Posibles efectos de la nanotecnología en Colombia aplicada a la salud

Posibles efectos de la nanotecnología en Colombia aplicada a la salud

Carlos-Jaime-Espinosa-Nanomateriales

El uso de diferentes materiales ha marcado algunas de las eras que ha vivido la humanidad, como la edad de Hierro o la de Bronce. Desde los metales, pasando por cerámicos y plásticos, hasta llegar hoy a la tendencia de trabajar con materiales en escala extremadamente diminuta en diferentes productos de consumo, la nanotecnología representa una oportunidad de generar grandes avances tecnológicos bajo la evidencia del comportamiento especial de la materia en nanómetros.

Existe una creciente incorporación de nanomateriales en los procesos de manufactura a nivel mundial como equipos electrónicos, materiales de construcción, pinturas, etc. Para el caso particular de Colombia, en estos momentos existe un incremento en materia de desarrollo de aplicaciones de nanomateriales en diferentes procesos como purificación de agua, remoción de contaminantes, entre otros, y es por eso que universidades en su mayoría y centros de investigación de varias compañías generan esfuerzos para estar a la vanguardia con la ciencia a escala nano.

Los nanomateriales se pueden clasificaren manufacturados, los cuales tienen una aplicación específica como los nanotubos de carbono, el fullereno y el dióxido de titanio y los llamados incidentales, que son productos secundarios en algunos procesos industriales como soldadura de metales, pulimento de superficies, etc. Sin embargo, hablaré de los manufacturados porque son estos los que se han estudiado a nivel toxicológico.

Ante tantos desarrollos y aplicaciones de la nanotecnología se ha ido dejando de lado un componente demasiado importante y que ha sido el precio más grande de la ciencia desde que tenemos uso de razón: la vida humana. En Colombia, los temas de salud ocupacional y de seguridad del trabajador en los campos de la nanotecnología son poco discutidos y generan una alta preocupación en la comunidad científica de la salud debido a las propiedades particulares de los nanomateriales como su alta reactividad, conductividad de calor y electricidad, entre otras, las cuales son atribuidas a su tamaño tan pequeño, lo que los hace más fáciles de ingresar al cuerpo humano.

Estudios científicos han concluido que algunos tipos de nanopartículas captadas por vía respiratoria como nanotubos de carbono y compuestos de cerio, generan desórdenes en los mecanismos biológicos del cuerpo, desencadenando diversas patologías que pueden llegar a ser letales. Ahora, a pesar de que en el mundo se han desarrollado dispositivos para medir nanomateriales en el ambiente de trabajo, aún no son claros los límites de exposición, por lo que resulta paradójico medir sin saber lo permisible en cuanto a exposición del trabajador. Por esto, se debe generar una conciencia de prevención en todos los procesos de producción y manipulación de nanomateriales.

Si hablamos del marco regulatorio en Colombia, actualmente no se evidencian claros lineamientos para el trabajo seguro con nanomateriales en entornos de investigación Por esa razón, los grupos de investigación Centro de Estudios de Ergonomía, con su línea de investigación en Higiene Industrial y el de Nanociencia y Nanotecnología de la Pontificia Universidad Javeriana adelantan esfuerzos para generar una guía de buenas prácticas. Esto, con el fin de que la prevención sea el principal protagonista y de esta forma garantizar trabajos y ambientes seguros en los laboratorios y procesos industriales.

Se debe evitar a toda costa que situaciones tan lamentables como la de los asbestos se vuelvan a repetir en futuros cercanos, por eso extiendo la invitación a la comunidad javeriana a vincularse a proyectos de investigación en el área de higiene industrial para que de esta forma podamos ser pioneros en el cuidado de la salud humana a nivel ocupacional.

Carlos Jaime Espinosa Guerra Ingeniero Químico, profesional de Investigación del proyecto de consultoría en higiene industrial de Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, experiencia en investigación en seguridad de procesos y diseño de procesos sostenibles.

