios, pero la conclusión es que estos compuestos predispondrían a enfermedades asociadas con la respuesta inflamatoria, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma, enfermedades del sistema inmune, alergias y cáncer.

Por esa razón, los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés), ambos organismos de Estados Unidos, advierten: “Los productos de cigarrillos electrónicos o vapeo (que contengan nicotina o THC) nunca deben ser usados por jóvenes, adultos jóvenes o mujeres embarazadas”. Eso lo tienen comprobado.

Ilsutración-Portada-Pesquisa-55

Un semillero con investigadores de varias disciplinas de pre y posgrado

El Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar nació en septiembre de 2014 a partir del interés de dos profesoras, una clínica y una bioquímica, de la Facultad de Medicina de la Javeriana, convencidas de que la interdisciplinariedad en la investigación científica es la clave para lograr la excelencia. Su lema es 1+1=1. “Tenemos claro que es muy importante la fusión de esas dos áreas. Somos un equipo y cada uno aporta desde su saber”, dice Adriana Rojas. Empezaron con tres estudiantes y hoy son alrededor de 25, entre los cuales algunos están iniciando su pregrado y otros terminando su doctorado. El único requisito es “tener ganas de aprender”.
El artículo científico que publicaron en inglés, en una revista internacional, fue un logro, así mismo, han publicado dos artículos más en revistas colombianas y en español, producto de las campañas y actividades que realizan la Facultad de Medicina, el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) y el Centro Javeriano de Oncología para promover la cesación del tabaco, cuenta Alejandra Cañas.

“En el Simposio de 2019 organizamos un conversatorio sobre cigarrillo electrónico. Preparamos conferencias y, después de eso, dijimos: hay que escribirlo”, recuerda la investigadora.

Presentaron el artículo a dos revistas y fue rechazado. La tercera fue la vencida. “El último editor celebró que los autores fueran estudiantes de pregrado y posgrado, y destacó la buena calidad de la investigación y el buen inglés”, destaca Rojas.

 

Más sobre los procesos que producen efectos nocivos

Bernal y Niederbacher explican que en los artículos revisados se destacan diferentes investigaciones llevadas a cabo en ratones, anfibios y modelos celulares. En el primer caso, se hicieron pruebas en ratonas embarazadas de las que se concluyó que el vapor del cigarrillo electrónico afecta al feto, especialmente a nivel pulmonar, y en el segundo caso se presentaron cambios morfológicos en los anfibios, principalmente en su sistema óseo. “Estos modelos animales validan la hipótesis de que los cigarrillos electrónicos afectan genes que están involucrados en procesos trascendentales, como el desarrollo embrionario, incluso pueden transmitirlos a su descendencia”, afirma Bernal.

“El problema con estos dispositivos es que la población en riesgo somos todos”, agrega Niederbacher, “y como todos estamos en riesgo, y como el vapor de estos dispositivos genera efectos en células animales que, aunque son diferentes, tienen muchas similitudes con las células humanas, se justifica el hecho de ejercer medidas utilizando el principio de precaución”.

La historia detrás de la historia

En Colombia, el 16 % de los universitarios ha usado cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida, según datos del III Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas, realizado en 2016. Cinco años más tarde, es muy probable que este porcentaje haya subido, razón por la cual los investigadores del semillero han iniciado otro proyecto ―en asocio con las universidades Industrial de Santander y Tecnológica de Pereira, y la Asociación Colombiana de Neumología y Cirugía de Tórax (Asoneumocito)―, para demostrar el impacto genético y epigenético de los cigarrillos electrónicos en jóvenes universitarios. “Los estudiantes de colegio y los adolescentes universitarios son los mayores consumidores de cigarrillo electrónico en este momento en el mundo”, asegura la neumóloga del HUSI y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, Alejandra Cañas.

En su portal web, la tabacalera Phillip Morris International ofrece “dos productos innovadores de tabaco calentado: iqos y teeps”, además de los cigarrillos tradicionales. Sobre el primero, dice que ya cuenta con “millones de consumidores”. Pero reconoce que su departamento de innovación y desarrollo está creando “alternativas menos perjudiciales que los cigarrillos”, con lo que confiesa el potencial daño de sus productos.

“Lo que han hecho es atraer a grandes empresas que trabajan en el llamado ‘neuromárketing’, y el foco son los adolescentes”, resalta Cañas. Debido a su trabajo en prevención del uso del tabaco, esta investigadora considera que el consumo de cigarrillos electrónicos es un problema de salud pública, porque además, dice, “afecta al consumidor, a quien está a su lado, y genera contaminación ambiental. Esto lo tenemos que frenar. Es una responsabilidad social”, concluye.

 


Para leer más: Niederbacher, N. et al. (2021). Electronic cigarettes: Genetic and epigenetic impact (Review). International Journal of Epigenetics, 1(2). https://doi.org/10.3892/ije.2021.2
Epilab. Epigenetics & Cancer Research Group. https://epilab.co/

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Electronic Cigarettes: Genetic and epigenetic impact (review) INVESTIGADORAS PRINCIPALES: Adriana Rojas y Alejandra Cañas
COINVESTIGADORES: Nicolás Niederbacher, Litzy Gisella Bermúdez, Daniel Mauricio González, Camila Bernal, Francisco García, Daniel León, María José Pinzón, Carlos Camero, Ithzayana Madariaga, Paula Sánchez, Andrea Rodríguez, Salime Hurtado, Catherine Tovar, Santiago Rodríguez-Ariza, Rafael Castro, Mariana Guerra
Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar
Instituto de Genética Humana
Departamento de Medicina Interna
Facultad de Medicina
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-actualmente.

 

                          

“Con los pies en la tierra y los ojos en el firmamento”

“Con los pies en la tierra y los ojos en el firmamento”

Cuenta el historiador y genetista javeriano Alberto Gómez Gutiérrez que tanto en el escudo de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFyN) como en el del Observatorio Astronómico Nacional, se lee: “pies en la tierra, ojos en el firmamento”. La esencia de la ciencia; lema interpretado por el académico Gómez como “una mirada focalizada en lo inmediato y en lo más distante, o más profundo”.

