Parteras del Pacífico dialogan con el sistema de salud

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Por: Jorge Manrique Grisales | Fotografía: Jorge Manrique Grisales

Acompañamos en Buenaventura a la investigadora Rocío Carvajal Barona en su trabajo de campo con las parteras del puerto y la posibilidad de incorporar sus saberes al sistema de salud del municipio, mediante un modelo de salud intercultural que disminuya la mortalidad materna e infantil.

Cuentan que en Guapi (Cauca) cuando nació José Antonio Torres, más conocido en el mundo musical como Gualajo, la partera no encontró donde poner la criatura húmeda y tibia que sostenía en sus brazos. Lo único que vio a la mano fue una marimba de las que fabricaba el padre del recién nacido. Entonces depositó al bebé sobre las tablillas de chonta y procedió a cortarle el cordón umbilical. Se produjo entonces una simbiosis entre el recién nacido y la marimba, que con los años llevó a Gualajo a ser uno de los más reconocidos intérpretes de este instrumento en todo el mundo. Uno lo puede encontrar en el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, en Cali, pero también en la Torre Eiffel en París o el Central Park en Nueva York. Podría decirse que su nacimiento marcó su destino.

Como Gualajo, miles de habitantes del Pacífico han llegado al mundo gracias al oficio milenario de las parteras que, con ojo de experto, saben si una mujer tendrá un parto fácil o si dará a luz un niño o una niña.

A Filomena Valencia le tocó aprender el oficio de partera a los 13 años, cuando le llegó la hora a su hermana Nancy. “Ella me decía que le dolía la barriga. Me di cuenta que el bebé ya venía y fui a buscar una cuchilla de afeitar para cortar el cordón. Cogí al niño con las manos y le fajé el ombligo… Ese fue mi primer parto y desde entonces sigo haciéndolo con quien lo necesite”, indica esta mujer que vive en un barrio en Buenaventura al que se llega en ‘carpati’, como le dicen en el puerto a los camperos.

En la mente de esta mujer de casi noventa años se pierde la cuenta de los miles de nacimientos atendidos por ella. “Yo nací en Cocalito (Nariño) y toda la vida he estado partiando, primero allá y desde hace muchos años en Buenaventura. Tengo abuelas y tías parteras”, señala.

Para ella lo importante es la mano que tiene para atender partos y tumbar ombligos en tres días, gracias a su fórmula con base en cogollo de guayabo.

Filomena Valencia

Filomena Valencia

“Reconocemos en las parteras no solamente personas que traen niños al mundo, sino también unas consejeras que con su incorporación al sistema de salud podrían ayudar a reducir  la tasa de mortalidad materna e infantil en el Pacífico”.

 

Gómez Gómez, analizar el estado situacional y contextual de la interculturalidad y la salud con este grupo de mujeres. En otras palabras, los investigadores, pertenecientes al Grupo Interfacultades Salud y Calidad de Vida y al Grupo Ciencias Básicas y Clínicas de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, quieren ver hasta qué punto los saberes ancestrales de la partería pueden conversar con el sistema de salud del Estado.

La salud en el Pacífico

La investigadora Rocío Carvajal Barona, estudiante de doctorado en estudios sociales, se ha introducido en el mundo de las parteras de Buenaventura gracias a su experiencia en salud pública en este puerto del Pacífico, donde ha trabajado por más de veinte años y de donde es oriunda su familia paterna. Pacientemente le ha seguido la pista a un proceso ancestral que se niega a desaparecer, toda vez que muchas mujeres prefieren la casa de una partera a la sala de maternidad de un hospital.

Para ella, Buenaventura es sinónimo de marginalidad y exclusión, situación que se ve reflejada en los índices en salud pública. “La condición de puerto, por ejemplo, hace que proliferen las enfermedades de transmisión sexual y que otras, como la tuberculosis, sigan teniendo gran incidencia”.

Históricamente, dice, las parteras han sido una opción para atender los alumbramientos en lugares de difícil acceso de los servicios de salud, y el Pacífico colombiano tiene muchos sitios donde todavía estos se prestan esporádicamente en barcos-hospitales o misiones aéreas.

De igual forma, las políticas públicas en esta región del país se implementan de manera tardía. “Cuando yo cumplía mi año de servicio social, después de graduarme como enfermera, apenas estaba naciendo la Secretaría de Salud Municipal de Buenaventura”, precisa la investigadora, quien desde entonces ha estado vinculada directa o indirectamente a los servicios de salud en el puerto.

En los últimos siete años su objeto de estudio han sido los procesos relacionados con la malaria, la tuberculosis y la salud sexual y reproductiva. Con las parteras se propone, junto con el médico e investigador Milton César

Jacinta Obregón

Jacinta Obregón

Diálogo de saberes

A Jacinta Obregón Santana, partera de 63 años, en más de una ocasión la han llamado del hospital de Buenaventura para que cure de mal de ojo a bebés nacidos allí. “Los médicos me dicen que haga lo que siempre hago en estos casos y los papás quedan más tranquilos cuando ven que en el mismo hospital les ayudan con ese problema”, explica.
La fama de esta mujer oriunda de El Charco le ha valido para que la llevaran a Cali y a Medellín a atender alumbramientos. “Este es un trabajo serio, y yo vivo de eso”, dice mientras nos recuerda, de paso, que su mamá “murió de parto”. Su primer alumbramiento lo atendió cuando tenía 19 años. También tiene sus secretos para tumbar el ombligo en tres días y lograr que la madre expulse los coágulos y la placenta luego de dar a luz de forma rápida y segura. “Arriba (refiriéndose al segundo piso de su casa) tengo mis matas y yo misma preparo lo que les doy a las parturientas… Una de mis condiciones es que los partos los atiendo aquí mismo, en mi casa”, comenta.
Carvajal señala que “las parteras, los sobanderos y sanadores tienen sus propios métodos para aliviar a las personas, y eso es algo que es importante tener en cuenta en la construcción de un nuevo concepto de salud intercultural… Por eso se hace necesario tener una mejor comprensión de la situación de la salud en las comunidades afro con el fin de acercarse a la construcción de modelos de atención diferenciales en salud incluyentes para las comunidades étnicas en Colombia”, explica.
En su investigación, Carvajal y Gómez analizaron los aspectos históricos, epistemológicos, políticos y sociales de la salud intercultural y práctica sobre salud materna desde los saberes ancestrales afro, así como los modelos locales de salud en Buenaventura. La sistematización, síntesis, interpretación, análisis y resultados o conclusiones del estudio están basados en el modelo de interculturalidad crítica o positiva expuesto por los autores Catherine Walsh y Xavier Albó.
Su enfoque —reconocido por la Organización Panamericana de la Salud— recoge planteamientos de análisis individual, grupal y estructural, alentando a realizar el mayor énfasis en el nivel estructural, y permitiendo sobrepasar los análisis culturales y simbólicos que se han realizado hasta el momento. “Reconocemos en las parteras no solamente personas que traen niños al mundo, sino también a unas consejeras que con su incorporación al sistema de salud podrían ayudar a reducir la tasa de mortalidad materna e infantil en el Pacífico. De esta forma, el sistema de salud tendría ojos en la misma comunidad”, precisa Carvajal.


 Para leer más:
  • UNFPA – United Nations Population Fund. 2014. El estado de las parteras en el mundo 2014. Hacia el acceso universal a la salud, un derecho de mujer. Recuperado a partir de: http://www.unfpa.org/sowmy

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