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Col David Suárez

La negociación del salario mínimo entre el gobierno, los gremios y los sindicatos es una ceremonia que nos recuerda cada diciembre a Nietzsche cuando hablaba del eterno retorno de lo igual: las partes llegan a la mesa con propuestas para el aumento que difieren considerablemente; luego, el gobierno presenta un balance de la economía y revela los cálculos de productividad e inflación en aras de acercar las expectativas, para, al final, dar paso a las discusiones que desembocan la mayoría de las veces en un desenlace conocido, con mayores o menores variaciones en su desarrollo: el fracaso de la negociación y la determinación del salario mínimo por decreto (algunas veces, sin embargo, las partes llegan a un acuerdo, como el que anunció el presidente Duque en días pasados: en los últimos 18 años, ese consenso se alcanzó solamente en seis ocasiones).

Para dificultar aún más el ya complicado asunto, el gobierno actual logró la aprobación en el Congreso de una nueva reforma tributaria que tiene como núcleo la reducción de impuestos a las empresas: se reduce la tarifa del impuesto corporativo y se marchita la renta presuntiva en los próximos años; se permite el descuento por pagos de IVA en bienes de capital sobre el impuesto de renta; se establece un régimen especial de tributación para grandes proyectos (mega inversiones) a expensas de revivir el instrumento de dos caras que son los contratos de estabilidad tributaria; y se establecen beneficios tributarios considerables para sectores específicos sin mayor justificación, a partir de la idea curiosa pero difusa (ahí está su peligro) de la economía naranja.

Esta reforma nunca se presentó de forma clara, y en medio del frenesí del gobierno para buscar el financiamiento de su primera lista de compras, cambió radicalmente en los últimos cuatro meses y dio para todo: en su primera versión, la ley buscaba compensar los recursos que dejan de pagar las empresas aumentando lo que pagaba la clase media en IVA, lo que de inmediato generó preocupaciones sobre su impacto en los salarios y dejó como estela iniciativas que se tramitan en el Congreso para facultar aumentos extraordinarios del salario mínimo desde el ejecutivo y primas focalizadas en los trabajadores de más bajos ingresos, que desconocen las dinámicas del mercado laboral de nuestro país y que se administrarán (de ser aprobadas) a través de un sector financiero que hace esfuerzos por acercarse a la población pero es visto con recelo por gran parte de ella.

Aunque es un hecho que las empresas en Colombia pagan en impuestos una proporción mayor con relación a los estándares internacionales, y que los niveles de informalidad rampante pasan constante factura a las dinámicas del mercado laboral, en Colombia la competencia tributaria desatinada se mezcla con el sistemático error de utilizar la productividad total de los factores en vez de la productividad media del trabajo cuando se calcula el alza del mínimo (lo que explica en gran medida las diferencias entre las propuestas de gremios y sindicalistas), deprimiendo la demanda agregada y concentrando cada vez más la carga tributaria en los trabajadores y sus salarios en favor de los rendimientos del capital y de ganancias poco estructurales y relativamente exiguas en competitividad, crecimiento económico o mejoras en los indicadores de desigualdad.

La búsqueda de la competitividad no pasa solo por ser un destino con tarifas tributarias atractivas o mano de obra barata, y el gobierno aparentemente lo sabe: el lema de la administración del nuevo presidente durante su campaña era “menos gasto público, menos impuestos, más salarios”. Más allá de este lema, el resultado de la negociación es favorable como ejemplo de consenso, pero puede ser una oportunidad perdida para que se consigan aumentos importantes que repercutan en el bienestar del trabajador y se redistribuya un poco el beneficio dado a la población de más ingresos entre los miembros de la sociedad que, de una u otra forma, hacen posible su riqueza.

La protección al trabajador, y más ante las incertidumbres de los tiempos en que vivimos, debe ser una de las prioridades de toda sociedad que se precie de ser justa, y en ese sentido el salario mínimo se vuelve una de las premisas de lo que se conoce como “trabajo decente”. Más allá de los efectos que este popurrí fiscal tuvo en la negociación, el tema merece un análisis más reposado y de más contenido: ¿qué pasa con los contratos temporales, que no se rigen por el Código de Trabajo y se pueden firmar por valores inferiores al mínimo? ¿La determinación del salario responde solamente a la productividad del trabajador? ¿Qué pasará cuando la subsistencia dependa cada vez menos del trabajo, como resultado del desempleo tecnológico? ¿Es el salario mínimo la única herramienta para garantizar un piso digno de ingresos?