Y así pueden haber transcurrido los 85 años que hoy cumple la Academia, en su afán –y su misión – de promover, apoyar y aportar su experiencia para darle rumbo a la ciencia colombiana, como lo hace hoy en día en temas ambientales, de educación y salud, entre otros.

Es que la ACCEFyN, por ley, es órgano consultor del Gobierno Nacional en diferentes temas de su competencia. Por ejemplo, el Decreto 2372 de 2010 le da poder para emitir concepto en la creación, ampliación o modificación de las áreas protegidas como parques naturales y santuarios de carácter nacional, concepto que debe ser acatado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Social.

La historia de los 85 años de la Academia se puede leer a partir de hoy por internet en el libro Ciencia, Humanismo y Nación, casi 200 páginas escritas por varios académicos que narran desde los antecedentes hasta los impactos que ha tenido su quehacer en estos años, así como los retos que deberá enfrentar en un país con un recién nacido Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, –en cuya creación tuvo mucho que ver–.

“En la reunión que tuvo Iván Duque con la Academia antes de posesionarse como presidente de la República se comprometió a crear el Ministerio y a convocar la Misión de Sabios”, advierte el actual presidente de la ACCEFyN, el botánico Enrique Forero González.

La Academia son los académicos

En su mayoría, si no todos, los académicos son o han sido profesores universitarios. De la Pontificia Universidad Javeriana trece profesores investigadores son académicos, de un total de 244 miembros que tiene la ACCEFyN en la actualidad.

Pero por sus pasillos han pasado más de 500, y aunque el presidente Forero dice que “somos todos los que estamos pero no estamos todos los que somos”, reconoce que “la riqueza intelectual de sus miembros y la capacidad que tenemos de contribuir al estudio y solución de los grandes problemas del país”, es lo que más se destaca de la Academia.

Investigadores javerianos de la Academia Colombiana de Ciencias

Cuadro javerianos

¿Cómo está conformada la Academia?

Hoy en día, para ser académico se necesita demostrar dedicación a la investigación científica –no solo en ciencias exactas, físicas y naturales–, tener amplio reconocimiento por sus publicaciones científicas y haber preparado nuevas generaciones de científicos. Quien presenta un candidato debe profundizar en el posible impacto de los resultados de las investigaciones del futuro académico y las contribuciones al nuevo conocimiento mundial.

Su trayectoria ha de ser demostrada, independientemente de su edad. Hay científicos que se han posesionado a los 40 años, algo que no ocurría hace un tiempo. Además, Forero creó la Academia Joven, a la que hoy pertenecen 17 científicos, algunos de ellos en los treintas.

“Es un grupo interdisciplinario, son muy activos y llenos de ideas. Me gané la lotería con ellos”. Lo dice porque le han inyectado un nuevo aire a los debates que promueve la Academia y actualmente participan activamente en las comisiones que le hacen seguimiento a las propuestas de los ocho focos de la Misión de Ciencia del 2019.

También se destacan las mujeres académicas, algunas de las cuales le han dado vida a la Comisión de Género, Ciencia y Tecnología, liderada por Ángela Camacho.

En los últimos siete años la participación femenina ha aumentado en 52 %, mientras que la masculina aumentó en 12 %. Esta ha sido la respuesta al interés de reconocer el aporte de la mujer científica colombiana, respetar su trabajo, ofrecer las mismas oportunidades y herramientas que sus colegas hombres, y “erradicar el abuso tanto en el aspecto laboral como sexual en las universidades y centros de investigación”, de acuerdo con Camacho.

Como dato curioso, varios sacerdotes han sido miembros de la Academia de Ciencias. El padre jesuita Jesús Emilio Ramírez S.J., quien fue rector de la Javeriana, fue su presidente durante diez años. El historiador Gómez menciona además a los padres Simón Sarasola (meteorólogo), Lorenzo Uribe (botánico y zoólogo), José Rafael Arboleda (antropólogo), Carlos Ortiz (físico) y Enrique Pérez Arbeláez (botánico).

La Academia echa raíces en las regiones

El carácter bogotano de la Academia de Ciencias ha quedado atrás. El siglo XXI llegó para extender sus redes con la apertura de capítulos como el del Caribe, con sede en la Universidad de Cartagena; el suroccidental, en la Universidad del Valle; el de Antioquia, cuyas sedes han estado en las universidades Nacional, sede Medellín, y a de Antioquia; y el nororiental, en la Universidad Industrial de Santander.

Este “ha sido un movimiento positivo de la Academia”, de acuerdo con el inmunólogo Luis Caraballo, director del capítulo del Caribe, porque la ha hecho más visible y ha dado la oportunidad de aumentar el número de miembros más jóvenes, “lo que le da a la Academia un especial impulso”.

Algunos académicos han conquistado espacios en la prensa, lo cual les permite llevar el mensaje de la ciencia a públicos más amplios y “tratar de persuadir a las autoridades estatales y municipales sobre los beneficios de orientar las políticas hacia un comportamiento racional y más científico”, continúa Caraballo.

El capítulo de Antioquia es muy activo en términos de divulgación, gracias a la alianza que tiene con el Parque Explora, en diferentes programas como Los científicos vuelven a la escuela, en el que los académicos cuentan a los estudiantes sus historias de vida y su motivación para dedicarse a la investigación científica, o La ciencia en bicicleta, evento multitudinario en el que los académicos tienen la oportunidad de conversar con los ciudadanos sobre sus investigaciones.

“A pesar de los logros, dista de ser una estrategia consolidada”, afirma el académico Luis Carlos Arboleda, refiriéndose a que cada vez es más necesario el relacionamiento institucional para lograr mayor visibilidad y que el país “relacione el conocimiento con el desarrollo humano de las regiones”.

Eso significaría, entre otras, hacer más esfuerzos para promover la carrera investigativa “buscando la legitimidad social del investigador científico, que es una agenda de nunca acabar en nuestro país, con una altísima marginalidad de la ciencia”.

