Postales de una nación que busca reconciliarse con la esperanza

Postales de una nación que busca reconciliarse con la esperanza

A pesar de que la violencia en Colombia les ha ocasionado la muerte a más de 218.094 personas, el 81% de ellas civiles, según el Centro de Memoria Histórica, la reconciliación se ha convertido en uno de los aspectos más importantes para las víctimas del conflicto armado en el país.

Por eso, con el apoyo de un grupo de investigadores de la Universidad Javeriana, más de 227 colombianos de diversas regiones del país golpeadas por la violencia y que hoy son espacios libres de guerra se atrevieron a plasmar en fotografías lo que para ellos significa la reconciliación.

Comprender cómo el concepto ‘reconciliación’ se ha configurado en los grupos víctimas del conflicto armado fue el punto de partida para que investigadores de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana desarrollaran el proyecto ‘Caras de la Reconciliación’. Una iniciativa auspiciada por la agencia para el desarrollo internacional USAID e implementada en Colombia por ACDIVOCA a través del Programa de Alianzas para la Reconciliación (PAR).

El proyecto fue liderado por Carlos Gómez- Restrepo, médico especializado en psiquiatría y decano de la Facultad de Medicina, y coordinado por la psiquiatra María José Sarmiento, quienes, junto a un grupo de investigadores, viajaron a 10 municipios de Colombia priorizados por sus altos índices de incidencia del conflicto: Apartadó, Arauca, Arauquita, Bojayá, Ciénaga, Florencia, Quibdó, San Vicente del Caguán, Turbo y Vista Hermosa. Viajaron con el fin darle voz a quienes no la tienen e identificar y caracterizar el significado de la palabra ‘reconciliación’ en cada zona a través del lente de una cámara.

“Diseñamos una serie de talleres de fotografía participativa que consistían en ir a los municipios para enseñarles nociones básicas de fotografía a los participantes –personas de la comunidad– y luego hacer un ejercicio práctico en el que debían tomar una foto de lo que para ellos significa la reconciliación”, señala Sarmiento, quien resalta: “No les enseñamos nada sobre la reconciliación durante el taller porque queríamos que el resultado fuera lo que la gente realmente piensa.

Así obtuvieron 1.600 fotografías, 200 de ellas escogidas por los habitantes de los municipios. Posteriormente los investigadores  clasificaron las opiniones de los participantes en el software NVivo 11. De este proceso fue posible describir el concepto ‘reconciliación’ en ocho categorías de análisis: acciones, actitudes, estrategias, actores, emociones y sentimientos, relación con el medio ambiente, relación con el territorio e historia y valores.

El resultado es el libro Caras de la reconciliación, una producción artística que da cuenta del antes, durante y después del proyecto, de las fotografías tomadas por los participantes y sus comentarios, la clasificación por municipio y el contexto histórico de cada lugar, al igual que las reflexiones que resultaron de la investigación.

“Con este proyecto esperamos que se puedan alinear las políticas públicas y académicas con el fin de hacernos responsables de lo que ellos quieren, necesitan y están pensando. Ahora queremos empezar a diseñar estrategias que nos permitan fortalecer los valores y fortalecer los valores y diseñar estrategias y proyectos que nos permitan llevar procesos de reconciliación en estas comunidades”, menciona Sarmiento.

Con el propósito de hacer visible los resultados de este proyecto, las fotografías estarán disponibles durante todo el mes de febrero, como una exposición itinerante, dentro del campus de la Universidad Javeriana.


Reconciliación (de la raíz latina conciliatus: “caminar juntos”)

Apartadó
El 2 de enero de 1994 fue uno de los días más tristes para Apartadó. Ese día el Frente V de las FARC ingresó a la finca La Chinita, que posteriormente se convertiría en barrio Obrero, y abrió fuego contra quienes estaban allí. El saldo de esta masacre fueron 35 personas muertas y 17 heridas.

/Bibiana Guisao Villegas.
/Bibiana Guisao Villegas.

Sin título
Foto por:
Bibiana Guisao Villegas (30 años)
“…Cuando tenemos un conflicto con otra persona, no queremos ver la otra cara. Si existe la comunicación se puede lograr la alegría. Debemos vivir en amor en este mundo tan complicado”.


Arauca
El municipio de Arauca fue víctima de una de las épocas más violentas del país luego de que, entre los años 80 y 90, paramilitares compitieran con el ELN y las FARC por el control del paso fronterizo a Venezuela. De esa lucha resultaron tres masacres en las que murieron 14 personas, un alcalde, un concejal y monseñor Jesús Emilio Jaramillo, quien fue beatificado por el papa Francisco.

/Jonathan Santiago Botero Valcárcel.
/Jonathan Santiago Botero Valcárcel.