Coletilla.
Más allá de los métodos para calcular los ajustes, que parten del supuesto discutible pero operativo de la función tipo Cobb-Douglas, preocupan los resultados obtenidos: el ajuste del salario mínimo real teórico no alcanza a ser ni del 2%.

 


*Economista, docente y asesor tributario del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana.

Pistas para la alta productividad en fincas pequeñas

Pistas para la alta productividad en fincas pequeñas

A lo lejos se divisa Belén de Umbría, sobre una ladera risaraldense, donde la cordillera comienza a perderse en una selva que morirá en el océano Pacífico. Aparentemente un municipio cafetero, como tantos. Sin embargo, un zoom sobre el antiguo territorio de los umbras, en un entorno semejante a un pesebre –circunstancias que confluyeron en el nombre, Belén de Umbría– permite asegurar que no es un pueblo cafetero más: no solo porque es el principal productor del departamento y el décimo a nivel nacional, sino porque los caficultores de la zona han sabido adaptarse a desafíos tan ‘bravos’ como la crisis del mercado de los años noventa del siglo pasado y la variabilidad climática, al punto que, para 2012, la producción se mantuvo entre seis mil y siete mil hectáreas sembradas y cosechadas.

En este municipio, Jaime Forero Álvarez, profesor titular del Doctorado en Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y su estudiante, Ligia María Arias Giraldo, investigan la producción cafetera colombiana. ¿Qué han hecho los caficultores de Belén de Umbría para adaptarse a cambios tan drásticos?, se preguntaron al iniciar el proyecto Adaptación de productores agropecuarios a cambios en las condiciones del mercado y a la variabilidad climática con énfasis en caficultores, el más reciente trabajo de un conjunto dirigido por Forero y la socióloga y profesora titular Elcy Corrales, alrededor de los sistemas de producción cafeteros y su viabilidad.

Una aproximación diferente

El actual equipo seleccionó a Belén de Umbría luego de años de estudio en diversas regiones del país, como Supía y Riosucio en Caldas, Restrepo y Buga en el Valle del Cauca y Ciudad Bolívar en el suroeste antioqueño. Tras advertir que no se trata de una muestra representativa en estricto sentido, pero resaltando el carácter aleatorio de la elección de este municipio, Forero y Arias señalan el aporte de la investigación a la comprensión de la caficultura colombiana y su valor como insumo para el diseño de políticas. Según Forero, “tenemos indicios muy fuertes para pensar que las estrategias de Belén de Umbría se pueden aplicar a buena parte de la Colombia cafetera”.

Por su parte, Ligia Arias sostiene: “estoy convencida de la fidelidad de los datos que se obtienen cuando se trabaja cara a cara con el productor (…). Por eso optamos por disminuir la muestra estadística formal, en favor de datos más confiables y mayor profundidad”.

La investigación comprende un levantamiento del sistema de producción actual para observar su evolución desde 1980, lo cual podrá correlacionarse con los momentos de cambio en los precios del mercado del café y de las condiciones climáticas. En breve se iniciará el censo de los cafeteros en siete veredas de Belén de Umbría, lo que permitirá escoger algunos para desarrollar estudios de caso en profundidad.

¿Qué han hecho los cafeteros de Belén de Umbría?

Ante la situación adversa en materia de precios del grano, los belumbrenses han evadido ciertas decisiones, como vender sus fincas, cambiar de cultivo totalmente o pasar a la producción ganadera sin dejar un cafeto en pie. Así, una encuesta inicial arroja la primera conclusión importante: que los caficultores pequeños, medianos y grandes son muy efi-cientes, una de cuyas estrategias fundamentales es la alternancia con cultivos como el plátano.

Estas estrategias no están lejos de lo encontrado en las investigaciones anteriores mencionadas: los productores cafeteros de Caldas y el Valle del Cauca intensifican cultivos complementarios como el plátano, el fríjol o el maíz, y alternan la caficultura con producción pecuaria intensiva a pequeña escala. En terrenos reducidos crían cerdos o aves y cultivan forrajes, sin quitarle espacio a los cafetales. Son modos de producción que tienden a reducir la utilización de agroquímicos y a aumentar las interacciones entre los diferentes componentes de la finca, que además dan espacio a la creatividad del agricultor. Para esto, han contado con el apoyo de la Federación Nacional de Cafeteros y otras instituciones: “Se forma un gran laboratorio con los agrónomos y con los técnicos. Se construye un capital social muy valioso”, dice el investigador.