De cualquier manera, según el académico Luis Alejandro Barrera, “para uno como científico es un honor pertenecer a la Academia”. Y a las universidades cada vez les interesa más que sus científicos sean miembros de las academias –no solo de la de ciencias sino la de historia, la de la lengua, la de ciencias económicas, por mencionar solo algunas–, porque se convierte en un termómetro de su calidad científica.

La relación de la Academia con la universidad colombiana es un “gana-gana”, dice la actual decana de ciencias de la Javeriana, Concepción Puerta, también académica, porque actúa como “articulador en temas donde la universidad necesita la visión externa para nutrirse”.

La universidad, por su parte, entrega a la academia “la sumatoria de la experiencia de cada uno de sus académicos en el aporte al desarrollo de actividades, planes y proyectos de la Academia”, a través de las diferentes comisiones que se reúnen periódicamente.

¿Cómo incidir en la política científica del país?

Desde su creación, la ACCEFyN, como las otras academias, tiene el encargo de asesorar al gobierno en los temas que son de su competencia. Y si bien en las últimas décadas sus presidentes han promovido esa cercanía, uno podría decir que los gobiernos no han sido lo suficientemente receptivos, como esperarían los académicos.

La Academia de Ciencias ha incidido en campos como los estudios de alta montaña, emisiones de gases de efecto invernadero, clima, energías alternativas, medio ambiente, políticas sobre reformas científicas y educativas, estrategias para el mejoramiento de la enseñanza de las ciencias, entre otros. Pero en sus miembros tiene un potencial enorme que no ha sido aprovechado.

Son incontables los documentos que han generado los académicos, la participación en reuniones, las cartas con propuestas de soluciones a los temas que afronta el país y la respuesta de los gobiernos es generalmente tímida, cuando no inexistente. Por eso es necesario ´pisar más fuerte´, de tal manera que el conocimiento se convierta en una plataforma que apoye un desarrollo de país con base en su gran diversidad.

“Ahí hay una agenda por realizar”, dice Arboleda, quizá promoviendo “en las comunidades científicas las iniciativas –que hoy son todavía aisladas–, de pensamiento interdisciplinario sobre grandes problemas nacionales del desarrollo regional y local”.

Para lograrlo, dice la decana Puerta, “este país necesita que el ciudadano comprenda el valor de la ciencia para el desarrollo y la economía del país. Ese valor agregado que ofrece la ciencia para que no sea un país extractivista”.

Una Colombia con ´los pies en la tierra´, que tome decisiones basadas en evidencias surgidas de la investigación científica, pero con ´los ojos en el firmamento´, lo que significa una mirada de mediano y largo plazo que busque solucionar problemas estructurales y no solamente los del día a día.

Para asistir a la celebración en vivo de los 85 años de la Academia, puede seguir la transmisión que se realizará a través de YouTube haciendo clic en este enlace. El evento se realiza el 28 de mayo, inicia a las 9 a.m. y termina a las 7 p.m., luego de la presentación del libro Ciencia, Humanismo y Nación.

Protestar en la calle: ¿funcionan otros mecanismos de participación ciudadana?

Protestar en la calle: ¿funcionan otros mecanismos de participación ciudadana?

Cuando hay manifestaciones que obstaculizan las vías públicas es común encontrarse con frases como: “Esas no son formas de protestar”, “están afectando al mismo pueblo”. En el marco del paro nacional que comenzó el pasado 28 de abril, parte de la discusión nacional ha sido cuál es la mejor forma de expresar las inconformidades.

Aunque el debate inspire las posiciones más opuestas, en la Constitución colombiana existen consagrados cinco mecanismos de participación ciudadana que eventualmente podrían ayudar a conseguir los cambios que se procuran durante las manifestaciones.

Patricia Inés Muñoz es profesora y directora de posgrados del Departamento de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana. Una de sus áreas de investigación es la cultura política del país. Para la docente es necesario revisar el estatuto de participación ciudadana (ley 1757 de 2015), pues si bien los mecanismos están estipulados, los requisitos incluyen creación de comités, recolección de firmas, umbrales de votación y otra serie de procedimientos que los hacen complicados.

“En términos generales los mecanismos fueron concebidos bajo una serie de requisitos que la mayoría de las veces hacen difícil el éxito del uso del mecanismo por parte de los ciudadanos”, dice Muñoz.

Y las cifras parecen respaldarla. Desde 1991, que existen estos mecanismos, solo un alcalde ha sido removido de su mandato a través del mecanismo popular de revocatoria. Fue en el municipio de Tasco, Boyacá, en 2018. Esto a pesar de las decenas de solicitudes que llegan a la registraduría. En 2017 se presentaron 47 y actualmente cursan 67 solicitudes contra alcaldes. Estos procesos se vieron frenados por la pandemia ante la imposibilidad de recolectar firmas.

En referendos las historia no es muy diferente. En diálogo con El Espectador, Clara Rodríguez, profesora e investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, recordó que en el país solo se ha votado un referendo a nivel nacional. Este fue propuesto por Álvaro Uribe en 2003, constaba de 14 preguntas y solo una alcanzó el umbral de aprobación: la de la muerte política a condenados.

Adicionalmente, estos procesos están lejos de ser prácticos. Su aplicación puede tomar más de un año, por lo que no serían una alternativa efectiva para cierto tipo de decisiones que requieren mayor urgencia y sin contar los costos que implican.

Según la Registraduría Nacional del Estado Civil los procesos de revocatorias del mandato que están hoy en curso costarían cerca de $200 mil millones. Solo en una ciudad como Medellín, este proceso estaría rondando los 1500 millones de pesos.

La cifra aumenta si se consulta una decisión a nivel nacional. El plebiscito que refrendó los acuerdos de paz con las FARC (única vez que se ha usado esta figura) costó $350 mil millones según la misma Registraduría.

¿Por qué la gente prefiere manifestarse en las calles?