Uniendo diferencias
Foto por:
Jonathan Santiago Botero Valcárcel  (17 años)
“Estrechando la mano es el mejor comienzo para una reconciliación”.


Arauquita
Ubicado al norte del departamento de Arauca, Arauquita ha sido uno de los lugares con mayor incidencia de grupos armados debido a las disputas de las FARC–EP y ELN por el control territorial y las economías ilegales, como el narcotráfico y el contrabando. Algunos de los actos terroristas ocurrieron en La Esmeralda y en los oleoductos de Caño Limón – Coveñas.

/Tania Peña Márquez y Edgar Franco Comas
/Tania Peña Márquez y Edgar Franco Comas

Vamos, camarita
“Significa hacer las paces con esa persona que siempre se va a aceptar a pesar de sus defectos e indiferencias, significa un lazo que no se rompe”.


Bojayá
Este municipio, ubicado en el corazón del departamento del Chocó tiene un gran registro de víctimas causadas por el desplazamiento forzado, homicidios y actos terroristas. Uno de los hechos más graves ocurrió el 2 de mayo de 2002 cuando el fuego cruzado entre las FARC y las AUC ocasionó la explosión de un cilindro bomba sobre la iglesia, lugar donde se resguardaban los habitantes del pueblo. El saldo, 79 muertos y más de 100 heridos.

/Yoofari Allin Velásquez.
/Yoofari Allin Velásquez.

La reconciliación en nuestra cultura
Foto por:
Yoofari Allin Velásquez (15 años)
“Bojayá es un ejemplo claro de que el perdón y la reconciliación sí existen”.


Ciénaga
Ubicada en el Magdalena, ha sido una de las zonas con mayor concentración de grupos armados ilegales debido a sus ventajas geoestratégicas y económicas. En los años 80, las FARC, el ELN y las AUC llegaron al lugar para apropiarse de los recursos derivados del narcotráfico, explotar el medio ambiente, instalar minas antipersonales y cobrar vacunas a ganaderos y exportadores de banano.

/Andrés Eduardo Quiroz Madrid.
/Andrés Eduardo Quiroz Madrid.

Tranquilidad
Foto por:
Andrés Eduardo Quiroz Madrid (22 años)
“Me ayuda a traer paz con solo ver los maravillosos rayos de colores que trae mi atardecer”.


Florencia
Las historias de la violencia en la capital de Caquetá tienen su origen el 14 de mayo de 1984, cuando guerrilleros del M-19 se tomaron la plaza central y dominaron el territorio. Años después y con la llegada de las FARC, este lugar se convirtió en un escenario de enfrentamientos contra las AUC y las Águilas Negras –quienes se dedicaron a hacer ‘limpieza social’–.

/Yohari Alejandra Correa.
/Yohari Alejandra Correa.

Conviviendo con alegría
Foto por:
Yohari Alejandra Correa (6 años)
“Alegría con amor y apoyo”.


Quibdó
La capital del departamento de Chocó ha sido víctima de graves actos de violencia que han llevado a reconstruir la población más de una vez. Uno de los eventos más desafortunados ocurrió el 26 de octubre de 1966 cuando un incendio destruyó toda la ciudad, seguido de la llegada de grupos armados como las FARC, ELN, AUC, EPL y, recientemente las Bacrim.

/Blanca Rosa Romero.
/Blanca Rosa Romero.

El diálogo protege
Foto por:
Blanca Rosa Romero (26 años)
“…Si nos reconciliamos con nosotros mismos será más fácil reconciliarnos con el planeta completo, incluyendo los animales, la naturaleza y el entorno que nos rodea. Así tendremos una vida mejor”.


San Vicente del Caguán
La historia de violencia en este municipio, al norte del departamento de Caquetá, se debe a que fue nombrada como Zona de Distensión por el Gobierno del expresidente Andrés Pastrana para realizar los diálogos con las FARC-EP y ponerle fin a la guerra (1999-2002); sin embargo, las conversaciones no llegaron a feliz término por lo cual se generaron violaciones a los derechos humanos, atrocidades de guerra en la zona y la estigmatización nacional del pueblo.

/Rigna Jara Embres.
/Rigna Jara Embres.

El mercado
Foto por:
Rigna Jara Embres (65 años)
“Allí encuentro con qué alimentarme, así doy gracias a Dios pues mi corazón está alegre, por lo que puedo dar alegría y paz a quien me rodea”.


Turbo
Este municipio es uno de los más grandes de la región del Urabá y, a la vez, uno de los más azotados por la violencia en el país. La bonanza marimbera y cocalera de los años 70 e inicios de los 80 ocasionó la proliferación de grupos guerrilleros y paramilitares, y con ello también el narcotráfico. De ahí, la aparición de grupos armados como las FARC – EP y el ELN que luchaban por hacerse cargo del manejo de droga.