Eficiencia y dimensión de la finca

En investigaciones anteriores se confirmó la eficiencia económica de los sistemas de producción cafeteros que muchas veces se llevan a cabo en fincas minúsculas: “se soluciona parcialmente el problema de escasez de la tierra y se la remplaza con inversión en capital relativamente modesta, de tal manera que se pueden incrementar significativamente sus ingresos mediante la intensificación del café y la diversificación de la producción, con actividades tanto agrícolas como pecuarias”, continúan Forero y Arias.

Los investigadores agregan que, en el caso de espacios muy reducidos, se puede ser eficiente económicamente y obtener una alta rentabilidad, pero las limitaciones en el tamaño de sus parcelas pueden impedirles obtener ingresos suficientes para salir de la pobreza.

En extensiones menores de dos hectáreas, a pesar de tener un sistema eficiente, un agricultor no alcanza a producir los ingresos para ‘salir de pobre’ y se ve obligado a rebuscar otras entradas en trabajos precarios. Sin embargo, con un poco más de tierra, haciendo énfasis en las estrategias de productividad, el campesino puede vivir de su finca y darle trabajo a otros. “Esto lo constatamos en numerosos casos de pequeños productores cafeteros ubicados en Riosucio y Supía, Caldas”, dicen.

Así, las estrategias de los caficultores para afrontar las crisis originadas en el clima o en el mercado, se han basado en la disminución de los costos monetarios mediante la sustitución de trabajo contratado y de insumos comprados. De acuerdo con Forero, “el mejor indicador de la viabilidad económica para los sistemas de producción familiares es la remuneración de la mano de obra: cuando la familia, por cada día de trabajo en su propia finca, obtiene un ingreso superior al que recibiría trabajando en otra parte, el sistema resulta viable en términos económicos, porque la remuneración dentro del sistema sobrepasa el costo de oportunidad de la mano de obra, y esto es efectivamente lo que sucede en todos los casos estudiados”, explica el investigador.

Una opción efectiva para las fincas pequeñas es la producción de cafés especiales (orgánicos, amigables con la naturaleza, de origen, gourmet, etc.), que constituye alrededor del 20% de la producción de café en Colombia, cotizada a precios más altos que los del café corriente.

Se trata de escenarios productivos que se adaptan para sostenerse en el tiempo, no solo desde la perspectiva económica, sino social y cultural, pues ofrecen soluciones para reforzar el tejido social, y mantienen tradiciones y conocimientos ancestrales reelaborados con la oferta tecnológica y el conocimiento actual disponibles, así como en un café de la plaza de Belén de Umbría se sigue oyendo a Carlos Gardel en versión digitalizada, reproducida por el computador del cantinero. Con el surgimiento de los cultivos dirigidos a producir cafés especiales, se implementan tecnologías que reducen el impacto sobre los ecosistemas.

Los estudios llaman la atención sobre la existencia, en América Latina, de un ‘capitalismo rural’ —diferente del ‘capitalismo agrario’ convencional—, en el que la empresa familiar coexiste y tiene relaciones funcionales con la empresa capitalista a través de una intensa circulación tanto de trabajo como de tierra y capital. Por el contrario, en el ‘capitalismo agrario’ se homogeneiza el paisaje socioproductivo, con la consecuente expulsión de los productores familiares. “Se podría decir que este capitalismo rural es la base productiva del paisaje cafetero, hoy en día considerado patrimonio cultural de la humanidad”, dice Forero.

Un mito que se viene abajo

Además, ‘de carambola’, como se diría en cualquier billar del eje cafetero, esta serie de investigaciones controvierte uno de los mitos más arraigados en Latinoamérica, aquel según el cual la agricultura familiar no da para vivir. De acuerdo con Forero, esta idea “es resultado de la especulación o del uso de datos muy precarios (…). Podemos asegurar que la agricultura familiar es viable, no solo en las áreas cafeteras, sino en otras partes del país”.