La docente Muñoz expone que como los mecanismos existentes son útiles en muy reducidos espacios, “la movilización de los ciudadanos en las calles es la única forma de hacerse escuchar porque sienten que no hubo otros espacios o mecanismos para interactuar”.

Esta situación ha sido evidente durante los últimos días en el país, que aún en medio de la pandemia, ha vivido una movilización ciudadana en diversas regiones, de diferentes sectores sociales y con múltiples reclamos.

Manifestaciones en Colombia

En este caso la investigadora analiza un malestar social generalizado por demandas que ya se venían presentando desde el paro del 2019 y que fueron interrumpidas por la cuarentena. Esta inconformidad se incrementó por el contenido y la forma como se presentó la reforma tributaria y los impactos que iba a tener sobre la economía diaria. Un tercer factor, analiza la experta, es la pérdida de confianza en la institucionalidad, el gobierno y los actores políticos por parte de los ciudadanos.

Según el Barómetro de Confianza de Edelman, para el cual se encuestaron a más de 33 mil personas en 28 países del 19 de octubre al 18 de noviembre de 2020, en Colombia, la confianza en el gobierno está 20 puntos por debajo del promedio global, siendo el cuarto país que más desconfía después de Nigeria, Sudáfrica y Argentina.

La encuesta revela que la confianza en los líderes políticos llega apenas al 24 %, tres puntos porcentuales menos que en 2020 y que la credibilidad en los voceros del gobierno es del 21 %, dos puntos menos que el año anterior.

“Todos estos estudios de cultura política vienen mostrando una pérdida progresiva de la confianza en las instituciones por parte de los ciudadanos en Colombia”. Paricia Muñoz

Muñoz argumenta que todo este malestar finalmente generó reacciones más alteradas por el mismo contexto de la pandemia, y fue canalizado hacia las manifestaciones en vía pública.

Para la investigadora los mecanismos existentes se quedan cortos para, por ejemplo, consultar a la ciudadanía sobre el contenido de la reforma tributaria. El gobierno requiere, de forma urgente, recaudar recursos por los gastos que ha dejado la pandemia, pero no puede esperar los 12 o 18 meses que tomaría consultar a la ciudadanía mediante dichos mecanismos.

Ante tal complejidad para el uso de las herramientas constitucionales, ¿qué hacer?

La Ley 1757 de 2015 hizo más flexibles los requisitos de algunos de estos mecanismos, norma que para la investigadora Patricia Muñoz es necesario revisar de nuevo buscando que sea más efectiva. “Estamos en mora de evaluarla porque creo que ha habido algunos logros, revocatorias de mandato, por ejemplo, que nos pueden mostrar que efectivamente estuvieron al alcance de los ciudadanos, pero quizás le podamos introducir mejoras para hacerlos todavía más flexibles”, explica.

Pero el problema de fondo, continúa Muñoz, pasa por la relación entre los actores políticos y los ciudadanos. Afirma que más allá de los mecanismos formales que ya existen, lo importante es la voluntad política de los gobernantes para identificar las demandas, necesidades y expectativas de los ciudadanos.

Esta relación se puede construir por fuera de dichas herramientas. “Siempre habrá la posibilidad de convocar mesas de trabajo con partidos políticos, centrales obreras, organizaciones de la sociedad civil, gremios, academia, grupos organizados. Lo importante es la voluntad política de los mandatarios de abrir canales de diálogo”, manifiesta.

Si bien estas discusiones pueden tomar tiempo, la investigadora sostiene que cuando los gobiernos tienen en cuenta a sus ciudadanos al momento de tomar las decisiones, la norma expedida contará con acogida y respaldo, y eso es finalmente lo que construye la legitimidad de los gobiernos.

“Cuando se quiere gobernar de espalda a la ciudadanía, uno de los efectos es lo que estamos viviendo, ¿por qué?, porque al imponer una reforma tributaria sin consultar y con la gente agotada y empobrecida, allí los ánimos llegan a un punto en que se generan otras reacciones, como las que hemos visto estos días”, dice Muñoz.

La investigadora resalta que aun cuando no exista un mecanismo que se llame movilización, este es por esencia un acto de participación ciudadana, el más sencillo para el ciudadano porque no requiere atender una serie de procedimientos para hacerlo efectivo. Finaliza haciendo un llamado a los diferentes gobiernos a mantener el diálogo con los ciudadanos para planificar mejor las decisiones.

Creaciones indígenas: mucho más que artesanías

Creaciones indígenas: mucho más que artesanías

El mundo está lleno de categorizaciones: desde muy pequeños los seres humanos aprenden los colores e incluso que estos pueden asociarse a hombres y mujeres. Se categoriza a diario por enseñanzas de antepasados o por la misma necesidad humana de comunicación, y aunque no todas las categorizaciones son inadecuadas, deténgase a pensar… ¿Quién se encarga de enseñar a hacer todo lo contrario, esto es, a descategorizar? 

La vida no puede volver a ser la misma después de viajarla y, de hecho, a partir de 1992 jamás volvió a ser la misma para la profesora Ana Cielo Quiñones, cuando, siendo diseñadora industrial de la Pontificia Universidad Javeriana y magíster en Historia Latinoamericana de la Universidad Internacional de Andalucía, recorrió gran parte del territorio colombiano visitando comunidades indígenas y pueblos afro. Participó en la Gran Expedición Humana, adentrándose en esa Colombia oculta pero gigante en sabiduría y conocimiento.

En ese momento, supo que su trayectoria y vida académica estarían ligadas a la visibilización de las culturas indígenas y sus creaciones, y, en la actualidad, casi 30 años después, no solo a darlas a conocer, sino también a descategorizarlas.

“Son categorías que se han puesto a las creaciones indígenas sin muchas veces mayor reflexión, y sin tener en cuenta las voces de los pueblos indígenas”, dice.
Para buena parte de la cultura occidental, la mayoría de trabajos de las comunidades indígenas que incluyen manualidades es denominada como artesanía. La dicotomía tiene lugar cuando profesionales como los arqueólogos hallan en fósiles o en rocas esas mismas manualidades y las llaman arte, o cuando alguien en calidad de turista acude al Museo del Oro y encuentra arte en esas obras. ¿Qué las hace ser ‛Nudsumar‘: guardianes de cuerpos, casas, aldeas y sueños. Para los kuna el espíritu del tallador vive en las figuras de madera. 