/Yurledis Carvajal Rivero y Over Luis Puerta.
/Yurledis Carvajal Rivero y Over Luis Puerta.

Entre familias
Foto por:
Yurledis Carvajal Rivero (30 años) y Over Luis Puerta (40 años).
“Elegimos esta foto porque en ella está representada la unión entre las familias, el compartir y brindarnos apoyo mutuamente”.


Vista Hermosa
Este municipio del Meta ha sido altamente codiciado por grupos al margen de la ley dadas sus condiciones geográficas y la proliferación de cultivos ilícitos, lo cual ocasionó el desplazamiento forzado de la población. Además, al haber sido nombrada como Zona de Distensión durante el gobierno de Andrés Pastrana y el estereotipo negativo que surgió de ello, los habitantes decidieron abandonarla.

/Gloria Esperanza Mesa y Ester Julia Rada.
/Gloria Esperanza Mesa y Ester Julia Rada.

Paz y reconciliación
Foto por:
Gloria Esperanza Mesa (53 años) y Ester Julia Rada (47 años)
“En la época del conflicto crudo, los habitantes de la margen derecha no podían pasar a la izquierda porque eran ajusticiados y así sucesivamente. En un día la guerrilla pasó más de 200 personas, de las cuales regresaron tres. […] Hoy en día respiramos esa paz tan anhelada y podemos decir que estamos en reconciliación con todos los habitantes de todas las veredas”.

Memorias reparadoras, la clave para seguir

Memorias reparadoras, la clave para seguir

Relatos de víctimas y familiares de desaparecidos del Magdalena Medio buscan hacer memoria con un objetivo: que sus historias no se repitan. Proyecto piloto para generar un modelo de memoria que motive a los protagonistas a seguir tejiendo sus vidas personales y comunitarias.

Ángela[i] perdió a su familia en Puerto Berrío (Antioquia) por culpa de la violencia. Estaba en embarazo cuando la guerrilla la sacó a patadas de la casa junto a su esposo. Por los golpes perdió al bebé y el hombre, que no se volvió a levantar, murió a los quince días. Diez años después, los paramilitares desaparecieron a su hijo, y la hija, quien presenció el terrible acto, quedó traumatizada. Dejó de hablar y de comer y al poco tiempo murió.

Testaruda y obstinada, esta mujer de 65 años ha sido formada por las ONG de derechos humanos que visitan la zona. Cuando el profesor Roberto Solarte, líder del grupo de investigación Pensamiento Crítico y Subjetividad, la entrevistó, supo que detrás de ese discurso bien armado para exigirle reparación al Estado había un inmenso dolor.

Solarte y sus colegas empezaron un proceso cercano con Ángela de reconstrucción de memoria. Motivada, se acogió a las reparaciones simbólicas que el Ministerio de Cultura hace a víctimas de violación de Derechos Humanos y, con el dinero recibido, montó una casa en donde los afectados por la violencia, a través de diálogos colectivos y talleres de socialización, pueden contar sin temor sus historias de vida. Hoy en día el proyecto persiste y Ángela ayuda a otros a hacer memoria. “Se siente reconocida”, afirma el profesor.

Otra forma de reparación

El Magdalena Medio, territorio que abarca 33 municipios de cinco departamentos (Santander, Antioquia, Bolívar, Boyacá y Cesar), sufre un alto nivel de violencia desde mediados del siglo pasado. De acuerdo con el Registro Único de Víctimas (RUV), de la Unidad Nacional de Víctimas, desde 1984 en esta región se han presentado 262.335 casos de victimización por el conflicto.

“Lo que hace el Estado es clasificar y cuantificar a las personas sin ningún impacto transformador real”, dice Solarte. “La gente no está reparada, pero legalmente sí lo está porque ya firmaron documentos, fueron a talleres y recibieron plata por tres meses. Son campesinos que no saben qué hacer en la ciudad, no consiguen empleo y no tienen ningún tipo de ayudas”, asegura. En 2014, varios investigadores de la Universidad Javeriana empezaron a preguntarse por nuevas estrategias que generaran cambios favorables en las comunidades víctimas de la región y así surgió Memoria del Futuro en el Magdalena Medio, proyecto construido por diferentes grupos de investigación con funciones, aportes y responsabilidades diversas. Dicha iniciativa buscó “crear una mirada reparadora del pasado con un efecto positivo en las vidas de las víctimas de la violencia”, explican los investigadores.

La idea del título, Memoria del Futuro, surgió de un texto sobre la reparación de mujeres víctimas de la guerra en Bosnia Herzegovina. Estas personas eran invitadas a contar sus historias y las de sus muertos para compilarlas en un gran documento de divulgación. Al ver el trabajo concluido, expresaron que esas eran memorias para el futuro, porque tenían el potencial de evitar que algo tan horrible volviera a suceder.