Son hallazgos científicos que reivindican, en un momento decisivo para el agro colombiano, el protagonismo social y económico del campo y de los campesinos, desdibujado por un ‘capitalismo salvaje’ que se ha querido imponer. Por ello es trascendental el rescate de actividades y modos de hacer específicos, alrededor de asuntos en los que ‘nos va la vida’, como la producción de comida y la defensa de los recursos naturales.


Para saber más:
  • » Forero Álvarez, J. y Corrales, E. (2007). La reconstrucción de los sistemas de producción campesinos. El caso de ASPROINCA en Riosucio y Supía. Bogotá: Swissaid, Pontificia Universidad Javeriana, Colciencias, Asproinca.
  • » Forero Álvarez, J. (2010). Colombian family farmers, adaptations to new conditions in the world coffee market. Latin American perspectives, 37(2) (V. J. Furio, Trad.).
  • » Forero Álvarez, J. (2012). Estrategias adaptativas de la caficultura colombiana. En: Samper y Topik (Eds.). Crisis y transformaciones del mundo del café. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

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Alivio del dolor de espalda para millones de conductores

Alivio del dolor de espalda para millones de conductores

El resultado de una investigación doctoral en ingeniería podrá aliviar el dolor lumbar que padecen millones de conductores de transporte público urbano en el mundo entero. Al aumento del bienestar de esta población, se sumarán beneficios como la reducción de incapacidades laborales y sus costos asociados.

Se trata de una silla especial que procura la correcta posición de los componentes de la columna vertebral —como músculos, discos, vértebras y ligamentos—, durante toda la jornada de trabajo del conductor. El fin último es garantizar una adecuada irrigación del sistema espinal, para aliviar o prevenir el dolor.

La investigación se titula “Influencia del dolor lumbar en la percepción de comodidad y en el cambio de patrones posturales en actividades de conducción”, y se realizó en el Centro de Investigaciones en Ergonomía de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Javeriana. Los autores son el ingeniero industrial Leonardo Quintana, director del centro, y la diseñadora industrial María Fernanda Maradei.

La pertinencia de un estudio de esta naturaleza se podría justificar solamente a partir de los datos de prevalencia anual de dolor lumbar en conductores, que equivale al 72 % en el mundo. En Colombia, de acuerdo con la V Encuesta Nacional de Dolor realizada en 2010, el 27 % de la población padece de dolor lumbar y, en 2005, la patología generaba el 40 % de guías de incapacidad temporal, según el Informe de enfermedades profesionales en Colombia, 2003-2005, publicado en 2007.

De otro lado, los costos directos reales debido a enfermedades músculo-esqueléticas en Colombia, en 2005, fueron de USD 63,6 millones; al adicionar los costos indirectos, la cifra alcanza los USD 171,7 millones.

En este grupo de población se destaca, sin duda, el segmento de los conductores de servicio público urbano, pues sus largas jornadas de trabajo —en ocasiones mayores a doce horas— les exigen una posición sedentaria que lleva a una pérdida de la curvatura lumbar, y al consecuente dolor.

“Todos nos quejamos como viejitos… nos bajamos con la mano en la cintura”, asegura Gonzalo (El nombre es ficticio, para proteger la identidad del entrevistado.) quien está al frente de un camión-tanque en Bogotá y relata cómo los mismos conductores tratan de buscar alivio con dispositivos diferentes, como los espaldares de bolitas que masajean la espalda, por lo general con resultados discretos.

La posición estática de la columna por largas horas, explican los autores del trabajo, hace que se deshidrate y que los discos intervertebrales pierdan su forma, lo que genera altas tensiones en la parte posterior del disco, cerca de la médula espinal. La situación de dolor se agrava cuando el conductor que sufre de lumbalgia trata de aliviar su incomodidad cambiando, como puede, su posición en el asiento, lo que genera un incremento del dolor, debido a mecanismos de defensa del cuerpo que tratan de mantener rígida la columna para protegerla, aumentando, sin desearlo, la carga sobre los discos intervertebrales.

Esta clase de dolor lumbar constituye un problema más complejo, por ejemplo, que el de los oficinistas, puesto que ellos pueden pararse de la silla, dar una vuelta y cambiar de posición.