 

 

La creación del libro 

Para resolver esas inquietudes surgió la idea de un libro que permitiera aproximarse a los procesos de creación indígena. Mediante una convocatoria abierta, impulsada por la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, Quiñones y Fernando Quiles García, director de la Red Enredars y profesor del área de Historia del Arte de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla (España), recibieron alrededor de 25 escritos. Así, después de año y medio, emergieron 15 historias que se plasmaron en el libro Mundos de creación de los pueblos indígenas de América Latina. Se trata de un viaje por la cerámica tiwanaku de Bolivia, los textiles de los Andes surcentrales, los jarrones de la Gran Nicoya, la manta muisca, las creaciones de madera kunas, entre otros muchos mundos de creación. 

 --A-Killakams

Un narrador indígena 

Precisamente sobre las creaciones de madera y justo en el corazón del libro está la historia escrita por Cebaldo de León Inawinapi, quien narra un nacimiento en su natal isla Guna Yala, antiguamente llamada Kuna Yala, un territorio autónomo ubicado en el oriente de Panamá. 

En su comunidad se fabrican piezas de madera para cuidar del recién nacido, y estas cobran vida como guardianes de la nueva vida. “El arte como concepto no existe en la comunidad indígena”, le dijo este antropólogo a PESQUISA JAVERIANA, “no hay palabras, porque la forma de ver el mundo para un Kuna es arte; la forma de entender las aguas o el río es que no existe una forma de saber el arte para ver, o el arte para no ver, porque en tu forma de vida, desde el parto hasta la muerte, es arte”. Con estas palabras, Cebaldo confirma la necesidad de ‘descategorizar’ que tiene la profesora Quiñones. 

 

El hacedor de flautas 

Otra historia del libro narra la vida de Jesús Alfonso Juagibioy Jamioy, hijo de grandes defensores del territorio y quien recuerda cómo su padre trabajaba fabricando ataúdes. En medio de las caminatas a las que lo acompañaba para recopilar materiales, Jesús Alfonso se fue dando cuenta de cuáles eran los mejores recursos naturales para fabricar flautas. Siempre le gustó la música, en el colegio inició en bandas de sonidos andinos y de allí tomó impulso para dedicarse al oficio de hacer flautas y elaborar otros instrumentos musicales. “En mi comunidad, la kamëntsá, existe un sonido para todos los momentos transcendentales de la vida”, dice. Y agrega que, al elaborar las flautas, la oralidad está presente y es la forma de perpetuar en el tiempo su cultura y preservar las lenguas y las tradiciones. 

 

“La forma de ver el mundo para un kuna es arte; la forma de entender las aguas o el río es que no existe una forma de saber el arte para ver, o el arte para no ver, porque en tu forma de vida, desde el parto hasta la muerte, es arte”. Cebaldo de León Inawinapi 

 

Tejiendo identidad 

Del proceso de creación del libro y de la cercanía que durante años ha tenido la profesora Quiñones con la comunidad arhuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta, también surgió un documental, Tutu. Tejido del conocimiento. Su productor principal se llama Amado, un hombre convencido de que el tejido de su pueblo, más que una artesanía, es su identidad. En sus propias palabras, “es el nacer del pueblo y del mundo”. La necesidad, para Amado, de realizar el documental es lograr que los occidentales conozcan acerca de su cultura y la miren con otros ojos. 

 -C-Fig.6.-Cesto-de-forma-globular

Mundos de creación: ¿proceso generador de conocimiento? 

Además de la descategorización, otro debate que surge a raíz de la valorización de los procesos de creación de los pueblos indígenas es si son generadores de conocimiento.
Para la profesora Quiñones, todo proceso creativo es generador de conocimiento. Solo se debe entender que el ser humano no es el centro de la naturaleza y que la reconexión con ella será lo que permita retomar el cúmulo de conocimiento ancestral perdido.
El reconocido curador colombiano Eduardo Serrano, consultado como fuente externa del libro, considera que “todo aquello que es producto de la creatividad humana es generador de conocimiento. Por una parte, la creatividad es inherente al ser humano y, siendo su expresión producto de experiencias particulares, el hecho de compartirlas enriquece a toda la sociedad”. 

Quizás uno de los trabajos que las personas deben realizar, en este paso por la vida, es que la madre tierra las reconozca como trabajadores de su preservación, o al menos esa es la reflexión final que deja el libro, compendio de historias de más de 400 páginas que, para su editora académica, constituye el inicio de un eterno trabajo como humanos para aprender a descategorizar lo existente y abrazarse culturalmente, en medio de la diferencia, con los demás seres de la naturaleza. 


Para leer más:  Quiñones Aguilar, A. C. (ed.). (2021). Mundos de creación de los pueblos indígenas de América Latina. Editorial Pontificia Universidad Javeriana-Universidad Pablo de Olavide.
Quiñones Aguilar, A. C. y Villafanda Chaparro, A. 2019., Tutu. El tejido del conocimiento. Catálogo de Obras Artísticas, revisado 19 de marzo de 2021, https://catalogodeobras.javeriana.edu.co/catalogodeobras/items/show/531.
Editorial PUJ. (2019, noviembre 1). Mundos de creación de los pueblos indígenas de América Latinahttps://www.youtube.com/watch?v=5QSQOrDS2r8&feature=. 