Así, se ha venido diseñando un modelo piloto de memoria regional construido a partir de los relatos biográficos de las víctimas como alternativa de reparación. Una de estas historias es la de Elkin Flórez, desaparecido por paramilitares el 26 de enero de 2006 en Barrancabermeja (Santander). Tenía 35 años y transportaba a dos hombres en su taxi cuando fue visto por última vez. Horas después encontraron su vehículo en llamas, pero de él no había ningún rastro. Desde entonces, sus padres, su hija adolescente y sus amigos esperan noticias de su paradero. Todos lo recuerdan como una persona servicial, pacífica, dedicada a su trabajo, con muy buen sentido del humor y una gran pasión por las aves. “Si yo pudiera decirle algo a mi hijo, le diría que siento mucho su ausencia y que siempre estoy luchando por conocer la verdad”, dice Adalberto, su padre.

Compilar memorias biográficas como la de Elkin y de otras tantas víctimas de la región ha motivado a las comunidades a reconocerse, reconstruir sus lazos y trazar un plan para su futuro que sea acogido por organizaciones comunitarias o instituciones regionales. Además, claro, es un escudo para que la violencia no se repita.

La investigación se enfocó, en primer lugar, en comunidades desplazadas de corregimientos y barrios de San Pablo (Bolívar) y Barrancabermeja (Santander). Incluyó además a familiares de desaparecidos de toda la zona: en el caso de Puerto Berrío, por ejemplo, de acuerdo con los testimonios orales, los violentos desaparecieron a un cuarto de la población y “¿cómo es posible que las memorias de estas víctimas sean opacadas por versiones hegemónicas de casos de violencia emblemáticos?”, dicen los investigadores y añaden que muchas de estas personas no figuran en listas oficiales de víctimas y tampoco han participado de los eventos protocolarios de La Habana (Cuba).

El diálogo, base del método

No hubo encuestas ni formatos pesados. El equipo siempre tuvo claro que la investigación se desarrollaría mediante metodologías participativas que dieran prioridad a las voces de las personas. Por eso se recurrió a entrevistas a profundidad, grupos focales, sesiones de diálogo y talleres. La información que salía de estas actividades se compartió con las comunidades para que decidieran la mejor forma de convertirlas en herramientas pedagógicas y comunicativas: trabajos fotográficos, crónicas, documentales, entre otros productos.

“Estas víctimas necesitan hablar y no que les impongan un olvido que no se merecen”, insiste Solarte. Por eso, el documental se convirtió en una herramienta útil con la que se empoderó a las comunidades. Carlos Angarita, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, afirma que si bien el proyecto no planeaba elaborar este tipo de productos, se dieron las circunstancias y se conformó un equipo para realizarlos. No son solo herramientas, explica, “pues si se hacen con criterios estéticos, tienen el valor de una obra artística”.

Estrategias de divulgación

El documental El retorno de un boga cuenta la historia de José Beleño, un agricultor, pescador y líder social de Ciénaga del Opón que, 14 años atrás, escapó milagrosamente de la muerte cuando los paramilitares se apoderaron de la zona. Esta violencia, además de desintegrar a su familia, lo obligó a irse a la zona urbana de Barrancabermeja, de donde nunca se sintió parte. A pesar del miedo y la incertidumbre, José y otros desplazados decidieron volver al lugar donde pertenecían y empezar de nuevo. Su valentía a la hora de hacer memoria los han llevado hoy a iniciar una lucha pacífica para recuperar lo que habían perdido. “Beleño ha contado bien nuestra historia”, dijo un líder campesino al terminar de ver el documental; agradeció además que, después del trabajo de investigación, la Universidad volviera para entregarles un producto concreto. “Nuestros hijos y nietos ya podrán saber qué fue lo que pasó acá”.

Las comunidades entienden este lenguaje porque es el suyo y, por consiguiente, se pueden ver y escuchar en él, explica Angarita. De manera espontánea, dice, las personas han empezado a complementar la historia de El retorno de un boga con sus propios relatos. “En ese sentido, este documental funciona como un dispositivo que activa la memoria”.

Sin embargo, los investigadores están lejos de darse por satisfechos. “El desplazamiento es un proceso de empobrecimiento forzado”, afirma Solarte. Las personas mayores están completamente abandonadas y en los más jóvenes “se ha desdibujado su ser campesino”. En el caso de los desaparecidos, el esfuerzo consiste en recuperar nombres, fotos e historias. “Pero muchos de los sobrevivientes se rehúsan a hablar, viven sumidos en el miedo, máxime en una zona donde los actores armados —los paramilitares en particular— ejercen poder sobre las comunidades”.

Continue reading