Si lo que se necesita es que toda la estructura de la espalda se mueva de una determinada forma para que se mantenga irrigada por medio del líquido que circula por la médula espinal, ¿por qué no probar con una silla de conductor que haga ese movimiento? Esto fue lo que se preguntaron los investigadores y pusieron manos a la obra.

A los estudios teóricos y el repaso de literatura científica, siguieron el diseño y la aplicación de los experimentos con la silla-prototipo, con la colaboración de varios grupos de conductores con características físicas homogéneas (la mitad con dolor lumbar y la otra sin el padecimiento) de la ciudad de Bucaramanga.

En el caso de los conductores con dolor, se determinó qué tanto se reducía la dolencia con el uso de la silla experimental. Para el grupo de quienes no padecían dolor, se observó si el movimiento de la silla favorecía la columna y si, a la larga, permitiría prevenir una situación de dolor posterior.

“En ergonomía trabajamos con sujetos sanos, porque una leve incomodidad puede ser la antesala de una lesión osteomuscular a largo plazo. Entonces, si la amenaza se puede controlar antes de que aparezca la incomodidad, para que la columna esté bien en todo el proceso, se detiene la generación de lesiones osteomusculares años más tarde. Una lesión de espalda como la de los conductores puede demorar quince años en desarrollarse”, explica el investigador Quintana, para subrayar el carácter preventivo de la ergonomía.

Los movimientos de la silla de nuestra historia son realizados solamente por el asiento —el espaldar no interviene—, que los científicos pusieron a oscilar de arriba a abajo y viceversa, con velocidad, frecuencia y ángulo de inclinación específicos, determinados como resultado de las actividades experimentales. Los investigadores tuvieron en cuenta dos aspectos: la efectividad del movimiento del mueble en función del objetivo de aliviar el dolor y, simultáneamente, la comodidad del conductor, para evitar nuevos factores de reacomodamiento muscular de los que podría surgir otra vez. Una vez afinados los criterios ergonómicos de la silla, se hicieron las pruebas: “Tanto a los conductores con dolor como a los que no lo tenían les fue favorable el movimiento de basculación controlado por la silla, no ejecutado por ellos, para mantener el disco intervertebral nutrido, para que no se degenere”, señala la investigadora Maradei.

La patente

El primer paso de un camino —por cierto, largo, infortunadamente— para que la silla que alivia el dolor se instale en los buses y busetas es la obtención de una patente, es decir, el reconocimiento de la propiedad intelectual del invento por parte de organismos nacionales o internacionales. En este caso, la universidad está mirando la posibilidad de adelantar el proceso en lugares del mundo donde haya producción de vehículos: Estados Unidos, Alemania, Taiwán, Corea, China. Luego viene la tarea de comercializar la innovación, ya patentada, con la industria.

Esta patente se sumaría a algunas que ha obtenido el Centro de Estudios en Ergonomía de la Javeriana, específicamente de herramientas de corte de flores y frutos. También hay otra en proceso sobre un reductor de fuerza para abrir y cerrar válvulas. Tales contribuciones, junto con la silla que nos ocupa, serán objeto de un artículo que publicará en algunos meses International Journal of Industrial Ergonomics, una de las más respetadas publicaciones científicas en la materia.

Todos estos trabajos están enfocados en algo tan trascendental como mejorar las condiciones de las personas en sus empleos, hacer impacto en su bienestar, en su felicidad y, por esta vía, aumentar la productividad en las empresas. Como dice María Fernanda Maradei, “la ergonomía es una herramienta excelente para transformar el trabajo”.

Como bien lo dice Gonzalo, subido en su carrotanque, las necesidades de los conductores raras veces son tenidas en cuenta por los fabricantes y por los empresarios transportadores. Por lo general, lo único que les interesa es que “el carro eche pa’delante”.


Para saber más:
» 

Lis, A., Black, K., Korn, H. & Nordin, M. (2007). “Association between Sitting and Occupational LBP”. European Spine Journal 16: 283-298.

Piedrahita, H. (2006). “Cost of Work Related Musculoskeletal Disorders in Developing Countries: Colombia Case”. International Journal of Occupational Safety and Ergonomics 12: 379-386.

Tafur, F. (2007). Informe de enfermedades profesionales en Colombia, 2003-2005. Bogotá: Imprenta Nacional de Colombia.


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