 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Mundos de creación de los pueblos indígenas de América Latina
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Ana Cielo Quiñones Aguilar
COINVESTIGADORES: pueblo arhuaco, Amado Villafaña y creadores de la productora audiovisual Yosokwi
Facultad de Arquitectura y Diseño 
Departamento de Diseño
Grupo de investigación Diseño Sociocultural
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2020

 

                          

Se necesita robustecer el personal médico para mejorar la vacunación

Se necesita robustecer el personal médico para mejorar la vacunación

Una falla en la manipulación de la cadena de frío, es decir, un error humano, generó la pérdida de 7020 dosis de la vacuna de Pfizer en Cundinamarca el pasado 6 de mayo. Dos días antes, durante el panel titulado Logística para una adecuada vacunación, organizado por la Pontificia Universidad Javeriana, expertos concluyeron que la falta de personal y su respectiva capacitación es un factor que podría demorar el proceso de vacunación.

En la última conversación del foro La vacunación, un asunto de todos, se analizaron los desafíos para convertir el Plan Nacional de Vacunación en un proceso masivo, seguro y sencillo en el que se tengan en cuenta los retos en la capacitación del talento humano para hacer más eficiente el proceso que conlleve a la inmunidad de rebaño.

“El proceso de vacunación es el pilar de la reactivación económica y por eso debemos entenderlo como el proyecto de país que tenemos a corto plazo”, aseguró Mauricio Serra, gerente ejecutivo de Compensar y uno de los panelistas invitados.

Logística para las nuevas vacunas

La implementación de la fase 1 de vacunación estuvo dirigida a personas mayores de 80 años y al personal médico de primera línea. Esta apuesta tuvo como objetivos reducir la mortalidad, disminuir la incidencia de casos graves y proteger el talento humano. Julio Castellanos, director del Hospital Universitario San Ignacio y panelista del foro, analizó los requerimientos en la logística de esta primera fase.

Primero señaló que el proceso estuvo determinado por el laboratorio que produce la vacuna. “En esta pandemia hubo un nuevo requerimiento para la vacunación y fue la ultracongelación del biológico a -70°, diferente a la refrigeración normal de -20°”. Esto implicó la modificación y ampliación de la infraestructura para manejar los dos tipos de almacenamiento.

De igual forma, el médico Castellanos resaltó que fue necesario capacitar al talento humanopersonal para la manipulación de estas nuevas vacunas durante los días siguientes a su descongelación, además de su aplicación en dosis únicas (monodosis) y en dos dosis (multidosis).

Según el experto, debido a la velocidad en el desarrollo de las vacunas, se introdujo una última etapa de seguimiento y control a efectos secundarios de las personas vacunadas. Esta exigencia involucró por primera vez realizar agendamientos en un plan de vacunación masivo para evitar aglomeraciones.

Dificultades en la distribución de las vacunas

De manera paralela a la logística técnica condicionada por las casas farmacéuticas, Castellanos analizó otros elementos que también determinaron la lentitud en la velocidad de vacunación.

Los sistemas de vacunación deben tener un sistema de registro. Para el caso colombiano, el Ministerio de Salud y Protección Social dispuso el Programa Ampliado de Inmunización (PAI Web 2), un software de uso exclusivo de las entidades de salud. Sin embargo, “tenemos un lío con la articulación de la cantidad de la información donde se está almacenando. Se ralentiza y se vuelve inestable la plataforma. A eso hay que sumarle el consentimiento informado extra que tiene la aplicación de esta vacuna”, aseguró el director del HUSI.

También se adicionaron una serie de requisitos de opinión. Estos incluyen la posibilidad de filmar el proceso y la obligación de preparar la vacuna bajo la supervisión del paciente y su acompañante.

Al respecto, el doctor Mauricio Serra, quien ha tenido a su cargo la logística de los puestos de vacunación Compensar, indicó que los puntos a resolver de manera inmediata tienen que ver con la puesta en línea para la gestión de la inestable plataforma Pai Web 2, con la nivelación de la cobertura fuera de las ciudades y el fortalecimiento en la articulación público-privada.

¿Y la capacitación del personal de salud?

Los errores en el proceso de vacunación, como la pérdida de las 7.020 dosis de Pfizer puede generar desconfianza, además de preguntas sobre quiénes administran la vacuna, o quiénes coordinan los equipos de vacunación y qué tan capacitados se encuentran.

Otra de las panelistas, Pilar García, directora de la carrera de Enfermería de la Javeriana, aseguró que el talento humano tiene que apropiarse del Plan Nacional de Vacunación. “Debe haber un conocimiento específico y en permanente actualización de cada vacuna, además de un conocimiento de la cadena de frío”.

Resaltó que es necesario preparar al personal de salud y los diferentes actores en la cadena de distribución de las vacunas para identificar y atender los eventos adversos que puedan presentarse durante el seguimiento y vigilancia posvacunación.

“Han sido capacitados profesionales y auxiliares de enfermería. Se han unido otros profesionales que hacen parte del equipo de salud. Pero hay que robustecer el personal”, afirmó García.

Ya comenzó la etapa tres de vacunación y para los expertos participantes del panel es necesario capacitar otros profesionales de la salud, especializados o no, estudiantes de las carreras de salud y hasta personas con conocimientos en primeros auxilios.

“El déficit de personal de enfermería en Colombia es grave y ocurre desde hace varios años. Nos puede llegar a pasar lo que sucedió con las unidades de cuidados intensivos (en donde se ha alertado por la insuficiencia de profesionales capacitados para asistirlas). El factor crítico no es la disponibilidad de cama, el ventilador o los medicamentos sino es el personal. El factor crítico es el talento humano”, concluyó Castellanos.

Una voz por los animales que no pueden parar

Una voz por los animales que no pueden parar

El 28 de abril inició el paro nacional en Colombia, un evento en el que muchos colombianos, cansados de las injusticias sociales, han salido a las calles a manifestar su inconformidad con el gobierno de turno. A pesar de que la mayoría de las protestas ha transcurrido de manera pacífica, también hemos presenciado todo tipo de vejámenes por parte de algunos miembros de la fuerza pública, que han actuado con sevicia; y por parte de los ‘vándalos’, quienes han aprovechado las manifestaciones legitimas para robar, destruir y atentar contra otros, víctimas humanas y no humanas.

En la protesta nacional que exige justicia y respeto por la vida, algunos han olvidado que este clamor también incluye a los animales no humanos. Desde hace varios días hemos presenciado de forma continua sucesos moralmente inadmisibles: animales atrapados en las vías del país sin alimento, agua o espacio para moverse, cientos de pollos abandonados por parte de empresas productoras para morir en las vías del Valle, y la terrorífica masacre en Agriporcicola Holanda, ubicada en la vía hacia Puerto Tejada, Cauca, en la que civiles ingresaron al criadero matando y cercenando a los cerdos que habitan allí para “conseguir” alimento.

De forma generalizada se considera que se puede disponer de estos animales a gusto por su etiqueta de “animales de producción”, pues se encuentran destinados al consumo humano y por ende carecen de consideración real.

Para el uso de estos animales existen unos mínimos de cuidado que deben ser respetados y que se ha denominado ‘bienestar animal’, una idea que busca evitar el sufrimiento “innecesario” y sacrificar “humanamente” a los animales que se usan. Claro está que lo ideal y más humano sería no usar animales y eliminar su sufrimiento en general, pero, mientras llegamos a ese punto, se espera que al menos su muerte sea rápida e indolora, no sean aterrorizados, ni abandonados a morir cuando dejan de ser “útiles”.

Desafortunadamente, en medio del paro nacional se ha visto cómo ni los mínimos de manejo de estos animales se respetaron cuando los intereses humanos se vieron amenazados.

Estar inmersos en una sociedad utilitarista ha hecho que midamos como “buenas” las acciones que beneficien a la mayoría ‘humana’, sin embargo, al hacer la suma de utilidades incluyendo a los animales, es claro que los fines no justifican los medios.

Como excusa ante estos hechos se ha hablado del desabastecimiento de alimento en algunas zonas del país producto de diferentes bloqueos en vías importantes. Sin embargo, lo anterior no justifica el abandono, la tortura ni el asesinato a sangre fría de los “animales de producción”. Estos actos, más que la desesperación ante la situación de desabastecimiento, muestra la poca o nula importancia que tienen los animales no humanos que están atrapados en la industria alimenticia.

El hecho de que estos animales vayan a morir para nuestro beneficio no excusa que sean tratados sin compasión. Muchos ciudadanos han perdido de vista que a pesar de que están etiquetados como “animales de producción, o “de consumo”, siguen siendo animales y, por lo tanto, merecen consideración.

En Colombia necesitamos reformar la cultura de abuso de los animales a una más empática y consciente, en donde se entienda que los animales hacen parte de la comunidad y cuando se levanta la voz por justicia y respeto para todos, también se habla por ellos.

* Sandra Rojas es profesora de la cátedra de Bioética y Animales del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana y es miembro del Observatorio Animalista. Es filósofa con una maestría en Bioética.

El ‛pisco’ de la historia de la pedagogía en Colombia

El ‛pisco’ de la historia de la pedagogía en Colombia

“El ‛pisco’ pa’l tema de la historia de la pedagogía en Colombia es Oscar de Jesús Saldarriaga”, dicen los intelectuales y colegas en tono cachaco al referirse a quien para ellos es el experto y gran estudioso de ese campo. Hoy, a sus 63 años, con bigote lineado y su boina bien puesta, señala que sus experiencias lo condujeron, casi sin darse cuenta y por azar, a convertirse en tal personaje. “En cierto sentido estaba escrito, las distintas conexiones de mi vida fueron marcando el camino”, dice.

Este hijo de padres paisas y el mayor de tres hermanos es oriundo de Boyacá. Por una fuerte malaria que le impidió a Oscar, su padre, ingeniero agrónomo, trabajar en zonas cálidas, la familia Saldarriaga Vélez empezó a transitar por zonas frías del país. Así, llegaron a Duitama, donde nació Oscar, a finales de los años cincuenta. Al poco tiempo se trasladaron a Pasto, lugar donde creció entre paisajes andinos, las colchas de retazos coloridos de las parcelas campesinas y un gran océano de trigales.

Allí, en la denominada Ciudad Sorpresa, al perseguir los pasos de su padre por los campos, en medio del frío, aprendió acerca de las variedades de papa, trigo y maíz, al tiempo que se fue enamorando de la investigación. “La palabra experimento me vino con él casi como la leche”, dice jocosamente al recordar aquella época y el legado silencioso que le dejó ese jovial agrónomo, cabeza paterna de los Saldarriaga. “Más que el agro, mi papá me transmitió el gusto por la observación detallada y juiciosa”.

--A-_DSC8156

La unión de esta herencia con su propio carácter fue la raíz de lo que años más tarde le representaría un profundo cariño por la ciencia hecha con rigor y dedicación, pues su espíritu explorador apareció en él desde muy pequeño. Mientras los niños jugaban fútbol en una zona rocosa y desértica de Pasto, él quería escudriñar las montañas erosionadas, recuerda Jaime, su hermano menor. En uno de sus rastreos dentro de una cueva vio algo exótico, blanco, como una flor con púas largas. Corrió a invitar a papá y a mamá a que vieran tan suntuoso hallazgo. Al verlo, el grito alarmado de Martha Vélez, su madre, lo aterrizó: “¡Es un gusano!”. Y así pasaba su tiempo, de expedición en expedición, o leyendo durante horas.

Hoy, este historiador cuenta con más de cincuenta capítulos de libros a su nombre y tres libros acerca de la práctica pedagógica y sobre cómo se constituyó el sistema educativo de Colombia. En este momento, la Editorial Pontificia Universidad Javeriana tiene en prensa su tesis doctoral, un mamotreto de dos mil páginas sobre el papel de la filosofía católica enseñada durante cien años en la educación secundaria colombiana. Este interés llegó antes de que él mismo lo supiera.

Terminaba la década de los años sesenta, y abrazados por las arcadas gigantescas, los rincones oscuros y los patios adoquinados del Colegio San Francisco Javier, dos ejércitos de estudiantes se enfrentaban sin piedad, unos representando a Roma y defendiendo su bandera azul, y al otro lado los de Cartago, con bandera roja en mano. El fuego cruzado era un bombardeo de preguntas, las más rebuscadas, para corchar y así dar el golpe más fuerte. Quien ganaba tenía el privilegio de vigilar a toda la clase la semana siguiente. El goce y el dolor que le despertó esta experiencia de aprendizaje serían premonitorios para su camino como estudioso del pasado de la pedagogía, cuando las lecturas le revelaron que se trataba del mismo “sistema de decurias” inventado por los jesuitas en el siglo XVII.

Ya entrados los años setenta, y con la adolescencia andando, la familia se movió de nuevo, esta vez a Medellín, lo que le implicó vivir un salto en el tiempo. En un abrir y cerrar de ojos, viajó del siglo XVII al siglo XX, dice. Pasó de una vida deslumbrante en campos y montañas, aunque un tanto lúgubre, fría y colonial, de mucho temor a la autoridad, a una urbe agitada, de movimientos estudiantiles, actitud revolucionaria y el jipismo en furor. En sus palabras, “fue un aterrizaje a la modernidad”. A su llegada, en el Colegio San Ignacio, les hacían corrillo a él y a sus hermanos para oírles hablar pastuso, acento que con el tiempo parece haberse quedado en la armoniosa tierra de su infancia. Ahora su acento suena paisa.

Antes de entrar a la universidad, quiso incursionar en el noviciado, pero decidió dar rienda suelta a sus pasiones ―la literatura, el teatro y el arte― y desertó antes de pisarlo. Sin embargo, después de transitar entre amores y odios por su fe cristiana, le quedó una marcada espiritualidad que hasta el día de hoy lo identifica y que sigue explorando como un niño aventurero, pasando de su religiosa huella familiar al conocimiento y a la aplicación de los saberes indígenas en su vida.

Aunque le hubiera gustado ser literato, insiste en que no tenía la suficiente fuerza creativa para ser un novelista. Pero, en medio de sus conversaciones, no es difícil encontrar expresiones que denotan el alma de poeta que lleva dentro. Teatrero de profesión tampoco fue, aunque las tablas lo sedujeron por mucho tiempo. Al final, se fue por la historia y se graduó en la Universidad de Antioquia, pero con el arte al lado: “Mis estudios fueron: en las mañanas, historia y, en las tardes, teatro”. Ahora, las funciones en el escenario pasaron a ser una actividad que traslada a sus clases y que emplea para enseñar.

Dice que la vida misma lo fue llevando a decantarse por el estudio de la pedagogía, y, aunque no es fantasía, de por medio hubo mucha dedicación. Por casualidad se presentó, en 1979, a una convocatoria como monitor de un proyecto en la Facultad de Educación, en el grupo interuniversitario Historia de la Práctica Pedagógica en Colombia, fundado por los licenciados Olga Lucía Zuluaga y Jesús Alberto Echeverri, a quienes reconoce como sus maestros y formadores. El objetivo que perseguía este trabajo investigativo era estudiar la pedagogía del siglo XIX. Esto lo llevó a hacer maletas y arrancar para la capital, donde estuvo por tres años trabajando en la Biblioteca Nacional, rastreando documentación de archivo y fuentes impresas sobre el tema. En 1990 se vinculó al Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Javeriana, donde es profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales.

Desde entonces, ha dedicado su vida a excavar y reconstruir detalladamente y a modo de rompecabezas la historia de los maestros en el país, entretejida con su ancestral interés por el lugar del catolicismo en nuestra sociedad. Su amigo y colega Rafael Reyes comenta que el trabajo de Saldarriaga, que se extiende por más de cuatro décadas, ha consistido en reivindicar el papel del maestro y su saber: “Él llega a preguntarse por qué ha sido subalterno este oficio y por qué la pedagogía siempre ha aparecido como un saber inferior frente al saber de la escuela. Leer su obra es ponerse los lentes para adentrarse en una realidad poco explorada”. Por todo esto, en el 2019 fue reconocido con el Premio Bienal como uno de los mejores investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana.

Quienes conocen al profesor Saldarriaga saben de su solidaridad y de la conmoción que le despiertan la desigualdad, la vulneración de derechos y la extinción de saberes, así como de su emoción por las luchas de todos los que han sido históricamente marginados. En su papel de científico, muestra una profunda sensibilidad por la gente y la vida del maestro. “La pedagogía, además de ser un objeto de investigación fascinante y poderoso para leer la historia colombiana, se volvió un asunto personal. Esto de ser pedagogo es diferente a hacer historia de la pedagogía y yo represento las dos partes”.

--A-_DSC8132

En la academia es minucioso, dice su amigo Reyes. “Destaca por su mística y la profunda honradez intelectual de sus textos, al punto de que le frustra la arrogancia académica”, asegura. Este buen conversador que es Saldarriaga, y también doctor en Filosofía y Letras de la Universidad Católica de Lovaina, fue uno de los participantes del Movimiento Pedagógico colombiano en 1982, que convocó a maestros, intelectuales y sindicalistas para manifestarse, a través del conocimiento, en torno al maestro como trabajador cultural y a la pedagogía como un saber de resistencia política.

Oscar de Jesús Saldarriaga es un referente que continúa robusteciendo el árbol histórico de la pedagogía en Colombia y, sin saber si es su realidad o su deseo, define su vida como un viaje hacia el amor y el conocimiento. Un viaje al que muchos jóvenes se han sumado para seguir sus pasos, y en el que otros más viejos admiran su trabajo.


Para leer más: Saldarriaga Vélez, O.; Sáenz Obregón, J. y Ospina López, A. Mirar la infancia: pedagogía, moral y modernidad en Colombia, 1903-1946. 2 vols. Medellín: Colciencias-Uniandes-Foro Nacional por Colombia-Universidad de Antioquia, 1997.
Saldarriaga Vélez O. Del oficio de maestro: prácticas y teorías de la pedagogía moderna en Colombia. Bogotá: Editorial Magisterio.
Saldarriaga Vélez, O., Nova et vetera: filosofía neotomista, educación y modernidad en Colombia, 1878-1930. Manuscrito en proceso de publicación.